En su última misa en territorio uruguayo, el Papa convocó a los católicos a recuperar el vínculo con las nuevas generaciones y acercarse a quienes dejaron de practicar la religión. También destacó el papel de las madres y abuelas en la transmisión de la fe y llamó a reconocer a Cristo en las personas pobres, enfermas y que viven en soledad.
El papa León XIV cerró su visita a Uruguay con un mensaje centrado en la necesidad de reconstruir los vínculos entre la Iglesia y quienes se alejaron de la práctica religiosa. Durante la misa celebrada en el Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, en la ciudad de Florida, el pontífice pidió a los fieles abandonar una actitud pasiva y asumir un compromiso activo para acercarse a las personas que dejaron de participar de la vida religiosa. “No podemos esperar que quienes se alejaron vuelvan por sí solos. ¡Uruguay, hay que ponerse en camino!”, expresó durante su homilía.
El llamado del Papa estuvo dirigido a toda la comunidad católica y planteó una forma de evangelización basada en la cercanía, la escucha y el acompañamiento. León XIV sostuvo que la Iglesia debe volver a entrar en los hogares, acercarse a las personas, escuchar sus inquietudes y llevar el mensaje de Cristo. La propuesta apunta especialmente a quienes hace tiempo dejaron de creer, a quienes nunca tuvieron un vínculo cercano con la religión y a quienes atraviesan situaciones personales o sociales que los mantienen alejados de las comunidades religiosas.
Uno de los ejes centrales de la homilía fue el reconocimiento a las mujeres que sostuvieron la transmisión de la fe dentro de sus familias. El pontífice mencionó especialmente a madres, abuelas, madrinas, religiosas y catequistas que enseñaron las primeras oraciones, acompañaron a niños y jóvenes en los sacramentos y mantuvieron viva la tradición religiosa en sus hogares. También reconoció que muchas debieron realizar esa tarea sin encontrar siempre comprensión o acompañamiento de otros integrantes de sus familias.
En ese contexto, León XIV recuperó la historia de santa Mónica, madre de san Agustín, quien durante años rezó por su hijo mientras él permanecía alejado de la fe. A partir de ese ejemplo, el Papa alentó a las familias a no dar por perdida la posibilidad de recuperar esos vínculos. “Aunque sus seres queridos parezcan lejos de Dios, sigan poniéndolos ante Él”, pidió. Su mensaje estuvo acompañado por una exhortación a transmitir las creencias no solamente mediante palabras, sino también a través de gestos cotidianos de amor, paciencia y esperanza.
El pontífice también dirigió un mensaje específico a los padres y abuelos, al señalar que las nuevas generaciones necesitan encontrar adultos que sean coherentes entre lo que dicen y lo que hacen. Les pidió mostrar con sus acciones el valor de la oración, el respeto hacia sus parejas, la capacidad de pedir perdón y la honestidad, incluso cuando actuar correctamente implique sacrificios. De esta manera, vinculó la transmisión de la fe con la construcción de relaciones familiares basadas en el respeto, la responsabilidad y el ejemplo personal.
La celebración tuvo además un fuerte contenido histórico y simbólico para Uruguay. León XIV recordó la relación entre la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del país, y el proceso independentista de 1825, cuando los hombres que participaron de aquella gesta acudieron a María para poner bajo su protección el destino de la naciente nación. Durante la misa, el Papa ofreció a la imagen una Rosa de Oro, un gesto de veneración que volvió a poner en primer plano el lugar de esta advocación mariana en la historia y la identidad religiosa uruguaya.
En otro tramo de su mensaje, León XIV convocó a los obispos, sacerdotes y personas consagradas a acompañar a las familias y sostener a quienes atraviesan dudas o dificultades en su camino religioso. También pidió prestar atención a quienes viven situaciones de vulnerabilidad y reconoció la importancia de encontrar a Cristo en las personas pobres, enfermas y que están solas. La invitación amplió el sentido de su llamado: la misión de la Iglesia, según planteó, no debe limitarse a recuperar la asistencia a las celebraciones, sino que también debe expresarse en el compromiso concreto con quienes necesitan ayuda y acompañamiento.
La misa en Florida marcó el cierre de la agenda de León XIV en Uruguay, país al que había llegado el 6 de noviembre como parte de su recorrido por América Latina. Tras despedirse de los fieles uruguayos, el pontífice continuó su viaje hacia la Argentina. Su mensaje dejó una consigna central para las comunidades católicas de la región: no esperar pasivamente el regreso de quienes se alejaron, sino salir a buscarlos, escuchar sus preguntas y reconstruir los vínculos desde la cercanía, la fe y la solidaridad.
Con ayuda de Filo News



