El Presidente participó de la Noche de Celebración por Israel, organizada por la Coalición Latina por Israel, donde recibió el Premio Gratitud por su respaldo al Estado israelí. En las inmediaciones de la Iglesia Visión de Futuro, un grupo de vecinos realizó un cacerolazo y expresó su rechazo a la presencia del mandatario.
El presidente Javier Milei fue protagonista de una jornada de contrastes en el barrio porteño de Boedo. Mientras participaba de un acto religioso y recibía una distinción por su política exterior hacia Israel, un grupo de vecinos autoconvocados se concentró en las inmediaciones de la Iglesia Visión de Futuro para manifestar su rechazo. La protesta incluyó cacerolazos, insultos y cánticos contra el jefe de Estado durante su llegada y salida del establecimiento.
El evento se denominó Noche de Celebración por Israel y fue organizado por la Coalición Latina por Israel, una entidad que reúne a referentes cristianos evangélicos y promueve el vínculo con el Estado israelí. Durante la ceremonia, Milei recibió el Premio Gratitud de manos de Mario Bramnick, titular de la organización, en reconocimiento a su respaldo político a Israel, al reconocimiento de Jerusalén como capital israelí y al anuncio del traslado de la embajada argentina a esa ciudad.
La manifestación se desarrolló sobre la vía pública, en las cercanías del templo, mientras se desplegaba un importante operativo de seguridad para el ingreso y la salida de la comitiva presidencial. Las imágenes difundidas del episodio mostraron a los manifestantes increpando al mandatario, en una escena que contrastó con el reconocimiento que recibía dentro del auditorio. El reclamo vecinal quedó sintetizado en una consigna que circuló durante la protesta: “Boedo no se vende”.
Durante su discurso, Milei defendió el alineamiento internacional de su Gobierno con Israel y sostuvo que ese país representa un baluarte de los valores de Occidente. El Presidente afirmó que desde el comienzo de su gestión Argentina modificó su política exterior y se ubicó del lado del Estado israelí, en una definición que volvió a marcar distancia con las posiciones diplomáticas de administraciones anteriores.
El mandatario también cuestionó a sectores de la izquierda internacional, a los que acusó de intentar debilitar a los gobiernos liberales y de favorecer a organizaciones terroristas. En ese marco, vinculó el combate contra el antisemitismo con la defensa de los valores judeocristianos y reiteró su respaldo a Israel frente al conflicto en Medio Oriente. Sus declaraciones se inscriben en la política de alineamiento explícito que la administración libertaria sostiene con el Gobierno israelí.
Milei aprovechó además el encuentro para referirse a la próxima visita del papa León XIV a la Argentina. El Presidente consideró que la llegada del pontífice será una oportunidad para reafirmar los valores religiosos y culturales que, según expresó, constituyen los cimientos de Occidente. La visita papal fue presentada por el mandatario como un acontecimiento de relevancia para el diálogo entre las distintas tradiciones religiosas.
La distinción entregada en Boedo también estuvo vinculada con las decisiones diplomáticas del Gobierno argentino respecto de Jerusalén. Entre los motivos mencionados por la organización se encuentra el anuncio del traslado de la embajada argentina a esa ciudad, una medida que representa un cambio significativo en la posición diplomática tradicional del país y que generó debate por sus implicancias en el escenario internacional.
El episodio dejó expuestas dos escenas simultáneas: el reconocimiento que recibió Milei por parte de una organización evangélica vinculada al apoyo a Israel y la expresión de rechazo de un grupo de vecinos en el espacio público. La protesta no impidió la realización del acto, pero convirtió la visita presidencial en un hecho político que trascendió la ceremonia religiosa y volvió a poner en discusión el vínculo entre el Gobierno, la sociedad y su política exterior.
Fuente: El Destape