La demanda de dólares no afloja y pone a prueba la “bazuca” de Milei: advierten que los recursos podrían no alcanzar

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Los argentinos compraron US$ 2.500 millones durante septiembre y acumularon alrededor de US$ 21.000 millones en los primeros nueve meses de 2026. Mientras el Gobierno asegura contar con hasta US$ 125.000 millones para defender su política cambiaria, economistas advierten que parte de esos recursos no está disponible de manera inmediata y que existe una importante masa de pesos que podría volcarse al dólar.

La demanda de dólares por parte de los ahorristas argentinos continúa en niveles elevados y representa uno de los principales desafíos para el programa económico de Javier Milei. Según los datos del Banco Central citados por La Nueva Mañana, durante septiembre las personas físicas compraron aproximadamente US$ 2.500 millones. De esta manera, las adquisiciones acumuladas entre enero y septiembre de 2026 alcanzaron los US$ 21.000 millones, una cifra que vuelve a poner bajo la lupa la capacidad del Gobierno para sostener su esquema cambiario.

El comportamiento de los ahorristas resulta significativo porque la dolarización de carteras continúa siendo elevada incluso fuera de un año electoral. De acuerdo con el análisis publicado por el medio cordobés, si se mantuviera una dinámica similar durante los últimos meses del año, las compras de billetes por parte de personas físicas podrían alcanzar aproximadamente los US$ 28.000 millones en todo 2026. Esta tendencia plantea interrogantes sobre la confianza en el peso y sobre la capacidad de la economía para mantener la estabilidad cambiaria sin que se produzcan nuevas tensiones.

Frente a este escenario, Milei y su equipo económico aseguran disponer de una poderosa herramienta para contener eventuales corridas cambiarias, a la que el Presidente denominó la “bazuca de dólares”. El monto anunciado fue creciendo en sus distintas intervenciones públicas: comenzó en US$ 50.000 millones y posteriormente llegó a US$ 125.000 millones. Según la explicación oficial, ese poder de fuego estaría compuesto por acuerdos de intercambio de monedas con Estados Unidos y China, compras de divisas del Banco Central, operaciones en el mercado de futuros, el saldo comercial y distintas fuentes de financiamiento.

Sin embargo, el monto anunciado no equivale necesariamente a dólares líquidos disponibles para intervenir de manera inmediata en el mercado cambiario. El artículo de La Nueva Mañana advierte que los acuerdos de intercambio de monedas, conocidos como swaps, requieren autorizaciones para su activación y no funcionan automáticamente como desembolsos de libre disponibilidad. Por esa razón, contabilizar la totalidad de esos instrumentos como reservas utilizables puede sobredimensionar la capacidad real de respuesta del Gobierno frente a un aumento repentino de la demanda de divisas.

Otro de los puntos cuestionados es la estimación oficial del superávit comercial disponible para fortalecer la posición financiera del país. Según el análisis, el cálculo del Gobierno se concentra en la diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes, pero no incorpora de la misma manera el déficit de la balanza de servicios y los pagos de intereses de la deuda. Al considerar esos factores, el artículo plantea que los dólares efectivamente disponibles podrían ser considerablemente inferiores a los anunciados por el Ejecutivo.

La preocupación también se concentra en la cantidad de pesos que podrían convertirse en dólares si se deterioran las expectativas económicas o políticas. Carlos Pérez, exgerente general del Banco Central y director de la Fundación Capital, advirtió en diálogo con La Nueva Mañana que la demanda potencial de divisas podría estar subestimada. Según sus cálculos, existen más de $70 billones en depósitos a plazo fijo y alrededor de $60 billones en títulos públicos en pesos en manos de personas físicas que podrían generar presión cambiaria, aunque no todo ese volumen necesariamente se dolarizaría al mismo tiempo.

En paralelo, el artículo señala una contradicción que preocupa a algunos analistas: mientras el peso muestra períodos de apreciación, el riesgo país permanece elevado. Este indicador refleja la percepción de riesgo asociada a la deuda soberana argentina y las condiciones que enfrenta el país para obtener financiamiento. La consultora 1816, citada en la publicación, considera que esa combinación no puede prolongarse indefinidamente y que el escenario deberá resolverse mediante una mejora de la confianza financiera o una depreciación de la moneda. Se trata de una interpretación económica, no de una certeza sobre la evolución futura del dólar.

Pérez sostuvo que, para recuperar la confianza, el Gobierno debería presentar un programa financiero claro, técnicamente consistente y capaz de explicar cómo afrontará los compromisos de deuda y las necesidades de divisas. El desafío para la administración de Milei consiste en sostener la estabilidad cambiaria, atender los vencimientos financieros y evitar que una mayor dolarización de carteras desborde las herramientas disponibles. En ese contexto, la discusión sobre la “bazuca” no se limita al volumen de recursos anunciado, sino que gira en torno a cuánto dinero puede utilizarse efectivamente y qué ocurriría si la demanda de dólares aumenta de manera significativa.

Con ayuda de La Nueva Mañana

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