Sergio Gabriel “Bebe” Di Vanni recibió una pena de siete años y seis meses de prisión por su participación en las intimidaciones contra el futbolista y sus familiares en marzo de 2024. Los ataques buscaban impedir su regreso a Rosario Central y estaban vinculados con una disputa por el control de la barra brava rojinegra.
La Justicia de Rosario condenó a Sergio Gabriel “Bebe” Di Vanni, integrante de una facción de la barra brava de Newell’s Old Boys, a siete años y seis meses de prisión efectiva por su participación en las amenazas contra Ángel Di María y su familia. La sentencia se conoció el miércoles 28 de octubre de 2026, luego de que la jueza Paula Álvarez homologara un acuerdo de juicio abreviado entre la defensa y la fiscalía. El expediente incluyó las intimidaciones ocurridas en marzo de 2024 y otros delitos vinculados con la violencia organizada en Rosario.
Los hechos se produjeron cuando Di María todavía jugaba en el Benfica de Portugal y comenzaba a tomar fuerza la posibilidad de que regresara al país para vestir nuevamente la camiseta de Rosario Central, el club donde inició su carrera. Según la investigación judicial, las amenazas tenían como objetivo frustrar esa decisión y utilizar el resultado como una demostración de poder dentro de la barra de Newell’s. La presión ejercida sobre el futbolista y su entorno familiar se convirtió en uno de los episodios más resonantes de la violencia vinculada con el fútbol argentino.
Uno de los ataques ocurrió durante la madrugada del 25 de marzo de 2024, en las inmediaciones del barrio privado Funes Hills Miraflores, donde residían familiares del jugador. De acuerdo con la reconstrucción fiscal, ocupantes de un automóvil Renault Megane gris efectuaron disparos y dejaron una nota amenazante que advertía sobre las consecuencias de un eventual regreso de Di María a Rosario. El mensaje también mencionaba al gobernador santafesino Maximiliano Pullaro, en un contexto de fuerte preocupación por los episodios de violencia criminal en la provincia.
Ese mismo día se produjo una segunda intimidación en un edificio del centro rosarino donde funciona una inmobiliaria vinculada con la hermana del futbolista. Allí dejaron una caja que contenía una cabeza de cerdo con una bala incrustada y otro mensaje mafioso dirigido a la familia. La investigación atribuyó a Di Vanni un papel central en la organización de las amenazas y señaló que habría escrito los textos intimidatorios. Según la acusación, el plan fue impulsado por Alejandro “Rengo” Ficcadenti, quien habría encargado las maniobras a cambio de cuatro millones de pesos.
La Fiscalía sostuvo que las intimidaciones no respondían solamente a una rivalidad deportiva entre Newell’s y Rosario Central. Según la hipótesis de la investigación, Ficcadenti buscaba impedir la llegada de una figura de reconocimiento internacional al clásico rival y presentar ese resultado como un logro propio para ganar respaldo dentro de la barra rojinegra. La maniobra se inscribía en una disputa por el liderazgo de la tribuna, en la que distintos sectores buscaban imponerse y controlar los negocios ilegales asociados a la actividad de las hinchadas organizadas.
La condena también incluyó la participación de Di Vanni en una asociación ilícita vinculada con la barra de Newell’s y su intervención en un ataque armado ocurrido el 24 de julio de 2024, en la zona sur de Rosario. En ese episodio, un grupo de personas disparó contra una vivienda de la calle Coulin al 2000 y un hombre resultó herido en una pierna. De acuerdo con la investigación, el ataque formaba parte de una serie de hechos violentos atribuidos a integrantes de la organización, por los que también se evaluó su responsabilidad penal.
El caso vuelve a poner en primer plano la relación entre las estructuras violentas de las barras bravas, las disputas por el poder y las amenazas dirigidas contra figuras públicas. La investigación vinculó a la facción disidente de Newell’s con una pelea por el control de la tribuna y con actividades como la reventa de entradas, el cobro por estacionamiento y otros negocios alrededor del estadio. Los fiscales también señalaron conexiones entre integrantes de esa estructura y referentes de organizaciones criminales de Rosario. Esas vinculaciones forman parte de las actuaciones judiciales y deben entenderse en el marco de las acusaciones y pruebas reunidas en cada expediente.
La condena contra Di Vanni constituye una resolución judicial concreta sobre su participación en las intimidaciones y los otros hechos incluidos en el acuerdo abreviado. El episodio, ocurrido cuando Di María evaluaba volver a jugar en Argentina, tuvo una fuerte repercusión en el fútbol nacional y expuso cómo la violencia puede interferir en las decisiones profesionales y personales de un deportista y su familia. La sentencia se suma a otras condenas dictadas por las amenazas de 2024 y reabre el debate sobre la capacidad de las instituciones deportivas y del Estado para enfrentar las estructuras criminales que operan alrededor del fútbol.
Fuente: CBA24N



