El Gobierno israelí encuentra nuevos aliados en América Latina en medio de una reconfiguración política que favorece a dirigentes de derecha y de orientación conservadora. Argentina, bajo la presidencia de Javier Milei, ocupa un lugar central en ese acercamiento, mientras Bolivia, Colombia y otros países avanzan en la recomposición de sus vínculos con Tel Aviv. Sin embargo, el mayor entendimiento entre gobiernos no implica necesariamente un cambio equivalente en la opinión pública, donde persisten críticas a la ofensiva israelí en Gaza y a sus políticas en los territorios palestinos.
Israel atraviesa una etapa de acercamiento diplomático con distintos países de América Latina, una región que durante los últimos años estuvo dividida frente a la política del Gobierno de Benjamin Netanyahu en Medio Oriente. La tendencia se produce después de que varios países latinoamericanos cuestionaran la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza y, en algunos casos, retiraran o rebajaran sus relaciones diplomáticas. Ahora, una serie de cambios políticos y nuevas alianzas están abriendo oportunidades para que Tel Aviv recupere espacios y amplíe su cooperación regional. Según un análisis publicado por la Agencia Judía de Noticias, basado en un artículo de Ben Sales, el Gobierno israelí busca aprovechar este escenario favorable para fortalecer sus relaciones diplomáticas, económicas y estratégicas.
La Argentina de Javier Milei se convirtió en uno de los principales impulsores de ese acercamiento. Desde el inicio de su mandato, el Presidente expresó un respaldo político explícito a Israel y a Netanyahu, realizó visitas oficiales al país y promovió una relación bilateral más estrecha. En abril de 2026, ambos gobiernos lanzaron los denominados Acuerdos de Isaac, una iniciativa inspirada en los Acuerdos de Abraham que busca ampliar la cooperación entre Israel y países latinoamericanos en áreas como seguridad, tecnología, diplomacia y economía. El proyecto pretende establecer un marco de articulación entre gobiernos que comparten determinadas orientaciones políticas y una agenda de cooperación internacional.
La estrategia israelí también apunta a ampliar ese espacio de entendimiento más allá de la Argentina. En septiembre, Netanyahu mantuvo reuniones con los presidentes de Paraguay, Santiago Peña; Panamá, José Raúl Mulino; y Bolivia, Rodrigo Paz, en los márgenes de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El objetivo fue promover la incorporación de nuevos países a los Acuerdos de Isaac y profundizar la cooperación bilateral. La iniciativa busca abarcar asuntos diplomáticos, comerciales, tecnológicos, culturales y de seguridad, además de fortalecer el respaldo mutuo en espacios internacionales. Para el Gobierno israelí, la posibilidad de consolidar una red de aliados en América Latina representa una oportunidad para contrarrestar las críticas que enfrenta en otros ámbitos de la comunidad internacional.
Bolivia y Colombia representan dos casos relevantes de esta transformación. Bolivia había roto relaciones diplomáticas con Israel en 2023, en medio de las protestas internacionales por la guerra en Gaza, pero restableció los vínculos en diciembre de 2025, tras el cambio de gobierno. Colombia, por su parte, había interrumpido las relaciones durante la presidencia de Gustavo Petro, quien cuestionó duramente las operaciones militares israelíes. La llegada de una nueva administración modificó esa orientación y abrió el camino para recomponer los contactos diplomáticos y ampliar la cooperación. Estos cambios muestran cómo las alternancias políticas internas pueden producir modificaciones importantes en las relaciones exteriores de los países latinoamericanos.
Detrás de este acercamiento también aparecen factores ideológicos y estratégicos. Analistas consultados por medios internacionales señalan que la llegada de gobiernos de derecha o conservadores a distintos países de la región favoreció una mayor coincidencia con Israel y con la política exterior de Estados Unidos. En ese marco, la cooperación en seguridad, tecnología militar, inteligencia, ciberseguridad y gestión de recursos hídricos constituye una parte importante de la agenda bilateral. También existen intereses económicos vinculados con la innovación tecnológica y la inversión. Sin embargo, no todos los gobiernos que mantienen relaciones con Israel comparten necesariamente la misma posición sobre el conflicto palestino-israelí, y las decisiones diplomáticas responden a una combinación de intereses nacionales, afinidades políticas y circunstancias internas.
El acercamiento entre gobiernos, no obstante, no equivale a un respaldo uniforme de las sociedades latinoamericanas. Una encuesta del Pew Research Center citada por La Voz de Michoacán registró opiniones mayoritariamente desfavorables hacia Israel en cinco de los seis países de la región incluidos en el estudio: Chile, México, Colombia, Brasil y Argentina. En el caso argentino, la proporción de opiniones negativas habría aumentado del 46% en 2025 al 55% en 2026. Estos resultados muestran que la orientación diplomática de los gobiernos puede diferir de las percepciones de una parte importante de la ciudadanía. Las opiniones públicas, además, no son homogéneas y pueden variar según la evolución del conflicto, la información disponible y las posiciones políticas de cada sociedad.
Para Israel, el desafío consiste en transformar la actual aproximación diplomática en relaciones duraderas que sobrevivan a futuros cambios de gobierno. La cooperación puede generar acuerdos concretos en materia comercial, tecnológica, científica y de seguridad, pero también está expuesta a las controversias derivadas de la situación en Gaza, la ocupación de territorios palestinos y las decisiones adoptadas por las autoridades israelíes. En América Latina, donde varios países mantienen tradiciones diplomáticas diferentes respecto de Palestina, la continuidad de estos vínculos dependerá de los intereses de cada Estado y de la evolución de la política regional. El fortalecimiento de las relaciones con los gobiernos actuales no garantiza, por sí solo, que las mismas orientaciones se mantengan en el futuro.
El avance diplomático israelí en América Latina expresa, en definitiva, una disputa por alianzas e influencia internacional. El Gobierno de Netanyahu busca aprovechar un escenario político regional que considera favorable para ampliar su presencia y fortalecer sus acuerdos, mientras dirigentes como Milei promueven una política exterior estrechamente alineada con Israel y Estados Unidos. Al mismo tiempo, las diferencias entre las decisiones gubernamentales y las opiniones de la ciudadanía plantean interrogantes sobre la estabilidad de este acercamiento. El alcance real de la estrategia dependerá de los resultados concretos de la cooperación, de los cambios políticos en cada país y de la evolución del conflicto en Medio Oriente, que continúa condicionando la imagen internacional de Israel.
Fuente: Ámbito Financiero



