Después de más de una década, la banda de Mataderos regresó a Cosquín con un repertorio de más de 30 canciones, homenajes a referentes de la música argentina y un momento que no pasó inadvertido: los acordes de la Marcha Peronista durante “Somos los mismos de siempre”. Octavio Corzo, fotógrafo, estudiante de cine y fotoperiodista, retrató una noche que trascendió lo musical.
La Renga volvió a Cosquín y convirtió su regreso en mucho más que un recital. Después de más de diez años, la banda de Mataderos protagonizó un nuevo banquete rockero en Córdoba, con más de 30 canciones, clásicos coreados por miles de personas y una sucesión de momentos que combinaron música, historia y memoria colectiva.
A través de la mirada y las fotografías de Octavio Corzo, conocido en el mundo de la música el cine y la cultura como @_TavoCorzo, el regreso de La Renga también puede leerse desde los detalles que rodearon la jornada. Fotógrafo, estudiante de la carrera de cine y fotoperiodista, Corzo registró una experiencia en la que el vínculo entre la banda y su público volvió a ocupar el centro de la escena.
La historia comenzó incluso antes del primer acorde. En los accesos al recital se repartían folletos con la leyenda de Cosquín y Coscoína, un relato profundamente ligado al imaginario cultural de la ciudad. La historia de amor, resistencia y libertad sumó otra dimensión a una noche en la que la identidad local convivió con la mística del rock nacional.
El repertorio también abrió espacio para el reconocimiento a figuras fundamentales de la música argentina. La Renga homenajeó el legado de Ricardo Soulé, histórico fundador de Vox Dei, al interpretar “Sam el montaés”. La presencia musical de Piero llegó a través de “Me hice canción”, mientras que las imágenes del Indio Solari acompañaron “Hablando de la libertad”, en uno de los pasajes más simbólicos del espectáculo.






Pero hubo un momento que conectó la música con una fecha histórica de la política argentina. El 17 de octubre, Día de la Lealtad Peronista, se hizo presente durante “Somos los mismos de siempre”, cuando Chizzo incorporó acordes de la Marcha Peronista en su solo de guitarra. El gesto despertó una ovación entre los presentes y sumó una lectura política a una noche atravesada por la identidad popular.
La escena no quedó reducida a una referencia partidaria. En un recital de La Renga, las banderas, las canciones y los símbolos forman parte de una cultura que se construye colectivamente, donde la pertenencia, la memoria y la lealtad también encuentran su lugar. El rock volvió a funcionar como un espacio de expresión en el que conviven distintas generaciones y experiencias.
El regreso a Cosquín confirmó que un recital no se construye solamente sobre el escenario. También está hecho de los encuentros en los accesos, las historias que circulan entre el público, los homenajes y esos pequeños gestos capaces de transformar una noche de música en un recuerdo compartido.
Con sus fotografías, Octavio Corzo aporta una mirada propia sobre esa experiencia y sobre la cultura popular que se expresa alrededor de la música. Su registro inaugura una nueva propuesta de Multimedio Mordisquito, un espacio dedicado a recorrer la escena musical y cultural desde sus protagonistas, sus territorios y las historias que merecen ser contadas.
Porque el rock también es memoria, identidad y cultura popular.
Fotografías y cobertura: Octavio Corzo (@_TavoCorzo).



