Los activos financieros argentinos volvieron a registrar pérdidas en Wall Street, en una jornada marcada por la incertidumbre internacional y las dudas de los inversores sobre el escenario económico y político. Los bonos soberanos retrocedieron hasta un 0,6%, mientras que varias acciones de empresas nacionales cayeron más del 2%.
Los mercados financieros volvieron a encender señales de alerta para el Gobierno de Javier Milei. Este miércoles 14 de octubre, los bonos soberanos y las acciones argentinas que cotizan en Wall Street registraron nuevas bajas, mientras el riesgo país se ubicó en torno a los 595 puntos básicos, cada vez más cerca de la barrera de las 600 unidades. El retroceso reflejó la cautela de los inversores ante un contexto internacional adverso y las incertidumbres que comienzan a instalarse en torno al escenario político argentino de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Los títulos públicos argentinos denominados en dólares registraron caídas de hasta el 0,6%, con mayor presión sobre los bonos de vencimiento más lejano. Entre los papeles afectados se destacaron el Global 2041, que perdió un 0,55%, y el Global 2035, con una baja del 0,44%. El comportamiento de la deuda soberana resulta relevante porque sus cotizaciones inciden directamente en la evolución del riesgo país y en las condiciones que enfrenta la Argentina para volver a financiarse en los mercados internacionales.
El indicador elaborado por J.P. Morgan, que mide la diferencia entre el rendimiento de los bonos soberanos argentinos y los títulos del Tesoro estadounidense, volvió así a ubicarse cerca de los 600 puntos básicos. Cuando el riesgo país aumenta, los inversores suelen exigir mayores rendimientos para comprar deuda argentina, lo que encarece el financiamiento externo. La persistencia de este nivel representa un desafío para la estrategia oficial, que busca recuperar la confianza financiera y mejorar el acceso al crédito internacional.
Las acciones de empresas argentinas que cotizan en Nueva York también operaron mayoritariamente en terreno negativo. Los ADR de Cresud e IRSA retrocedieron un 2,4%, mientras que los papeles del Banco BBVA perdieron un 2,3%. En medio de las bajas generalizadas, YPF logró avanzar un 0,6%, convirtiéndose en una de las excepciones de la jornada. La disparidad entre compañías mostró que, aunque el movimiento predominante fue negativo, el impacto no resultó uniforme en todos los sectores.
En la Bolsa porteña, el índice S&P Merval cayó un 0,5% y se ubicó en los 2.855.500,87 puntos. Las acciones bancarias estuvieron entre las más afectadas por la tendencia bajista, en sintonía con el comportamiento de los activos financieros argentinos en el exterior. La evolución del mercado local volvió a quedar condicionada por el desempeño de Wall Street y por la percepción de riesgo de los inversores, en una jornada en la que predominó la cautela frente a los activos de economías emergentes.
La rueda se desarrolló después de conocerse el dato de inflación de septiembre, que fue del 1,9% mensual. Juan Manuel Franco, economista jefe del Grupo SBS, señaló que el resultado estuvo en línea con las estimaciones de distintos relevamientos privados. También destacó que la inflación núcleo —que excluye determinados componentes estacionales y regulados— se ubicó en el 1,7%. Aunque el dato mostró una desaceleración de ese componente, el escenario financiero siguió condicionado por las expectativas sobre la política económica y la evolución de las variables externas.
Uno de los factores que presionan sobre los mercados es la incertidumbre internacional, especialmente por las expectativas vinculadas a las tasas de interés de Estados Unidos y las decisiones de la Reserva Federal. Cuando los rendimientos de los bonos estadounidenses suben, los inversores pueden optar por activos considerados más seguros y reducir su exposición a mercados emergentes. Ese movimiento repercute sobre países como la Argentina, cuyos títulos suelen ser sensibles a los cambios en el apetito global por el riesgo y a las condiciones de liquidez internacional.
A este panorama se suma la mirada de los inversores sobre las elecciones presidenciales de 2027 y la continuidad del programa económico del Gobierno. La evolución de los bonos y las acciones muestra que la confianza financiera continúa expuesta tanto a las condiciones internacionales como a las expectativas políticas y económicas locales. Con el riesgo país nuevamente cerca de los 600 puntos, el desafío para la administración de Milei será sostener la estabilidad macroeconómica y consolidar condiciones que permitan reducir el costo de financiamiento de la Argentina.
Fuente: Política Argentina



