El trabajo registrado en el sector privado volvió a retroceder durante julio de 2026 y acumuló 14 meses consecutivos de caída. Según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), se perdieron 12.716 puestos en un solo mes y 134.034 desde el comienzo del año. La industria, la construcción y el comercio estuvieron entre las actividades más afectadas
La crisis del empleo formal continúa siendo uno de los principales desafíos económicos de la Argentina bajo la gestión de Javier Milei. Los datos oficiales correspondientes a julio de 2026 muestran que el sector privado perdió 12.716 puestos de trabajo registrados respecto de junio, una disminución mensual del 0,2%. Con este resultado, la contracción llegó a 14 meses consecutivos, reflejando las dificultades para sostener y ampliar el empleo asalariado en distintas ramas de la economía.
El balance acumulado durante 2026 también evidencia la dimensión del retroceso. Entre enero y julio, el sector privado perdió 134.034 puestos de trabajo, equivalentes a una caída del 2,2%. La reducción afecta a trabajadores que cuentan con empleo registrado, aportes y derechos laborales vinculados con esa condición. Detrás de las cifras se encuentran situaciones diversas, como despidos, cierres de establecimientos y reestructuraciones empresariales, que pueden dejar a miles de familias con ingresos reducidos o sin una fuente estable de sustento.
Entre las actividades más perjudicadas aparece la construcción, que registró una caída mensual del 0,6% en julio. La intermediación financiera también retrocedió un 0,4%, mientras que la industria manufacturera, el comercio, el transporte y los hoteles y restaurantes registraron bajas del 0,3% cada uno. El deterioro en estos sectores tiene especial relevancia porque abarcan tanto actividades productivas como servicios que generan empleo y dinamizan las economías regionales.
La comparación interanual confirma que las dificultades no se limitan a un movimiento aislado de un mes. En julio, el empleo industrial cayó un 4,4% frente al mismo período del año anterior, mientras que la intermediación financiera registró una disminución del 4,8% y el comercio, del 3,4%. Transporte y comunicaciones también mostró un retroceso del 2,4%. Estos números reflejan un escenario en el que diferentes actividades no logran sostener sus niveles de ocupación, aunque el impacto varía según el sector y la región.
El panorama presenta diferencias importantes entre las provincias. En la comparación interanual a julio, 21 de las 24 jurisdicciones relevadas registraron caídas del empleo asalariado privado. Tierra del Fuego encabezó los retrocesos, con un 12,6%, seguida por Misiones, con un 6%; Corrientes, con un 5,6%; Formosa, con un 5,2%; y Santa Cruz, con un 4,9%. En contraste, Neuquén registró un crecimiento del 6,4%, Río Negro avanzó un 4,8% y San Juan mostró una mejora del 0,5%.
La evolución del empleo también convive con un crecimiento de las inscripciones al monotributo. Durante el último año, esa categoría sumó 58.778 inscriptos, un aumento del 2,7%, y en julio incorporó 1.432 nuevos registros. Sin embargo, el incremento de trabajadores independientes no equivale necesariamente a la creación de puestos asalariados con estabilidad y protección laboral. Para comprender el mercado de trabajo es necesario observar conjuntamente las distintas modalidades de ocupación y las condiciones en las que las personas desarrollan su actividad.
En materia salarial, los datos muestran una recuperación mensual parcial. La remuneración media real del empleo privado registrado aumentó un 1,3% en agosto respecto del mes anterior, según la medición desestacionalizada. No obstante, la evolución de los salarios presenta fuertes diferencias entre actividades: mientras algunos sectores recuperaron poder adquisitivo, otros continúan acumulando pérdidas. El promedio general, por lo tanto, no representa de manera uniforme la situación de todos los trabajadores ni permite concluir que se hayan revertido las dificultades que atraviesa el mercado laboral.
La persistencia de la caída del empleo formal plantea interrogantes sobre la capacidad de la economía para generar trabajo registrado y sostener el entramado productivo. La pérdida de puestos en la industria, la construcción y el comercio repercute no solo en los ingresos de los hogares, sino también en el consumo y en la actividad de las pequeñas y medianas empresas. Frente a este escenario, uno de los principales desafíos será revertir la destrucción de empleo y generar condiciones para que la recuperación económica se traduzca en más oportunidades laborales, mejores ingresos y mayor estabilidad para las familias.
Fuente: Ámbito Financiero



