Atucha III quedó cancelada: China afuera y capital privado en el predio donde debía construirse la nueva central

atucha III cancelado
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

El Gobierno de Javier Milei dejó sin efecto los proyectos CANDU y Hualong para la construcción de Atucha III. La explicación oficial apunta a la falta de recursos, pero la decisión se produce en paralelo con un fuerte acercamiento a Estados Unidos y con una nueva licitación para instalar un reactor de capital privado en parte del terreno reservado para la central.

El Gobierno de Javier Milei resolvió cancelar definitivamente los proyectos vinculados con la construcción de Atucha III, la cuarta central nuclear argentina que había sido proyectada con participación tecnológica y financiera china. La decisión fue formalizada en una asamblea de accionistas de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) realizada el 23 de septiembre, donde se resolvió dejar sin efecto los proyectos CANDU y Hualong. La explicación formal fue la falta de asignación de recursos económicos y la imposibilidad material de cumplir con los proyectos en el marco de la emergencia pública establecida por la Ley 27.742.

La medida representa un cambio significativo respecto del rumbo que había tomado el desarrollo nuclear argentino durante los últimos años. En 2022, Nucleoeléctrica Argentina y la Corporación Nuclear Nacional de China habían firmado el contrato para la construcción de Atucha III, un reactor de 1.200 MW que se proyectaba instalar en el Complejo Nuclear Atucha, en Lima, provincia de Buenos Aires. Aquel acuerdo contemplaba tecnología y financiamiento mayoritariamente chinos y era presentado como una oportunidad para ampliar la generación nuclear y fortalecer la participación de la industria nacional.

Ahora, ese proyecto quedó formalmente descartado. En la misma reunión en la que se decidió cancelar Atucha III, Nucleoeléctrica declaró de “interés empresarial” parte del terreno y autorizó avanzar con una licitación para instalar allí un nuevo reactor con una inversión estimada en 1.203 millones de dólares, financiada íntegramente con capital privado y sin fondos ni avales públicos. La iniciativa contempla otorgar un derecho real de superficie sobre unas 12 hectáreas del predio que originalmente estaba reservado para Atucha III.

El nuevo proyecto coincide en sus características y monto con el reactor modular ACR-300 impulsado por Meitner Energy, una empresa que el Gobierno viene presentando como uno de los ejemplos de la nueva etapa de inversión privada en el sector nuclear. En julio, el vocero presidencial Adrián Ravier había anunciado una inversión de aproximadamente 1.200 millones de dólares para un reactor modular de 300 MW en el predio de Atucha y lo había definido como un proyecto financiado íntegramente con capital privado. Sin embargo, la autorización de la licitación no significa todavía que el proyecto haya sido adjudicado.

El giro también tiene una dimensión geopolítica. Atucha III estaba asociada a un acuerdo con China, mientras que el nuevo esquema aparece vinculado a capitales estadounidenses y a una estrategia de mayor participación privada. Distintos especialistas y medios interpretan este cambio dentro del creciente alineamiento de la administración Milei con Washington y de la disputa internacional por la influencia sobre sectores tecnológicos estratégicos. No obstante, no existe en la documentación oficial consultada una referencia que establezca que Estados Unidos haya ordenado o impuesto la cancelación de Atucha III: la causa formal invocada por Nucleoeléctrica fue económica.

La discusión resulta particularmente sensible porque Argentina desarrolló durante décadas capacidades propias en materia nuclear. La actividad involucra a organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica, empresas estatales, universidades, institutos científicos y una extensa cadena de proveedores tecnológicos. Por eso, la decisión sobre Atucha III no representa solamente la cancelación de una obra de infraestructura energética: también modifica el horizonte de desarrollo industrial, científico y tecnológico que podía generar una nueva central de gran escala. Especialistas y exfuncionarios del área cuestionaron el cambio de rumbo y advirtieron sobre sus consecuencias para el sector.

El contraste se vuelve todavía más evidente al observar que, mientras se cancela el proyecto de una central de 1.200 MW, el Gobierno impulsa un reactor modular de 300 MW bajo un esquema completamente privado. La Casa Rosada presenta esta alternativa como una modernización del sector y destaca que sería la primera central nuclear argentina financiada exclusivamente con capital privado. Desde la perspectiva oficial, el nuevo modelo permitiría atraer inversiones sin comprometer recursos públicos. Para sus críticos, en cambio, el cambio implica abandonar un proyecto estratégico de mayor escala y modificar el rol histórico del Estado en el desarrollo nuclear.

La cancelación de Atucha III abre así una discusión que va mucho más allá de una obra que no se realizará. Está en juego qué modelo de desarrollo nuclear pretende la Argentina, quién financiará las próximas centrales, qué lugar tendrá la industria nacional y cuánto peso tendrán los capitales extranjeros en las decisiones estratégicas. El Gobierno sostiene que no hay recursos públicos para continuar con el proyecto anterior y apuesta a un esquema privado; sus críticos denuncian un cambio de orientación que coincide con el acercamiento político y económico a Estados Unidos. Lo concreto es que Atucha III, tal como había sido diseñada y negociada con participación china, quedó fuera del plan nuclear argentino, mientras sobre el mismo terreno comienza a tomar forma otra iniciativa.

Fuente: Primereando las noticias

Scroll al inicio