Etiopía vuelve a quedar al borde de una nueva guerra en Tigray

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Los combates entre fuerzas del gobierno federal y grupos armados volvieron a escalar en el norte del país. Una nueva alianza reúne a antiguos enemigos y crece la preocupación por una posible expansión del conflicto hacia Eritrea y Sudán.

Etiopía atraviesa su mayor escalada militar desde el acuerdo de paz de 2022 que puso fin a la guerra de Tigray. Los enfrentamientos se intensificaron durante los últimos días en el norte del país y se extendieron hacia las regiones de Afar y Amhara, mientras una nueva alianza de grupos armados se enfrenta al gobierno del primer ministro Abiy Ahmed.

El conflicto actual tiene como uno de sus principales actores al Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), organización que encabezó la guerra contra el gobierno federal entre 2020 y 2022. Ese enfrentamiento dejó cientos de miles de muertos y provocó una grave crisis humanitaria antes del acuerdo firmado en Pretoria, Sudáfrica, en noviembre de 2022.

La situación actual es más compleja que la guerra anterior. El 20 de septiembre, siete organizaciones armadas y políticas anunciaron una nueva alianza contra el gobierno de Abiy. Entre ellas se encuentran el TPLF, las fuerzas Fano de Amhara y el Ejército de Liberación Oromo. El acuerdo reúne incluso a grupos que fueron adversarios durante la guerra anterior y que mantienen disputas políticas y territoriales entre sí.

Los combates aumentaron desde el 22 de septiembre. Fuerzas vinculadas al TPLF tomaron el control de distintos aeropuertos de Tigray y se registraron enfrentamientos en zonas fronterizas con Amhara y Afar. Los vuelos hacia la ciudad histórica de Lalibela fueron suspendidos ante el avance de los combates en la región.

El gobierno etíope y las autoridades de Tigray mantienen versiones contrapuestas sobre el inicio de la actual escalada. Addis Abeba acusa a las fuerzas tigrayanas de haber iniciado ataques contra posiciones federales, mientras que el TPLF sostiene que respondió a una ofensiva del gobierno. La falta de información independiente en algunas zonas dificulta establecer con precisión cómo comenzaron las últimas operaciones.

Uno de los factores que genera mayor preocupación es la situación de Eritrea. El gobierno etíope acusa a Asmara de financiar y respaldar a grupos armados que buscan debilitar al Ejecutivo, mientras Eritrea rechaza esas acusaciones. Las relaciones entre ambos países se deterioraron después de haber sido aliados durante la guerra de Tigray.

A la crisis se suma la guerra que atraviesa Sudán desde 2023. Etiopía comparte frontera con ese país y también con Eritrea, Sudán del Sur, Kenia, Somalia y Yibuti, por lo que una nueva guerra de gran escala podría generar desplazamientos de población y repercusiones en buena parte del Cuerno de África. Cerca de 750.000 personas continuaban desplazadas dentro de Tigray como consecuencia del conflicto anterior, según datos citados por Naciones Unidas.

La Unión Africana, la Unión Europea y la IGAD, organización regional de África oriental, reclamaron una reducción de las tensiones y el regreso al diálogo. El principal interrogante ahora es si los enfrentamientos podrán ser contenidos o si las distintas crisis armadas de Etiopía terminarán convergiendo en un conflicto de mayor escala.

Fuente: Política Argentina

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