A partir de la figura de Domingo Faustino Sarmiento y de la historia de Victoria Romero, esposa del caudillo riojano Ángel Vicente “El Chacho” Peñaloza, el pedagogo Daniel Enrique Yépez propone una revisión crítica del relato tradicional sobre la educación argentina. La columna cuestiona el papel de Sarmiento en las guerras civiles, el modelo educativo impulsado durante el siglo XIX y la forma en que la historia nacional fue transmitida en las escuelas.
A pocos días de una nueva conmemoración del Día del Maestro, el pedagogo e investigador Daniel Enrique Yépez propone revisar una de las figuras centrales del imaginario educativo argentino: Domingo Faustino Sarmiento. Su texto toma como punto de partida la historia de Victoria Romero, esposa de Ángel Vicente “El Chacho” Peñaloza, y construye desde allí una lectura crítica sobre la relación entre educación, poder, política e historia. La propuesta no busca reivindicar la imagen tradicional de Sarmiento como “padre del aula”, sino poner en discusión el proceso histórico y político en el que se desarrolló su proyecto educativo.
Victoria Romero nació en La Rioja en 1804 y estuvo vinculada desde muy joven a las luchas políticas y militares que atravesaron las provincias durante las guerras civiles argentinas. Se casó con Peñaloza en 1822 y acompañó a su esposo durante buena parte de su trayectoria política y militar. Diversas reconstrucciones históricas coinciden en destacar su participación junto a las fuerzas federales y la herida que sufrió durante una acción destinada a rescatar al Chacho. Su figura quedó asociada posteriormente a la resistencia federal riojana y a una historia marcada por la violencia política de aquellos años.
El episodio central de la columna ocurre en 1863, cuando Peñaloza fue capturado y asesinado en Olta por fuerzas comandadas por Pablo Irrazábal. Después de su muerte, su cabeza fue exhibida públicamente en la plaza de Olta, un hecho que quedó registrado en distintas reconstrucciones de las guerras civiles argentinas. La documentación histórica también conserva una carta de Sarmiento a Bartolomé Mitre en la que el sanjuanino se refirió favorablemente a la ejecución y a la forma en que fue realizada. La frase sobre la denominada “guerra de policía” forma parte de una documentación histórica que ha sido posteriormente objeto de numerosos debates sobre el modo en que los dirigentes de la época conceptualizaban la represión de los caudillos federales.
La historia de Victoria Romero también ocupa un lugar central en esta revisión. Según distintas fuentes históricas, luego del asesinato de su esposo fue detenida y obligada a realizar trabajos públicos en San Juan mientras permanecía engrillada. También sufrió el embargo de sus bienes y atravesó posteriormente una situación económica muy precaria. Estos episodios contribuyeron a construir una memoria histórica de Victoria como una mujer que no sólo acompañó políticamente al Chacho, sino que también padeció directamente las consecuencias de la derrota del federalismo riojano.
A partir de estos hechos, Yépez desplaza la discusión hacia el papel de Sarmiento en la construcción del sistema educativo argentino. Su argumento sostiene que la escuela no puede analizarse separadamente del proyecto político de la dirigencia que organizó el Estado nacional durante la segunda mitad del siglo XIX. En su interpretación, el sistema educativo estuvo relacionado con una determinada concepción de país, de ciudadanía y de organización económica. La columna cuestiona particularmente la idea de presentar a Sarmiento exclusivamente como un impulsor de la educación, sin incorporar al análisis sus posiciones políticas y su participación en los conflictos armados de la época.
El texto también cuestiona el modelo de educación media desarrollado durante el período de organización nacional. Yépez sostiene que los Colegios Nacionales impulsados durante la segunda mitad del siglo XIX estuvieron orientados fundamentalmente a la formación de sectores dirigentes y a la preparación para el ingreso universitario. Desde su perspectiva, esa estructura educativa habría contribuido a consolidar una determinada concepción de país, vinculada con las elites dirigentes y con el modelo económico agroexportador. Se trata de una interpretación histórica del autor, que coloca el sistema educativo dentro de las disputas económicas y políticas de la Argentina posterior a Caseros y Pavón.
En una segunda parte, la columna abandona parcialmente el análisis histórico para discutir el sentido actual de educar. Yépez cuestiona una enseñanza que, según su mirada, puede quedar reducida a contenidos abstractos, enciclopédicos y alejados de los conflictos concretos de la sociedad. Frente a eso, recupera la idea de una educación vinculada con la reflexión crítica y con la realidad cotidiana de los estudiantes. En ese marco cita al pedagogo brasileño Paulo Freire y su concepción de la educación como una práctica que articula reflexión y acción sobre el mundo. La propuesta del autor apunta a incorporar en las aulas debates sobre soberanía, territorio, historia, desigualdad y otros conflictos contemporáneos.
El planteo también incorpora una fuerte crítica a los medios de comunicación y a las nuevas formas de circulación de información. Yépez sostiene que existe una dinámica cultural capaz de alejar a la sociedad de la reflexión histórica y política, especialmente mediante la exposición permanente a imágenes, redes sociales y contenidos fragmentados. Desde su perspectiva, la escuela debería funcionar precisamente como un espacio para recuperar herramientas críticas frente a ese escenario. El autor propone que los docentes utilicen el denominado “currículum real” para trabajar cuestiones de actualidad y discutir acontecimientos que considera ausentes o insuficientemente tratados en los programas educativos tradicionales.
Finalmente, Yépez plantea que recuperar estas discusiones implica revisar el modo en que se enseña la historia argentina. La figura de Sarmiento aparece así en el centro de una tensión entre dos dimensiones que suelen presentarse por separado: su enorme influencia en la construcción del sistema educativo y su participación política en las guerras civiles del siglo XIX. La historia de Victoria Romero y el asesinato del Chacho funcionan en la columna como contrapunto de la imagen tradicional del “padre del aula”. Más que ofrecer una biografía alternativa cerrada, el texto propone abrir una discusión sobre quiénes fueron incluidos en el relato nacional, quiénes quedaron relegados y qué papel debe cumplir la educación a la hora de revisar críticamente ese pasado.
Por Daniel Enrique Yépez



