Milei y las Malvinas

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El discurso por cadena nacional de Javier Milei había generado mucha expectativa, pero terminó siendo mucho ruido y pocas nueces. Vamos a analizar por partes sus tramos principales.

– «En primer lugar, quiero ser claro con el mundo y expresar la posición del Estado argentino. Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho». Es la posición histórica de todos los gobiernos argentinos, aunque el de Milei no se caracterizó por su firmeza en los reclamos. Incluso, hace un mes y medio, criticó a los jugadores de la selección que mostraron una bandera en el mundial que decía «Las Malvinas son argentinas».

– «En 1833 el Reino Unido ocupó las Malvinas, expulsó a las autoridades argentinas e instaló una situación colonial que se perpetúa hasta nuestros días. Esto implica que los isleños, al ser una población implantada en un territorio usurpado, no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación y que cualquier argumento basado en referendos realizado en las islas es inválido». Esta declaración es impecable, y siempre fue la posición argentina. Pero el propio Milei, varias veces en el pasado, había defendido la posición contraria. En 2023, en plena campaña electoral, sostuvo: «No se puede ignorar la voluntad de los habitantes del archipiélago». Y ya como presidente, a fines de diciembre de 2025 en una entrevista con The Telegraph, reafirmó: «Un acuerdo con el Reino Unido debería darse solo cuando los habitantes de las islas así lo deseen».

– «Esta misma noche estaré firmando un decreto para dotar de mayor celeridad a los procedimientos sancionatorios contra quienes participan de iniciativas de extracción de petróleo en territorio argentino bajo ocupación británica… Procederemos a inhabilitar de operar en territorio argentino a las empresas involucradas, directa o indirectamente, en proyectos en las Islas Malvinas sin autorización argentina». A las empresas que ya tienen el negocio asegurado en Malvinas, esto no les importa. Si Milei quiere presionar de verdad, debería presionar a Israel, porque una de las empresas involucradas es Navitas Petroleum, de capitales israelíes. Pero ya se sabe, Milei ama a Israel, llegó a decir que es «el presidente más sionista del mundo» y hasta justifica el genocidio del pueblo palestino.

Por otro lado, debería presionar a Chile para que prohíba la ruta marítima que fue anunciada anteayer y que unirá Punta Arenas con Puerto Argentino en las Malvinas. Pero en vez de hacer eso, ayer mismo Milei fue a Chile, se abrazó con el presidente Juan Antonio Kast, no dijo nada de esto, y hasta reivindicó a Pinochet, aliado histórico de Margareth Thatcher en la Guerra de Malvinas.

Limitar la conexión de las islas con el continente sí es una estrategia fuerte para presionar, porque crea un problema de provisiones, tanto de materiales de todo tipo como incluso de alimentos, y sería una forma eficaz de presionar a los kelpers y al Reino Unido para que se sienten a negociar. Pero también existe un vuelo mensual de Latam que une Punta Arenas con Malvinas, y con el agravante vergonzoso que hace escala en Río Gallegos. De la misma manera, había otro vuelo de Latam, aprobado por el gobierno de Macri y luego suspendido en 2020, que unía San Pablo, Córdoba y Puerto Argentino. Milei viene intentando reflotarlo.

– «Además, firmaremos hoy mismo un decreto de necesidad y urgencia para ampliar los recursos del Ministerio de Defensa con el fin prioritario de construir una base naval integrada en Tierra del Fuego». Si somos conscientes de que la recuperación de Malvinas nunca más debería intentarse por la vía militar, éste es un anuncio para la tribuna, vacío de contenido y hasta contraproducente. Genera rechazo en la contraparte, nos hace quedar como país agresor y, lo más importante, no estamos en condiciones de gastar dinero en armas cuando nuestro pueblo se muere de hambre.

– «A todos los argentinos, y en especial a la política, quiero transmitirle lo siguiente: podemos discutir sobre cualquier otra cosa, podemos discutir mis formas, podemos estar en desacuerdo sobre la política fiscal o cambiaria, pero este tema demanda una pausa, demanda que hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo, como nación, y como sociedad. Porque hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Malvinas es una de ellas». Es un llamado a la unidad nacional y tener una política de Estado en este tema. Eso está bien. El problema es que al mismo tiempo que llama a la unidad nacional, dispara torpedos contra la oposición y vuelve a generar grieta cuando dice: «Es importante entender una cosa, tomar estas medidas en defensa de nuestra soberanía sólo es posible gracias a haber rescatado a la Argentina del pozo en el que nos encontrábamos… Esto es posible gracias a la normalización económica, la quita el cepo y al RIGI… Durante décadas, nuestro país perdió la capacidad de pensar estratégicamente, la política se acostumbró a pensar en la próxima elección en lugar de pensar en las próximas generaciones. Se destruyó nuestra riqueza, se abandonaron nuestros sectores estratégicos y se vació a las Fuerzas Armadas». Milei pide que «hagamos nuestras armas a un lado» y a renglón seguido dispara con munición gruesa. Cero credibilidad.

– «Un país empobrecido no tiene capacidad de imponer costos a quienes intentan vulnerar su soberanía». En esto tiene razón Milei, con la salvedad que es justamente él quien está empobreciendo al país al seguir endeudándolo y encadenándolo al FMI y con el industricidio en marcha.

Sin una política exterior

En realidad, lamentablemente todo esto es una reacción a los dichos de Donald Trump.

Siempre sería esperable que, como parte de una política exterior clara, sea el gobierno argentino quien imponga el tema Malvinas en la agenda de la comunidad internacional.

Pero no fue así, sino que Trump desempolvó el tema y Milei se subió al carro. Ni siquiera fue un apoyo explícito, sino el coqueteo del presidente de Estados Unidos con la posibilidad de revisar su posición histórica sobre Malvinas. Y está clarísimo que fue parte de un intento de presión al Reino Unido por dos temas: la guerra contra Irán y la exigencia de que los países de la OTAN destinen el 5% de su PBI a gastos militares, cosa que se rehúsa a hacer Londres.

Pero entonces surge la pregunta del millón: ¿Qué pasaría si mañana el gobierno británico cede a las presiones estadounidenses? Obviamente Trump se olvidaría de Malvinas.

A esto, hay que sumarle la poca credibilidad que tiene Trump, desde siempre. Puede decir hoy una cosa y mañana exactamente lo contrario. Y algo más, es un presidente que pierde peso específico cada día, porque entra en los dos últimos años de su último mandato y no puede ser reelecto, y cuando sucede esto en Estados Unidos se habla del «pato rengo». Y porque en las elecciones de medio término de noviembre va a perder con seguridad la Cámara de Representantes y, probablemente, el Senado también.

Si Milei quisiera ser creíble en su nueva postura malvinera, debería empezar por pedir perdón por haber dicho que admira a la Thatcher, una criminal de guerra responsable de la muerte de 323 compatriotas en el ARA General Belgrano. También por haber dicho que admira a Ronald Reagan, aliado fundamental de los británicos en la guerra. Y por haber reivindicado ayer mismo el golpe de Pinochet, otro aliado fundamental de la Thatcher en la Guerra de Malvinas.

Luego, para ser creíble, debería aprovechar la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebrará este mes en Nueva York para anunciar un cambio en su política exterior, acercarse a los países que siempre apoyaron y apoyan la posición argentina en Malvinas: Rusia, China, y la mayoría de los países del Grupo de los 77+, principalmente asiáticos y africanos. Y distanciarse de quienes siempre nos dan la espalda en la ONU: Israel y Estados Unidos.

Sin hechos concretos, lo de Milei es una perversa utilización de una causa sagrada y, sobre todo, de la memoria de los ex combatientes, los muertos y los vivos.

Por Mariano Saravia para el Diario de Carlos Paz

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