Las autoridades venezolanas avanzan con el relevamiento de viviendas e infraestructura afectadas por los terremotos del 24 de junio. Más de 63.000 inmuebles ya fueron inspeccionados para determinar cuáles pueden ser habitados, cuáles requieren restricciones y cuáles representan un riesgo para la población.
A casi tres meses de los terremotos que sacudieron Venezuela, el proceso de evaluación de viviendas y edificios continúa como una de las principales tareas dentro del operativo de recuperación. Las autoridades avanzan con inspecciones destinadas a determinar las condiciones de habitabilidad de los inmuebles afectados y establecer cuáles pueden volver a ser ocupados y cuáles requieren intervenciones antes del regreso de las familias. El relevamiento se concentra especialmente en las zonas que sufrieron los mayores daños tras los sismos del 24 de junio.
El operativo forma parte de una estrategia más amplia de reconstrucción desplegada luego de los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que provocaron una emergencia de grandes dimensiones. Desde los primeros días, el Gobierno venezolano creó una comisión presidencial destinada específicamente a evaluar la habitabilidad de viviendas e infraestructura estratégica, con participación de ingenieros, especialistas en sismología, universidades y organismos vinculados con la construcción.
Los equipos técnicos utilizan un sistema de clasificación mediante un semáforo de riesgo, que permite establecer diferentes niveles de seguridad de las construcciones. De esta manera, las edificaciones pueden ser consideradas habitables, quedar sujetas a restricciones de uso o ser catalogadas como de alto riesgo. El objetivo es evitar que las personas regresen a estructuras que todavía puedan representar una amenaza y, al mismo tiempo, identificar aquellos inmuebles que pueden ser recuperados mediante obras de reparación.
La dimensión del relevamiento fue creciendo progresivamente. A mediados de julio, las autoridades informaban que más de 8.000 viviendas distribuidas en 186 edificios ya habían sido evaluadas, mientras más de 500 ingenieros trabajaban en Caracas y La Guaira. En ese momento también se realizaban estudios de suelo para determinar dónde era posible reconstruir y qué estructuras debían ser reparadas, demolidas o reemplazadas.
Para agosto, el número de evaluaciones había aumentado considerablemente. El 10 de agosto se habían inspeccionado 53.314 viviendas: 31.336 fueron consideradas habitables, 12.411 quedaron bajo algún tipo de restricción y 9.567 fueron identificadas como edificaciones de alto riesgo. Las autoridades aclararon que esta última clasificación no implica necesariamente que todos esos inmuebles deban ser demolidos, ya que cada caso requiere estudios técnicos específicos.
El proceso de inspección se desarrolla en paralelo con un programa de asistencia habitacional para las familias que perdieron sus viviendas. El Gobierno venezolano anunció la entrega progresiva de nuevas unidades y estableció como objetivo entregar 4.000 viviendas adicionales antes de finalizar el año. En julio, más de 240 familias ya habían recibido departamentos completamente equipados, mientras se analizaban distintas alternativas para ampliar la oferta habitacional.
La reconstrucción también incluye edificios que quedaron inconclusos, viviendas disponibles en el mercado secundario y nuevos proyectos sobre terrenos considerados aptos. Además, las autoridades anunciaron medidas de financiamiento y subsidios para facilitar el acceso a viviendas de las familias damnificadas. Entre las propuestas se contempló que el Estado subsidie una parte importante del valor de determinados inmuebles y que el resto pueda ser financiado mediante créditos a largo plazo.
Mientras continúa el relevamiento, la magnitud de la tragedia sigue reflejándose en las cifras oficiales. El último balance disponible citado por Noticias Argentinas elevó a 6.509 la cantidad de fallecidos, mientras que más de 226.000 personas habían sido atendidas en hospitales desde el desastre. Paralelamente, las autoridades informaron que cientos de miles de toneladas de escombros habían sido retiradas de las zonas afectadas.
La inspección de más de 63.000 inmuebles marca así una nueva etapa de la emergencia: después de las tareas de rescate y asistencia inmediata, el desafío pasa por determinar dónde se puede volver a vivir, qué debe ser reparado y qué lugares deberán ser reconstruidos desde cero. Para miles de familias venezolanas, el resultado de estos estudios será determinante para saber cuándo podrán abandonar los refugios y recuperar una vivienda segura. La reconstrucción, mientras tanto, avanza en medio de una emergencia que todavía mantiene abiertas numerosas heridas.
Fuente: Noticias Argentinas



