La industria textil se hunde: producción en caída, 27.000 empleos perdidos y más fábricas cerradas

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La industria textil atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos años. La producción cayó 24,4% durante el primer semestre de 2026, mientras el sector perdió 26.851 empleos formales y 750 establecimientos desde diciembre de 2023. La baja demanda interna, el ingreso de prendas terminadas importadas y la fuerte capacidad ociosa profundizan el deterioro.

La industria textil profundizó durante 2026 una crisis que ya venía acumulando durante los últimos años y que ahora impacta sobre prácticamente todos los indicadores del sector. Según un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la producción cayó 24,4% interanual durante el primer semestre, una contracción muy superior a la registrada por el conjunto de la industria, que retrocedió 2,2% en el mismo período. El dato refleja una brecha cada vez mayor entre la evolución del sector textil y la actividad manufacturera general.

El deterioro productivo también se trasladó directamente al empleo. Desde diciembre de 2023 se perdieron 26.851 puestos de trabajo formales vinculados al sector textil, la confección, el cuero y el calzado. En mayo, el conjunto de estas actividades contabilizaba 93.952 empleos registrados, 16.244 menos que un año atrás. Solo durante el último mes relevado se destruyeron otros 1.229 puestos laborales, mostrando que la caída de la actividad continúa teniendo consecuencias concretas sobre los trabajadores.

La crisis también puede observarse en la cantidad de establecimientos que continúan funcionando. Desde diciembre de 2023 cerraron 750 establecimientos textiles y de confección, lo que representa un promedio cercano a 30 cierres por mes durante más de dos años. En mayo quedaban 1.950 establecimientos textiles y 2.354 de confección, mientras que la cantidad de empresas activas era 515 menor que un año antes. La contracción, por lo tanto, no se limita a una reducción temporal de la producción, sino que está modificando el tamaño de la estructura productiva.

Uno de los datos que mejor expone la gravedad del escenario es el nivel de utilización de la capacidad instalada. En junio, las fábricas textiles trabajaron apenas al 46,6% de su capacidad, 12,5 puntos porcentuales por debajo del promedio de la industria. Aunque el indicador mejoró 4,4 puntos respecto de mayo, todavía quedó 3,8 puntos por debajo del nivel registrado en junio de 2025. La comparación histórica también muestra el cambio: durante 2023 el sector operaba mayormente entre el 50% y el 60% de su capacidad, mientras que desde 2024 pasó a moverse entre el 30% y el 50%.

Dentro de la cadena productiva, algunos segmentos sufrieron caídas todavía más profundas. La producción de tejidos y acabados se desplomó 36,3% durante el primer semestre, mientras que los hilados de algodón retrocedieron 21,4% y otros productos textiles bajaron 18,3%. Esto significa que la contracción no afecta únicamente a la fabricación de prendas terminadas, sino también a distintas etapas intermedias que abastecen al resto de la cadena industrial. El problema, de esta manera, se vuelve más profundo porque afecta simultáneamente a diferentes eslabones de la producción nacional.

A este escenario se suma el cambio en la composición de las importaciones. Entre enero y julio, las compras externas de toda la cadena alcanzaron 181.000 toneladas por unos 925 millones de dólares, aunque el volumen total cayó 19,7% y el valor retrocedió 8,5% interanual. Sin embargo, el dato más significativo aparece al analizar qué productos ingresan al país: las importaciones de materias primas bajaron 26,7%, los hilados cayeron 45,2% y los tejidos planos disminuyeron 52,2%, mientras que las prendas terminadas aumentaron 60,1% y las confecciones crecieron 25,8%.

La FITA advierte que este cambio implica que ingresan menos insumos destinados a ser procesados por empresas argentinas y más productos que llegan directamente terminados desde el exterior. Al mismo tiempo, la inversión en maquinaria cayó 27,5% interanual, otro indicador que muestra las dificultades que enfrentan las empresas para sostener o ampliar su capacidad productiva. La demanda interna deprimida y los bajos ingresos también limitan la posibilidad de trasladar los aumentos de costos a los precios, mientras las empresas deben competir en un mercado cada vez más exigente.

El panorama tiene, sin embargo, un dato positivo en materia de exportaciones, aunque todavía resulta insuficiente para revertir el deterioro general. Entre enero y julio, las ventas externas de la cadena textil crecieron 61% en dólares y 51,1% en volumen. Pero buena parte de esa mejora se concentró en los hilados, cuyas exportaciones aumentaron 248,7%, mientras que las ventas externas de confecciones cayeron 36,1%, las prendas bajaron 6,6% y otros productos retrocedieron 40,8%. El sector, por lo tanto, muestra algún dinamismo hacia el exterior, pero todavía no alcanza para compensar la fuerte contracción del mercado interno y la pérdida de capacidad productiva.

La fotografía que deja el primer semestre es la de una industria textil cada vez más pequeña, con menos producción, menos empleo, menos establecimientos y una utilización de la capacidad instalada que permanece en niveles históricamente bajos. La combinación de demanda interna débil, cambios en el comercio exterior, caída de la inversión y aumento de la competencia de productos terminados importados plantea un escenario especialmente complejo para las empresas nacionales. Mientras el sector busca recuperar actividad y sostener los puestos de trabajo restantes, los números muestran que el deterioro acumulado desde 2023 todavía no encontró un piso claro.

Fuente: Ámbito Financiero

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