El Niño amenaza la alimentación de 16 millones de personas en América Latina

La sequía asociada al fenómeno climático podría empujar a 16 millones de personas de la región a una situación de inseguridad alimentaria, según una advertencia de Naciones Unidas. El impacto ya se siente sobre las cosechas y las comunidades rurales, mientras los organismos internacionales alertan por la posibilidad de que el fenómeno se intensifique durante los próximos meses.

El fenómeno de El Niño vuelve a encender las alarmas en América Latina por sus posibles consecuencias sobre la producción de alimentos y el acceso a los recursos básicos. Naciones Unidas advirtió que la sequía vinculada al actual episodio climático podría dejar a unos 16 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en la región. La advertencia se produce mientras los organismos meteorológicos internacionales observan una evolución particularmente intensa del fenómeno, que ya está alterando los patrones habituales de lluvias y temperaturas en distintas zonas del continente.

El impacto más inmediato se concentra en las zonas donde millones de familias dependen directamente de la agricultura para alimentarse y generar ingresos. La falta de lluvias puede reducir drásticamente las cosechas de cultivos básicos y dejar a pequeños productores sin los recursos necesarios para sostener sus hogares. En América Central, particularmente en el denominado Corredor Seco, las consecuencias ya son visibles: una evaluación reciente detectó pérdidas severas de cultivos y decenas de miles de hogares rurales afectados por la sequía.

El problema adquiere una dimensión todavía mayor porque El Niño no genera únicamente períodos de sequía. El fenómeno altera los patrones climáticos y puede provocar al mismo tiempo lluvias extremas, inundaciones y temperaturas inusualmente elevadas en diferentes regiones. Esa combinación dificulta la planificación de las actividades agrícolas y aumenta la vulnerabilidad de comunidades que cuentan con escasos recursos para enfrentar pérdidas sucesivas. La Organización Meteorológica Mundial señaló que el actual episodio se encuentra entre los más fuertes registrados desde 1950.

Uno de los sectores más expuestos es el de los pequeños productores rurales, especialmente aquellos que dependen de las lluvias y tienen pocas posibilidades de acceder a sistemas de riego o mecanismos de protección frente a fenómenos extremos. En Guatemala, Honduras y El Salvador, por ejemplo, organizaciones humanitarias ya registraron pérdidas importantes en cultivos de maíz y frijoles. Según una evaluación citada por Reuters, unos 91.000 hogares rurales fueron afectados en 58 municipios, mientras más de 70.000 familias productoras de maíz informaron pérdidas consideradas catastróficas.

La amenaza sobre los alimentos también puede trasladarse rápidamente a los precios. Cuando las cosechas disminuyen, la menor oferta de productos agrícolas puede generar aumentos que golpean especialmente a los sectores de menores ingresos. El problema no queda limitado entonces al campo: una crisis climática puede terminar convirtiéndose en una crisis económica y social que afecte la capacidad de millones de familias para comprar alimentos. La evolución de los mercados internacionales ya refleja preocupación por posibles daños sobre cultivos y materias primas vinculadas con la agricultura.

La situación adquiere mayor gravedad porque el fenómeno climático podría prolongarse durante varios meses. La Organización Meteorológica Mundial informó que existe una probabilidad cercana al 100 por ciento de que El Niño continúe al menos hasta febrero de 2027 y advirtió que el episodio podría convertirse en uno de los más intensos registrados. El organismo también señaló que el calentamiento de los océanos asociado al cambio climático puede potenciar algunos de los impactos provocados por este fenómeno natural.

Frente a este escenario, los organismos internacionales remarcan la importancia de anticiparse a los efectos sobre las poblaciones más vulnerables. Los sistemas de alerta temprana, la asistencia a productores, la protección de las reservas de alimentos y la planificación de recursos hídricos aparecen como herramientas fundamentales para reducir el impacto. La experiencia de otros episodios de El Niño demuestra que la magnitud de una emergencia no depende exclusivamente de la intensidad del fenómeno, sino también de la capacidad de los gobiernos y las comunidades para prepararse y responder.

La advertencia sobre los 16 millones de personas en riesgo vuelve a mostrar hasta qué punto la crisis climática está vinculada con problemas concretos de la vida cotidiana, como el acceso a los alimentos y el precio de los productos básicos. América Latina enfrenta ahora el desafío de atravesar un fenómeno climático que puede profundizar desigualdades ya existentes y golpear con mayor fuerza a quienes dependen directamente de la producción agrícola. Mientras El Niño avanza hacia su posible máxima intensidad a finales de 2026, la preocupación internacional estará puesta en evitar que la sequía y las pérdidas de cosechas terminen transformándose en una crisis alimentaria de escala regional.

Fuente: Página12

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