Una autopartista santafesina podría cerrar en dos meses por el impacto de las importaciones

INDUSTRIAS
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Cirubon, fabricante de amortiguadores radicado en Alvear, Santa Fe, trabaja actualmente al 30% de su capacidad instalada. La empresa ya despidió a 60 trabajadores y anticipó que podría desvincular a otros 40 si no logra recuperar su nivel de actividad. Su vicepresidente responsabilizó a la apertura de importaciones y denunció el ingreso de piezas chinas a precios que, según afirmó, hacen imposible competir a la industria nacional.

La crisis de la industria autopartista volvió a encender las alarmas en Santa Fe con la situación que atraviesa Cirubon, una empresa dedicada a la fabricación de amortiguadores y otros componentes para el sector automotor. La firma, ubicada en el Parque Industrial de Alvear, atraviesa una fuerte caída de la actividad y advirtió que podría paralizar completamente sus operaciones en un plazo de apenas dos meses si no consigue recuperar sus niveles de producción y ventas. El escenario combina una menor demanda, pérdida de mercados y el avance de productos importados que la empresa considera imposibles de enfrentar en términos de costos.

La magnitud del deterioro queda reflejada en el nivel de utilización de la planta. Cirubon llegó a contar con cerca de 250 trabajadores distribuidos en tres turnos, pero actualmente funciona aproximadamente al 30% de su capacidad instalada. La reducción de los pedidos obligó a achicar progresivamente la estructura y ya tuvo consecuencias concretas sobre el empleo. Según explicó su vicepresidente, Ricardo Cicarelli, la compañía tuvo que despedir a 60 trabajadores y existe la posibilidad de desvincular a otros 40 en caso de que la situación no se revierta.

El problema no comenzó exclusivamente en el mercado interno. De acuerdo con el directivo, Cirubon primero sufrió una fuerte pérdida de sus exportaciones y posteriormente el impacto llegó al mercado argentino. La empresa había logrado colocar sus productos en destinos como Brasil, México y España y también forma parte de la cadena de proveedores de importantes terminales automotrices. Entre sus clientes se encuentran Volkswagen y Toyota, lo que da cuenta del nivel de inserción que llegó a alcanzar la compañía dentro de la industria automotriz.

Uno de los principales cuestionamientos de Cicarelli está dirigido al ingreso de autopartes provenientes de China. El empresario denunció una posible situación de dumping y aseguró que algunos amortiguadores importados llegan al país a valores que considera incompatibles con los costos reales de fabricación. Como ejemplo, mencionó piezas que ingresarían a unos cuatro dólares por unidad. Según su explicación, la estructura de costos que enfrenta una fábrica argentina, entre impuestos, cargas y otros componentes, hace imposible competir con esos precios.

El vicepresidente de Cirubon fue particularmente crítico con la política de apertura comercial impulsada por el Gobierno nacional. Durante su participación en la jornada “Argentina Produce”, realizada en la Asociación Empresaria de Rosario, calificó la situación como un “industricidio” y cuestionó la falta de mecanismos de protección frente a la competencia externa. La advertencia se produce mientras el Gobierno avanza con un esquema de mayor apertura y desregulación en distintos sectores, incluido el mercado de autopartes.

La situación también genera preocupación por el impacto que podría tener sobre el empleo y la actividad económica de la región. Cirubon no es solamente una fábrica, sino parte de una cadena industrial que involucra proveedores, trabajadores, empresas de servicios y otros actores vinculados al sector automotor. Una eventual paralización de la planta profundizaría el deterioro de la actividad industrial en el cordón del Gran Rosario, una zona históricamente caracterizada por su fuerte presencia manufacturera.

Frente a este escenario, la empresa comenzó a analizar alternativas para intentar evitar el cierre. Una de las posibilidades consiste en reconvertir parte de su producción hacia la maquinaria agrícola. Cirubon ya desarrolló cinco piezas destinadas a una empresa del sector y mantiene conversaciones para conseguir nuevos pedidos. Sin embargo, la reconversión requiere tiempo para desarrollar productos, generar contratos y alcanzar un volumen de producción suficiente, mientras que la compañía enfrenta una situación financiera y productiva que exige resultados en el corto plazo.

La experiencia de Cirubon expone así uno de los principales debates que atraviesan actualmente a la industria argentina: cómo competir frente a productos importados en un escenario de apertura comercial, caída de la demanda y elevados costos internos. Para la empresa santafesina, la discusión ya dejó de ser solamente sobre competitividad y pasó a estar directamente relacionada con su supervivencia. Si no aparecen nuevos pedidos o un cambio en las condiciones del mercado, la histórica autopartista podría dejar de producir antes de que termine el año.

El caso vuelve a poner en primer plano el impacto que las políticas comerciales pueden tener sobre las fábricas nacionales y sobre los puestos de trabajo que dependen de ellas. Cirubon todavía busca alternativas para continuar operando y apuesta a la diversificación productiva, pero el margen de tiempo es reducido. Con una planta funcionando a apenas un tercio de su capacidad, 60 despidos ya concretados y otros 40 puestos en riesgo, los próximos dos meses serán determinantes para definir si la empresa logra sostener su producción o termina sumándose a la lista de establecimientos industriales que debieron reducir o abandonar sus operaciones.

Fuente: Motor Económico

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