La reanudación de los ataques entre Estados Unidos e Irán volvió a tensionar los mercados energéticos. El Brent avanzó casi 2% y quedó cerca de los 100 dólares por barril, mientras crece la preocupación por la seguridad del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el abastecimiento mundial de petróleo.
Los precios internacionales del petróleo volvieron a subir con fuerza este jueves ante la nueva escalada del conflicto bélico en Medio Oriente y el aumento de la incertidumbre en torno al tránsito por el estrecho de Ormuz. El recrudecimiento de los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán impactó rápidamente sobre los mercados energéticos, debido al riesgo de que las operaciones militares afecten una de las principales vías de circulación de hidrocarburos del planeta. En la jornada, el Brent, referencia para Europa, avanzó 1,84% hasta los 97,39 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI), utilizado como referencia en Estados Unidos, subió 2,09% y alcanzó los 92,92 dólares.
La magnitud del movimiento adquiere mayor relevancia al compararla con los valores registrados antes de la ofensiva estadounidense e israelí contra Teherán, cuando el Brent se ubicaba alrededor de los 73 dólares por barril. Luego de un acuerdo de paz que permitió cierta normalización, el precio había regresado hacia esos niveles, pero la situación comenzó a cambiar nuevamente desde principios de julio, cuando las tensiones volvieron a aumentar. Ahora, la finalización de una nueva tregua entre Washington y Teherán y la reanudación de los ataques desde el último fin de semana volvieron a instalar el temor de una interrupción más prolongada del suministro energético internacional.
Uno de los principales focos de preocupación se encuentra en el estrecho de Ormuz, una vía marítima ubicada entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán que resulta fundamental para el comercio mundial de hidrocarburos. De acuerdo con el informe publicado por La Nueva Mañana, por ese paso circula aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Cualquier interrupción significativa de su funcionamiento podría generar dificultades para el traslado de crudo y derivados, aumentar los costos de transporte y provocar nuevas presiones alcistas sobre las cotizaciones internacionales. Por eso, la situación militar en la zona es seguida de cerca por los mercados financieros y energéticos.
La preocupación no se limita solamente a la posibilidad de un cierre formal del estrecho. La inseguridad y el riesgo para las embarcaciones que atraviesan la zona también pueden alterar el flujo comercial y elevar los costos asociados a seguros y transporte marítimo. En un escenario de conflicto prolongado, las compañías pueden optar por modificar rutas, demorar operaciones o asumir mayores gastos para garantizar el traslado de los cargamentos. Esa incertidumbre suele trasladarse rápidamente al precio de referencia del petróleo, incluso antes de que exista una interrupción total del suministro. Por eso, los mercados reaccionan ante las amenazas y los movimientos militares aun cuando el flujo físico de crudo todavía no se haya detenido completamente.
La escalada también está acompañada por una fuerte tensión política entre Washington y Teherán. En las últimas horas, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a anticipar la posibilidad de nuevos ataques contra Irán y llegó a plantear, en medio de la disputa por el control de la navegación regional, que el estrecho de Ormuz debería ser rebautizado como “estrecho Trump”. La propuesta se produjo mientras Estados Unidos mantiene su presión militar sobre la República Islámica y las negociaciones para alcanzar una salida diplomática permanecen alejadas. La retórica presidencial estadounidense agrega así un componente político a una situación que ya tiene consecuencias directas sobre los mercados energéticos.
Por su parte, Irán respondió a la ofensiva estadounidense con ataques contra instalaciones y bases vinculadas a Estados Unidos en distintos puntos de la región. Entre los lugares mencionados aparecen Jordania, Baréin, Kuwait e Irak, además de un nuevo ataque contra una base militar norteamericana ubicada en Kuwait. El intercambio de acciones militares incrementa el temor a que el conflicto deje de concentrarse exclusivamente en los territorios directamente involucrados y termine extendiéndose a otros países del Golfo. Esa posibilidad constituye uno de los principales factores de riesgo para el mercado petrolero, debido a que una parte considerable de la producción y del transporte mundial de hidrocarburos se concentra en esa región.
Para los países importadores de energía, una suba sostenida del crudo puede tener consecuencias que exceden al mercado petrolero. El encarecimiento internacional puede aumentar los costos de combustibles, transporte, logística y producción industrial, además de generar presiones sobre los precios internos de aquellos países que dependen de las importaciones. En el caso argentino, el impacto dependerá de cuánto tiempo permanezcan elevados los valores internacionales y de la evolución de los precios locales de los combustibles. Un escenario prolongado de petróleo cercano o por encima de los 90 dólares podría generar nuevas discusiones sobre costos energéticos, aunque el efecto final dependerá también de la política de precios y de las condiciones particulares del mercado local.
El escenario internacional queda así marcado por una combinación de factores que mantienen al petróleo bajo presión: ataques militares, dificultades para avanzar en negociaciones diplomáticas y preocupación por la seguridad de una ruta marítima estratégica. El Brent se encuentra nuevamente cerca de los 100 dólares y los operadores siguen con atención cualquier señal que pueda indicar una interrupción mayor del suministro. Mientras continúen los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán y persistan las amenazas sobre el tránsito por el estrecho de Ormuz, los mercados energéticos seguirán expuestos a fuertes movimientos y a nuevas subas del crudo.
Fuente: La Nueva Mañana



