La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el fenómeno climático ya está consolidado y continuará intensificándose durante los próximos meses. Los pronósticos indican una probabilidad cercana al 100% de que persista hasta febrero de 2027, con riesgos de lluvias extremas, inundaciones, sequías y temperaturas elevadas en distintas regiones del planeta.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de Naciones Unidas, lanzó una nueva advertencia por la evolución de El Niño y anticipó que el fenómeno alcanzará una intensidad muy fuerte durante los próximos meses. De acuerdo con el último boletín publicado por la organización, el episodio ya se encuentra consolidado y las condiciones observadas en el océano Pacífico tropical favorecen una intensificación progresiva que podría llevarlo a su punto máximo hacia finales de 2026. El pronóstico genera preocupación debido a la capacidad de El Niño para modificar los patrones habituales de temperaturas y precipitaciones a escala global.
Uno de los datos que más llamó la atención en el informe es la probabilidad excepcionalmente elevada de que el fenómeno continúe hasta febrero de 2027. Según los modelos utilizados por la OMM, existe una posibilidad cercana al 100% de que El Niño persista durante los períodos comprendidos entre septiembre y noviembre de 2026 y entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. La organización destacó que se trata de un nivel de certeza inusualmente alto y que, por primera vez, uno de sus boletines sobre El Niño y La Niña presenta un pronóstico tan categórico respecto de la continuidad del fenómeno.
La evolución está directamente relacionada con las temperaturas excepcionalmente elevadas del océano Pacífico ecuatorial. En la región utilizada por los especialistas para monitorear el fenómeno, las temperaturas de la superficie del mar ya se encuentran muy por encima de los valores normales. Entre mayo y julio de 2026 el calentamiento promedio alcanzó 1,5 grados Celsius y en julio llegó a 2 grados, mientras que entre finales de julio y mediados de agosto se registraron valores semanales de entre 2,2 y 2,6 grados por encima de la media. Bajo la superficie del océano, en algunas zonas, las anomalías superaron incluso los 8 grados.
La magnitud del calentamiento oceánico explica buena parte de la preocupación de los organismos internacionales. La OMM sostiene que las señales oceánicas y atmosféricas se están reforzando mutuamente y que existe una elevada coincidencia entre los diferentes sistemas de predicción climática. En consecuencia, los especialistas consideran altamente probable que El Niño continúe fortaleciéndose durante los próximos meses hasta convertirse en un episodio de intensidad muy fuerte, antes de alcanzar su máxima intensidad hacia finales de este año. Sus efectos sobre el clima, sin embargo, podrían mantenerse durante buena parte de 2027.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, expresó su preocupación por la evolución del fenómeno y advirtió que el planeta atraviesa una situación especialmente delicada frente al incremento de las temperaturas oceánicas y terrestres. Desde Naciones Unidas remarcaron que El Niño puede generar alteraciones importantes en los patrones meteorológicos y agravar fenómenos extremos que ya afectan a distintas comunidades. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, también pidió fortalecer las medidas de preparación y respuesta debido a los potenciales efectos sobre las poblaciones y las economías.
Entre las principales consecuencias esperadas aparecen cambios significativos en las precipitaciones y las temperaturas, con un incremento del riesgo de inundaciones, sequías y episodios de calor extremo. Para el período septiembre-noviembre de 2026, los modelos de la OMM proyectan una mayor probabilidad de temperaturas superiores a las normales en prácticamente todas las zonas terrestres del planeta. En materia de lluvias, los patrones pueden variar considerablemente según la región, por lo que la organización advierte que la intensidad de El Niño no permite por sí sola determinar exactamente qué ocurrirá en cada país.
América Latina aparece entre las regiones que deberán seguir con especial atención la evolución del fenómeno, aunque los impactos no serán uniformes. El Niño puede favorecer determinadas condiciones de sequía en algunas áreas y aumentar las precipitaciones y el riesgo de inundaciones en otras. La respuesta también estará condicionada por otros factores climáticos, entre ellos el comportamiento de los océanos Atlántico e Índico. Por ese motivo, la OMM insiste en que los pronósticos globales deben complementarse con información elaborada por los servicios meteorológicos nacionales y los centros regionales de seguimiento climático.
El fenómeno también representa un desafío para sectores sensibles al clima como la agricultura, la generación de energía, los recursos hídricos y la salud. Una modificación prolongada de las lluvias puede afectar las cosechas y la disponibilidad de agua, mientras que temperaturas superiores a las habituales pueden aumentar la demanda energética y los riesgos asociados al calor extremo. La OMM anunció que está reforzando la coordinación con los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales y con organismos humanitarios para mejorar los sistemas de alerta temprana y permitir que gobiernos y comunidades puedan anticiparse a los posibles impactos.
La advertencia internacional no significa que todos los países vayan a atravesar las mismas condiciones ni que cada episodio de El Niño produzca idénticas consecuencias. Se trata de un fenómeno natural que forma parte del sistema climático y que normalmente aparece cada dos a siete años, con una duración aproximada de entre nueve y doce meses. Sin embargo, la intensidad prevista para este episodio y la excepcional temperatura de las aguas del Pacífico llevaron a la OMM a reclamar una preparación extraordinaria. Con El Niño encaminándose hacia una intensidad muy fuerte y con una probabilidad cercana al 100% de permanencia hasta febrero de 2027, el desafío será transformar los pronósticos en medidas concretas para reducir el impacto sobre las poblaciones y las economías.
Fuente: Ámbito Financiero



