La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el fenómeno climático se intensificará durante los próximos meses y alcanzaría una intensidad muy fuerte hacia el final de 2026. El episodio podría modificar los patrones de temperaturas y precipitaciones en distintas regiones del mundo.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) encendió una señal de alerta por la evolución del fenómeno de El Niño, que ya se encuentra en desarrollo y que podría convertirse en uno de los episodios más intensos de las últimas décadas. Según la última actualización del organismo dependiente de Naciones Unidas, existe una probabilidad del 100% de que el fenómeno continúe al menos hasta febrero de 2027. La previsión genera preocupación debido a que El Niño altera los patrones habituales de temperatura y precipitaciones y puede incrementar la frecuencia o intensidad de determinados eventos meteorológicos extremos.
El fenómeno comenzó a desarrollarse durante junio de 2026 y las temperaturas de la superficie del océano Pacífico tropical fueron aumentando progresivamente. La OMM anticipa que El Niño continuará fortaleciéndose entre agosto y octubre y que alcanzará una intensidad muy fuerte antes de llegar a su máxima expresión hacia finales de este año. Las mediciones recientes muestran anomalías térmicas superiores a los 2,9 grados en determinadas zonas del Pacífico, un dato que evidencia la magnitud del calentamiento oceánico registrado.
La evolución del fenómeno ocurre además sobre un escenario climático particularmente complejo. Los océanos del planeta atraviesan niveles de temperatura extraordinariamente elevados como consecuencia del calentamiento global, y la aparición de El Niño se suma a esa situación. La combinación puede incrementar todavía más las temperaturas medias en diferentes regiones y modificar las condiciones atmosféricas habituales. Por eso, los especialistas advierten que el impacto del episodio no debe analizarse únicamente como un fenómeno aislado, sino dentro de un contexto de calentamiento global que ya está alterando los sistemas climáticos.
El Niño es una fase cálida del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón climático natural que se produce de manera irregular y que suele aparecer cada dos a siete años. Durante estos episodios, el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico tropical modifica la circulación atmosférica y puede generar consecuencias a miles de kilómetros de distancia. Su duración habitual oscila entre nueve y doce meses, aunque sus efectos concretos varían considerablemente según la región y las características de cada episodio.
Uno de los principales efectos asociados con un El Niño fuerte es la modificación de los regímenes de lluvias. Algunas regiones pueden recibir precipitaciones muy superiores a las habituales, aumentando el riesgo de inundaciones, crecidas de ríos y deslizamientos, mientras que otras pueden atravesar períodos de precipitaciones inferiores al promedio y enfrentar condiciones de sequía. La OMM remarcó, sin embargo, que la intensidad global de El Niño no permite determinar automáticamente cuál será la magnitud de sus consecuencias en cada territorio. Cada región responde de manera diferente al fenómeno.
América Latina aparece entre las regiones que deberán seguir especialmente de cerca la evolución del fenómeno. Diferentes zonas del continente ya registraron situaciones asociadas con alteraciones de las precipitaciones y las temperaturas, con escenarios que pueden ir desde lluvias intensas e inundaciones hasta períodos de déficit hídrico. El impacto sobre la producción agropecuaria también puede ser importante, debido a que los cambios en las lluvias y las temperaturas afectan los ciclos de siembra, cosecha y disponibilidad de agua.
La advertencia de la OMM busca precisamente que los gobiernos y las comunidades puedan anticiparse a los posibles efectos. La secretaria general del organismo, la argentina Celeste Saulo, destacó que El Niño es uno de los fenómenos climáticos más monitoreados del mundo y señaló que los pronósticos por sí solos no evitan los peligros, sino que permiten que las sociedades adopten medidas preventivas. La anticipación resulta especialmente importante para las autoridades encargadas de gestionar emergencias, recursos hídricos, producción agropecuaria, infraestructura y sistemas de salud.
El episodio también podría contribuir a que las temperaturas alcancen valores superiores a los promedios históricos en distintas partes del planeta. La interacción entre El Niño y el calentamiento global puede aumentar la probabilidad de temperaturas extremas, aunque nuevamente los efectos concretos dependerán de cada región. La OMM insiste en que un fenómeno de gran intensidad no significa necesariamente que todos los países vayan a experimentar impactos igualmente severos. Los patrones locales, las condiciones previas y otros factores meteorológicos tienen un papel determinante.
Con el fenómeno encaminándose hacia su etapa de mayor intensidad, los próximos meses serán claves para determinar la magnitud de sus consecuencias. La previsión actual indica que El Niño continuará fortaleciéndose durante la primavera y alcanzará su máximo hacia finales de 2026, con una permanencia asegurada por lo menos hasta febrero de 2027. La combinación de temperaturas oceánicas extraordinariamente elevadas, calentamiento global y alteraciones en los patrones de lluvias obliga a mantener un seguimiento permanente y a reforzar las medidas de prevención ante posibles eventos extremos.
Fuente: C5N y Organización Meteorológica Mundial (OMM).