La nueva planta de Aguas Bonaerenses está ubicada en Ensenada y tendrá capacidad para producir hasta 8.400 bidones diarios. La iniciativa permitirá que la Provincia deje de tercerizar el embotellamiento de agua y abastezca con producción propia a distintas dependencias de la administración bonaerense.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, inauguró en Ensenada la primera planta embotelladora de agua potable de Aguas Bonaerenses (ABSA), una obra que permitirá al Estado provincial asumir internamente una tarea que hasta ahora era realizada por proveedores privados. La instalación cuenta con una capacidad de producción de hasta 8.400 bidones por día y forma parte de un proceso de fortalecimiento operativo de la empresa estatal.
La nueva infraestructura fue construida en instalaciones de ABSA e incluye un edificio destinado al acopio, equipamiento específico para el embotellamiento y el acondicionamiento del circuito necesario para el tratamiento del agua. Con la puesta en funcionamiento de la planta, la empresa bonaerense dejará de tercerizar el proceso y podrá producir directamente los bidones que utiliza la administración provincial. La medida fue presentada por el Gobierno bonaerense como una herramienta para reducir gastos y recuperar capacidades dentro del Estado.
La planta tendrá una producción máxima estimada de 8.400 bidones diarios, volumen que permitirá abastecer a distintas dependencias públicas de la Provincia. El ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, había señalado que, junto con los vehículos incorporados para la distribución, la capacidad de la planta permitirá atender las necesidades de toda la administración provincial. De esta manera, el proyecto no se limita a la producción de agua, sino que contempla también su distribución dentro del esquema estatal.
Durante el acto de inauguración, Kicillof estuvo acompañado por el ministro de Infraestructura y Servicios Públicos, Gabriel Katopodis; el presidente ejecutivo de ABSA, Hugo Obed; y el intendente de Ensenada, Mario Secco. El gobernador destacó las inversiones realizadas para recuperar capacidad operativa de la empresa y sostuvo que la nueva planta forma parte de una transformación de ABSA orientada a fortalecer su funcionamiento y ampliar sus recursos.
La inauguración también tuvo una fuerte dimensión política. Kicillof aprovechó la actividad para defender el papel de las empresas públicas y cuestionar las políticas de privatización impulsadas por el Gobierno nacional de Javier Milei. El gobernador sostuvo que la experiencia de los servicios privatizados en Argentina terminó, según su interpretación, en procesos de vaciamiento y deterioro, y presentó la inversión en ABSA como una demostración de que el Estado puede desarrollar capacidades propias.
La decisión generó además críticas desde sectores opositores. El senador Diego Valenzuela cuestionó que la Provincia destine recursos a una planta embotelladora mientras, según su planteo, ABSA enfrenta problemas vinculados con su situación financiera y con la infraestructura de distribución de agua. La crítica apunta a una cuestión central del debate político bonaerense: si el Estado provincial debe ampliar sus capacidades productivas o concentrar sus recursos en mejorar y ampliar las redes de agua y saneamiento.
La actividad en Ensenada incluyó además la presentación de nuevos recursos destinados al funcionamiento de ABSA. La empresa incorporó 60 camionetas y dos camiones para tareas vinculadas con la limpieza y desobstrucción de colectores cloacales. Con esas incorporaciones, la flota de la compañía alcanzó los 236 vehículos, según la información difundida sobre el acto. El Gobierno bonaerense presentó estas inversiones como parte de una estrategia más amplia para recuperar capacidad operativa y mejorar las herramientas disponibles para el mantenimiento de los servicios.
La inauguración de la planta embotelladora se inscribe así en una disputa política más amplia sobre el rol del Estado y la gestión de los servicios públicos. Para la administración de Kicillof, producir internamente el agua que consume el propio Estado permite reducir la dependencia de proveedores privados y recuperar capacidades que habían sido tercerizadas. Para sus críticos, en cambio, la prioridad debería estar puesta en resolver los problemas estructurales de infraestructura y saneamiento de ABSA. La discusión sobre la planta excede, por lo tanto, la producción de bidones y vuelve a colocar en el centro del debate bonaerense dos modelos contrapuestos sobre la administración de los servicios públicos: uno que apuesta a fortalecer las empresas estatales y otro que cuestiona su eficiencia y reclama una mayor participación privada.
Fuente: Primereando las noticias



