Eurasia concentra la atención mundial con una cumbre que busca avanzar hacia un nuevo orden internacional

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Más de 20 países participan de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái que se desarrolla en Biskek, Kirguistán. Rusia, China, India, Irán y Turquía, entre los principales protagonistas de un encuentro que tendrá en agenda nuevos mecanismos financieros, cooperación regional y una posición común frente a los principales conflictos geopolíticos.

La capital de Kirguistán, Biskek, se convierte esta semana en uno de los principales escenarios de la política internacional. Allí se desarrolla, entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre, la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), un encuentro que reúne a dirigentes de más de 20 países y que adquiere una importancia especial al coincidir con el 25.º aniversario de la organización. La reunión se desarrolla bajo el lema “25 años de la OCS: juntos hacia una paz, un desarrollo y una prosperidad sostenibles” y concentra la atención por el peso político, económico y demográfico de sus integrantes.

Entre los principales dirigentes que participan o tienen prevista su asistencia aparecen el presidente de Rusia, Vladímir Putin; el presidente de China, Xi Jinping; el primer ministro de India, Narendra Modi; el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian; y el mandatario de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. También está prevista la participación del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. La presencia de estos líderes convierte a la cumbre en un espacio de alto nivel para discutir no solamente cuestiones vinculadas a Eurasia, sino también asuntos que tienen impacto directo sobre el escenario internacional.

Uno de los puntos centrales de la agenda será el avance hacia mecanismos financieros propios de la organización. Entre las iniciativas que se encuentran sobre la mesa aparecen la creación de un sistema de pagos independiente y un Banco de Desarrollo de la OCS. El objetivo apunta a profundizar los instrumentos de cooperación económica entre los países miembros y avanzar desde los acuerdos políticos hacia estructuras institucionales capaces de sostener intercambios y proyectos de largo plazo. En un escenario internacional marcado por sanciones, disputas comerciales y tensiones sobre el sistema financiero global, este aspecto adquiere una relevancia estratégica.

La cumbre también tendrá una dimensión directamente vinculada con la política internacional y los conflictos que atraviesan la región. Uno de los objetivos señalados para el encuentro es alcanzar una posición común sobre Irán, en momentos de fuertes tensiones geopolíticas. La participación del presidente iraní junto a los máximos dirigentes de Rusia, China, India y Turquía coloca a la cuestión iraní dentro de una agenda diplomática de gran relevancia, especialmente en un contexto donde las relaciones entre las principales potencias y Occidente atraviesan un período de creciente confrontación.

Otro de los resultados esperados es la aprobación de la denominada Declaración de Biskek, vinculada al 25.º aniversario de la organización, junto con una serie de acuerdos destinados a profundizar la cooperación en diferentes áreas. La agenda contempla además proyectos relacionados con seguridad y lucha contra amenazas transnacionales. Entre ellos aparece la creación de un Centro Universal para Combatir los Nuevos Desafíos y Amenazas y un Centro de Lucha contra los Delitos relacionados con las Drogas, iniciativas anunciadas previamente por el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.

El peso de la OCS puede medirse también por su dimensión territorial y demográfica. Según los datos difundidos en el marco de la cumbre, los países que integran la organización reúnen alrededor de 36 millones de kilómetros cuadrados, equivalentes aproximadamente al 65% del territorio de Eurasia, mientras que su población conjunta supera los 3.400 millones de personas. Esto representa cerca de la mitad de la población mundial y constituye uno de los principales argumentos para quienes consideran que la organización dejó de ser exclusivamente un espacio regional para transformarse progresivamente en un actor con capacidad de incidencia global.

Sin embargo, uno de los principales desafíos será convertir ese peso político, territorial y económico en mecanismos concretos de acción conjunta. Especialistas citados por RT remarcan que los integrantes de la OCS no necesariamente tienen una interpretación idéntica sobre conceptos como multipolaridad y cooperación internacional. Encontrar puntos de coincidencia entre países con intereses diferentes será, por lo tanto, una de las claves para determinar hasta dónde puede avanzar la organización. El desafío consiste en que los consensos políticos puedan traducirse en instituciones, acuerdos y herramientas que funcionen de manera efectiva.

La cumbre de Biskek, en definitiva, se desarrolla en un momento de profundas transformaciones del escenario internacional. Rusia, China, India, Irán y otros países de Eurasia buscan profundizar mecanismos de cooperación mientras crece el debate sobre la configuración de un mundo multipolar. Más allá de los acuerdos concretos que finalmente sean aprobados, el encuentro constituye una señal del peso creciente que estos espacios pretenden adquirir en la definición de las reglas internacionales. El resultado de las reuniones y la capacidad de la OCS para transformar sus consensos en herramientas concretas serán algunos de los principales indicadores para evaluar el alcance de esta nueva etapa.

Fuente: RT Actualidad

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