Crece la mora de los hipotecados UVA y vuelven las dudas sobre el costo de endeudarse

El Congreso
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El sistema de créditos hipotecarios UVA vuelve a quedar bajo la lupa por el aumento de la mora y el crecimiento de los saldos adeudados. Mientras el Gobierno impulsa nuevas líneas de financiamiento, familias que tomaron préstamos ajustados por inflación advierten que sus deudas crecieron muy por encima de sus ingresos y que cada vez resulta más difícil sostener las cuotas.

Los créditos hipotecarios UVA volvieron a quedar en el centro del debate económico argentino debido al aumento de la mora y a las dificultades que enfrentan numerosos hogares para sostener las cuotas. Un informe publicado por Página/12 recoge testimonios de personas que accedieron a este tipo de financiamiento y que, con el paso de los años, terminaron debiendo mucho más de lo que originalmente habían recibido. Uno de los casos que sintetiza el problema aparece reflejado en el título de la nota: una persona asegura que recibió un préstamo de dos millones de pesos y que actualmente debe 160 millones.

El problema está relacionado con el funcionamiento de los créditos UVA, cuyo capital se actualiza mediante una unidad vinculada a la evolución de la inflación. A diferencia de un préstamo tradicional con una cuota fija en pesos, la deuda de los créditos UVA puede aumentar en función de la actualización del capital. Esto significa que, cuando los precios suben, también puede incrementarse el saldo pendiente y, dependiendo de las condiciones del préstamo y de la evolución de los ingresos, la deuda puede crecer a un ritmo difícil de acompañar para las familias.

La situación genera especial preocupación porque el deterioro de la capacidad de pago aparece en momentos en los que el sistema financiero vuelve a impulsar el crédito hipotecario como una herramienta para acceder a la vivienda. El Gobierno nacional anunció nuevas líneas de préstamos que también tienen a la inflación como una variable central en la evolución de las cuotas. La discusión, por lo tanto, no pasa solamente por facilitar el acceso al crédito, sino por determinar qué riesgos asumen las familias cuando sus ingresos no necesariamente evolucionan al mismo ritmo que el valor de la deuda.

La experiencia de los hipotecados UVA funciona como antecedente de esa discusión. Página/12 señala que existen personas que solicitaron créditos por alrededor de 80.000 dólares en 2018 y que actualmente deben más de 130.000 dólares. El dato permite dimensionar una de las principales críticas realizadas al sistema: aun después de varios años de pagar cuotas, determinados deudores pueden encontrarse con un capital pendiente considerablemente superior al monto original.

El crecimiento de la mora agrega otro elemento de preocupación. Cuando una familia deja de poder afrontar la cuota mensual, la deuda no desaparece y puede continuar acumulándose, mientras los atrasos generan nuevas dificultades para regularizar la situación. El problema puede transformarse así en un círculo difícil de romper: los ingresos pierden capacidad frente a los gastos cotidianos, la cuota hipotecaria representa una parte cada vez mayor del presupuesto familiar y cualquier atraso puede profundizar todavía más el endeudamiento.

La discusión también recupera un viejo debate sobre la relación entre inflación, salarios y financiamiento de largo plazo. Un crédito hipotecario puede extenderse durante décadas, por lo que pequeñas diferencias en la evolución de los ingresos y de la deuda terminan teniendo consecuencias significativas con el paso del tiempo. En un escenario de inflación elevada, la utilización de mecanismos de actualización puede proteger al sistema financiero frente a la pérdida de valor de la moneda, pero al mismo tiempo puede trasladar un nivel importante de riesgo hacia quienes toman el préstamo.

El Gobierno sostiene la necesidad de ampliar las herramientas de financiamiento para que más familias puedan acceder a una vivienda propia. Sin embargo, el antecedente de los créditos UVA plantea una pregunta central: ¿cómo garantizar que una persona pueda sostener durante décadas una deuda cuya evolución depende de variables económicas que no controla? La experiencia de los hipotecados que actualmente enfrentan dificultades demuestra que el acceso inicial a una cuota relativamente accesible no necesariamente significa que el préstamo vaya a resultar sostenible durante toda su vigencia.

En este escenario, las organizaciones que nuclean a los hipotecados UVA vuelven a reclamar atención sobre el problema y advierten que las dificultades no desaparecieron con el paso del tiempo. El desafío consiste en encontrar mecanismos que permitan compatibilizar el acceso al crédito con una estructura de deuda que no termine volviéndose impagable para los hogares. La discusión cobra todavía mayor importancia frente a la intención de expandir nuevamente los préstamos hipotecarios: la experiencia acumulada por los deudores debería servir para evaluar las condiciones, los riesgos y las herramientas de protección necesarias antes de comprometer a una familia con una deuda de varias décadas.

El debate sobre los créditos UVA, finalmente, vuelve a mostrar una de las tensiones centrales de la economía argentina: la necesidad de generar financiamiento de largo plazo en una economía marcada históricamente por la inflación. Mientras las nuevas líneas hipotecarias buscan recuperar el crédito como instrumento para acceder a la vivienda, miles de familias continúan lidiando con las consecuencias de préstamos tomados bajo un esquema de actualización que terminó multiplicando sus saldos. El caso de quienes aseguran haber recibido dos millones y deber hoy 160 millones funciona como una imagen contundente de esa problemática y obliga a discutir no solamente cómo facilitar el acceso al crédito, sino también cómo evitar que una herramienta destinada a garantizar una vivienda termine convirtiéndose en una deuda imposible de afrontar.

Fuente: Página12

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