Las inundaciones repentinas arrasaron zonas del norte de Nepal, cerca de la frontera con China. Hay decenas de heridos, rutas y puentes destruidos y un enorme operativo de rescate para localizar a cientos de personas desaparecidas.
Una tragedia de enormes dimensiones golpea al norte de Nepal. Las inundaciones repentinas provocadas por una crecida extraordinaria de los ríos dejaron 165 personas muertas y otras 823 desaparecidas, según el último reporte de la Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres del país. Entre quienes no pudieron ser localizados hay residentes, integrantes de las fuerzas de seguridad y turistas nacionales y extranjeros.
El desastre afectó especialmente al distrito de Rasuwa, en la zona fronteriza del Himalaya con China. Las localidades de Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi quedaron alcanzadas por una enorme masa de agua y sedimentos, en las proximidades de uno de los principales pasos terrestres hacia el Tíbet.
La emergencia también provocó importantes daños en la infraestructura. Al menos 19 puentes y unos 40 kilómetros de rutas fueron destruidos o afectados, además de instalaciones hidroeléctricas y otras estructuras. La destrucción de los caminos complica seriamente el trabajo de los equipos de rescate, que intentan llegar a las zonas más golpeadas.
Hasta el momento, 73 personas resultaron heridas y permanecen bajo atención médica. Mientras tanto, continúan las tareas de búsqueda de sobrevivientes y desaparecidos, aunque las condiciones geográficas y la destrucción de las vías de comunicación dificultan el operativo.
Un deslizamiento de tierra habría desencadenado la tragedia
En las primeras horas se había informado sobre un supuesto terremoto en la región. Sin embargo, posteriormente el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) aclaró que el movimiento registrado no había sido provocado por un terremoto convencional.
Según el organismo, un enorme deslizamiento de tierra y hielo se precipitó desde una ladera hacia el río Lhende Khola, afluente del Bhote Koshi. El fenómeno generó una gigantesca corriente de agua, barro y rocas que avanzó por los valles y arrasó todo a su paso. El movimiento tuvo una magnitud equivalente a 5,2, pero fue consecuencia del propio deslizamiento.
La violencia del fenómeno fue tal que la crecida afectó localidades, rutas, puentes y zonas de infraestructura estratégica. Las autoridades trabajan además con información que todavía puede modificarse, ya que existen sectores donde los equipos de emergencia aún no pudieron ingresar.
La situación también tiene una dimensión internacional debido a la presencia de turistas y peregrinos extranjeros en la región. Diferentes balances mencionan a ciudadanos de numerosos países entre las personas cuyo paradero todavía no pudo determinarse.
El desastre alcanzó además al Tíbet, del lado chino de la frontera. Los registros posteriores ampliaron considerablemente el número de personas que permanecen sin localizar en ambos lados de la frontera, por lo que el balance total de la catástrofe podría continuar aumentando a medida que avanzan las tareas de rescate.
Las autoridades de Nepal y China mantienen desplegados equipos de emergencia mientras organismos humanitarios internacionales comenzaron a movilizar asistencia. La prioridad es encontrar sobrevivientes y garantizar el acceso a comunidades que quedaron prácticamente aisladas.
La tragedia vuelve a poner bajo la lupa la vulnerabilidad de las poblaciones del Himalaya frente a fenómenos extremos. En cuestión de minutos, una combinación de hielo, rocas, agua y barro convirtió los valles en zonas de desastre, dejando un saldo que todavía resulta difícil de dimensionar.
Fuente: Noticias Argentinas



