San Martín: la Patria como deber, el pueblo como destino

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“Cada generación tiene sus propios Andes.”

San Martín: la Patria como deber, el pueblo como destino

Hay hombres que pertenecen a una época y hombres cuya conducta atraviesa el tiempo. José de San Martín integra esa estirpe excepcional de seres humanos que, habiendo vivido dentro de circunstancias históricas concretas, terminan convirtiéndose en una medida moral para juzgar todas las épocas.

SanMartínnoessolamenteelLibertadorquecruzólosAndes,organizóunejércitoy condujopuebloshacialaindependencia.Es,antesquenada,laexpresióndeunamanera de comprender la Patria: no como un territorio para poseer, sino como una causa a la cual servir; no como una palabra para pronunciar en los actos oficiales, sino como un deber que exige renunciamientos, coraje y entrega.

Por eso se lo ama.Y por eso se lo respeta.

Se lo ama porque en su vida habita el drama de quien entregó todo sin reclamarlo todo.Selorespetaporquetuvopoderynohizodelpoderunapropiedadpersonal.Pudo someter, pero eligió liberar. Pudo coronarse, pero prefirió apartarse. Pudo utilizar la gloria para enriquecerse, y terminó sus días lejos de la tierra que había contribuido decisivamente a emancipar. En tiempos en que muchos entienden la política como el artedeconservar posiciones,SanMartínpermanececomoel ejemplo dequien concibió el mando como una obligación transitoria puesta al servicio de una misión superior.

La grandeza sanmartiniana no reside únicamente en sus victorias militares. Su grandeza más profunda se encuentra en haber comprendido que ninguna libertad individual puede sostenerse dentro de una comunidad sometida. Para él, la independencia no constituía una abstracción jurídica ni podía agotarse en el reemplazo de unas autoridades por otras. Independizarse significaba que los pueblos de América adquirieran la capacidad de decidir su propio destino, sin obedecer los intereses de las potencias extranjeras.

Allí aparece el primer vínculo doctrinario con el peronismo: la soberanía política.

Cuando Juan Domingo Perón formuló las tres banderas de justicia social, independenciaeconómicaysoberaníapolítica,noinventóunaPatriadistintadeaquella por la que había luchado San Martín. Recuperó, bajo las condiciones sociales y económicasdelsigloXX,elnúcleoinconclusodelaemancipaciónamericana.

San Martín había combatido contra la dominación colonial visible, encarnada en ejércitos y autoridades extranjeras. El peronismo advirtió que una nación podía conservar su bandera, su himno y sus instituciones formales y, sin embargo, continuar subordinada mediante la economía, la deuda, la apropiación de sus recursos y la dependencia cultural. La independencia obtenida en los campos de batalla debía prolongarse en los talleres, las fábricas, los puertos, los ferrocarriles, las escuelas y la vida cotidiana de los trabajadores.

No existe,porsupuesto,unaidentidadautomáticaentreSanMartínyel peronismo. Sería un anacronismo reducir al Libertador a una filiación partidaria que surgió más de un siglo después de su gesta. Pero sí existe una continuidad histórica y espiritual: la convicción de que la Nación debe ser dueña de sus decisiones y de que la política sólo alcanza dignidad cuando coloca los intereses generales del pueblo por encima de los privilegios particulares.

Esa continuidad explica la profunda presencia de San Martín en la doctrina peronista.Perónnolocontemplócomounafigurainmóvil,encerradaenelbronce,sino como un conductor político y militar cuya enseñanza seguía vigente. En ambos aparece la idea de organización, disciplina, conducción, unidad y primacía del interés colectivo. En ambos existe una mirada continental: la Argentina no puede realizarse plenamente dentro de una América del Sur fragmentada, enfrentada consigo misma o sometida a decisiones adoptadas fuera de sus fronteras.

El Ejército de los Andes fue mucho más que una fuerza militar. Fue un pueblo organizado alrededor de un objetivo común. En él convivieron militares, trabajadores, artesanos, campesinos, negros, libertos, mujeres y familias enteras que aportaron bienes, conocimientos, esfuerzo y sacrificio. El cruce no fue la hazaña solitaria de un héroemontadoacaballo;fuelaobracolectivadeunacomunidadmovilizadaporunacausa.

Esa verdad contiene una enseñanza profundamente popular: los grandes procesos históricosnuncasonrealizadosporunsolohombre,peronecesitanhombrescapacesde interpretar, organizar y conducir las energías de su pueblo.

La doctrina peronista denominaría a esa comunidad organizada. No se trata de una multitud obediente ni de una sociedad dominada por el Estado. Se trata de un pueblo consciente de sus derechos, unido alrededor de objetivos nacionales y capaz de transformarlasolidaridadenunafuerzapolítica.SanMartínorganizórecursosescasos, formó soldados, estimuló la producción, convocó sacrificios y construyó una moral colectiva.Comprendióquelavictorianodependíasolamentedelasarmas,sinotambién de la conciencia que justificaba empuñarlas.

PerounaPatriasoberananopuedeedificarsesobreunpueblohumillado.

Allísurgeelvínculoconlajusticiasocial.

San Martín vivió en una sociedad atravesada por jerarquías coloniales, desigualdades y exclusiones que no podían desaparecer de un día para otro. Sin embargo, su actuación mostró una vocación igualadora incompatible con la conservaciónpasivadelviejoorden.Lalibertaddevientres,laincorporacióndesectores populares a la lucha emancipadora, la preocupación por la educación y las medidas adoptadas durante su Protectorado del Perú revelan que su concepción de la independencia poseía una dimensión social.

El peronismo llevó esa intuición al corazón del Estado moderno. Sostuvo que la libertad política carece de realidad para quien vive sometido por el hambre, la desocupaciónolaausenciadederechos.Untrabajadorsinsalariodigno,unafamiliasin vivienda, un anciano abandonado o un niño excluido de la educación podrán ser jurídicamente libres, pero no serán verdaderamente libres.

Eva Perón expresó esa dimensión afectiva y moral de la justicia social. Con ella, el dolor de los humildes dejó de ser una estadística y se convirtió en una interpelación directa al poder. La Patria ya no podía proclamarse grande si sus hijos permanecían desamparados. En esa ética del servicio hay también una resonancia sanmartiniana: la autoridad no encuentra su justificación en el rango, sino en lo que está dispuesta a ofrecer y sacrificar por los demás.

Elkirchnerismo,surgidodespuésdeladevastacióneconómica,socialeinstitucional de2001,recogióesasbanderasdentrodeunaArgentinadistinta.SuvinculaciónconSan Martín tampoco debe buscarse en una identificación literal, sino en la recuperación de problemashistóricosquepermanecíanabiertos:lasubordinacióneconómica,la

fragilidad del Estado, la exclusión social, la integración latinoamericana y la necesidad de reconstruir una conciencia nacional.

Cuando Néstor Kirchner afirmó que no dejaría sus convicciones en la puerta de la CasaRosada,recuperólaidea dequegobernarnoconsistesimplementeenadministrar lo existente. Gobernar es asumir una posición frente a la historia. Es decidir a favor de quién se ejerce el poder y qué intereses deben ser enfrentados cuando contradicen el bienestar general.

La cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, la recuperación del papel del Estado, la reapertura de las negociaciones colectivas, la ampliación de derechos previsionales, la política de derechos humanos y la apuesta por la integración regionalrespondieronaunaconcepciónpolíticaquecolocónuevamenteendiscusiónla soberanía efectiva de la Nación.

Con Cristina Fernández de Kirchner, esa perspectiva se expresó en decisiones como la recuperación del sistema previsional y de YPF, la ampliación de derechos civiles y sociales, el fortalecimiento de la ciencia y la tecnología, y la defensa de la capacidad estatalparaintervenirfrenteapodereseconómicosconcentrados.Podrándiscutirsesus instrumentos, resultados, errores y contradicciones, como corresponde en toda democracia. Pero no puede comprenderse el sentido histórico del kirchnerismo si se lo reduce a una sucesión de medidas aisladas o a las personas que lo condujeron.

Su pretensión doctrinaria fue volver a situar al Estado como instrumento de transformación y al pueblo como sujeto de derechos.

LarelaciónentreSanMartín,elperonismoyelkirchnerismoseencuentra,entonces, en una misma pregunta fundamental: ¿puede llamarse Patria a una Nación cuyas decisiones esenciales son tomadas por poderes ajenos a la voluntad popular?

San Martín respondió con la emancipación. Perón respondió con la independencia económica, la soberanía política y la justicia social. El kirchnerismo procuró responder mediante la reconstrucción estatal, la ampliación de derechos y la integración latinoamericana.

Cada respuesta nació en su propio tiempo y ninguna estuvo exenta de límites. Pero las tres pertenecen a una tradición nacional, populary americanista que rechaza la idea de que la Argentina deba resignarse a ser una periferia obediente.

También las une el concepto de dignidad. San Martín no luchó solamente para desplazar autoridades; luchó para que los americanos dejaran de ser súbditos y pudieran reconocerse como ciudadanos de pueblos libres. El peronismo convirtió a los trabajadores, históricamente relegados, en protagonistas visibles de la vida política. El kirchnerismo incorporó a esa tradición la centralidad de la memoria, la verdad y la justicia,afirmandoqueunademocracianopuedefundarsesobreelolvidoorganizadoni sobre la impunidad del terrorismo de Estado.

En los tres momentos aparece una lucha contra distintas formas de sometimiento: el colonial, el social, el económico y el institucional.

Sin embargo, reivindicar esta continuidad no significa apropiarse de San Martín ni colocarlo al servicio de una facción. Ningún espacio político puede declararse dueño exclusivodelLibertador.SanMartínperteneceatodalaNaciónyatodoslospueblosque ayudó a emancipar. Pero precisamente porque pertenece a todos, su nombre tampoco puede utilizarse para encubrir políticas contrarias a aquello que su vida representa.

Noalcanzaconrendirlehomenajesmientrasseaceptamansamentelasubordinación nacional. No alcanza con colocar su retrato en los despachos si el poder se ejerce para proteger privilegios. No alcanza con invocar su austeridad para exigir sacrificios únicamentealoshumildes.Noalcanzaconhablardeunidadnacionalcuandoseexcluye del concepto de Nación a quienes trabajan, producen, estudian, buscan empleo o reclaman una vida digna.

Honrar a San Martín exige algo más difícil que admirarlo: exige confrontar nuestras decisiones con su ejemplo.

El amor verdadero por San Martín no puede ser decorativo. Debe incomodar. Debe obligarnos a preguntarnos cuánto estamos dispuestos a entregar por la Patria y cuánto pretendemos obtener de ella. Debe recordarnos que la soberanía no es una herencia definitivamenteadquirida,sinounaconstruccióncotidiana.Cadageneraciónrecibeuna Nación inconclusa y debe decidir si profundiza su libertad o entrega parte de ella.

San Martín conoció la calumnia, la ingratitud y el exilio. Supo que la historia no siempre recompensa inmediatamente a quienes sirven a una causa justa. Su retiro no fue indiferencia, sino una última forma de renunciamiento: se apartó para no convertir su prestigio en motivo de una guerra entre hermanos. Esa conducta contiene una ética políticaextraordinaria.Enseñaquelasconviccionesdebensostenerseconfirmeza,pero

que ninguna ambición personal puede colocarse por encima de la paz y del destino colectivo.

Elperonismoyelkirchnerismosólopuedenconsiderarseherederosdeesatradición si conservan la capacidad de anteponer el pueblo a sus dirigentes, la doctrina a los cargosylaPatriaalos intereses sectoriales.La lealtad,ensusentidomáselevado,noes obediencia ciega a una persona. Es fidelidad a una causa: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación.

Por eso San Martín no debe quedar inmóvil en una estatua. Hay que devolverlo a la discusión pública, a las escuelas, a los sindicatos, a las universidades, a las unidades básicas,alasinstitucionesyacadalugardondelaArgentinapiensesuporvenir.Hayque hablar de él no como una figura distante, sino como una presencia moral que todavía nos pregunta qué significa ser libres.

Tal vez la respuesta se encuentre en una misma corriente que atraviesa nuestra historia: la Patria es soberanía o es dependencia; es justicia social o es privilegio; es comunidad organizada o es fragmentación; es memoria o es impunidad; es solidaridad continental o es soledad subordinada.

San Martín abrió el camino de la emancipación. El peronismo transformó esa emancipaciónenunadoctrinadesoberaníanacionalydignidadsocial.Elkirchnerismo, con sus aciertos y sus deudas, procuró reponer esas banderas en una Argentina herida por la desigualdad, el endeudamiento y el descreimiento.

Nosoncapítulosidénticos.Sonmomentosdiferentesdeunamismaluchaargentinay latinoamericana por construir una comunidad que no se arrodille ante los poderosos ni abandone a los débiles.

Amar a San Martín es amar esa Patria posible. Respetarlo es aceptar que la libertad tieneunprecioyqueeseprecionopuederecaersiempresobrelosmismos.Continuarsu obra significa comprender que la Cordillera cambia de forma en cada época: unas veces se presenta como un ejército colonial; otras, como dependencia económica, injusticia social, endeudamiento, concentración del poder o resignación cultural.

Y cada generación debe decidir si los contempla desde la comodidad del llano o sireúne el valor necesario para atravesarlos.

San Martín eligió atravesarlos.

Allí radica su inmortalidad. Y allí se encuentra el mandato que su vida todavía pronuncia sobre nosotros: construir una Patria soberana, socialmente justa, económicamenteindependienteyprofundamentelatinoamericana;unaPatriaenlaque ningún argentino tenga que vivir de rodillas y en la que el poder vuelva a ser, como lo fue para el Libertador, una forma exigente, austera y apasionada de servir al pueblo.

Por el Dr.Federico Héctor Vinciguerra Bertone

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