Tía Maruca cerró su planta en San Juan y estalló el conflicto por las indemnizaciones

TIA MARUCA INDUSTRIA GASTRONOMICA
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La histórica empresa de galletitas Tía Maruca confirmó el cierre definitivo de su planta de producción en Albardón, San Juan, como consecuencia de la fuerte caída del consumo masivo. La decisión deja sin empleo a decenas de trabajadores y abrió un conflicto gremial por las indemnizaciones, ya que los empleados denuncian que las ofertas realizadas por la empresa no respetan lo establecido por la legislación laboral.

La decisión de Tía Maruca representa un nuevo golpe para la industria alimenticia nacional, uno de los sectores que en los últimos meses viene sintiendo con mayor intensidad el impacto de la retracción del consumo. La empresa comunicó el cierre definitivo de su establecimiento ubicado en el departamento de Albardón, en la provincia de San Juan, argumentando que la operación de la planta se volvió económicamente inviable debido a la caída sostenida de las ventas, el incremento de los costos operativos y la baja utilización de su capacidad productiva.

La fábrica había sido incorporada por la compañía en 2017 tras la adquisición de las instalaciones de la firma Dilexis, en una operación que marcó uno de los momentos de mayor expansión de la marca. Durante años, la planta se convirtió en un importante centro de producción de galletitas para el mercado interno y también abasteció exportaciones hacia países de la región. Su cierre pone fin a casi dos décadas de actividad industrial en un establecimiento que era uno de los principales empleadores privados de Albardón.

Según explicó la empresa, durante los primeros meses de 2026 la planta funcionaba apenas con un nivel de utilización cercano al 52 % de su capacidad instalada. Esa baja actividad elevó significativamente los costos por unidad producida y redujo la competitividad de la compañía frente a un mercado cada vez más afectado por la caída del consumo y la competencia de productos de menor precio. En ese escenario, la continuidad del establecimiento dejó de ser sustentable desde el punto de vista económico.

El cierre tuvo un impacto inmediato sobre los trabajadores, quienes comenzaron a recibir los telegramas de despido y organizaron protestas frente a la planta para exigir respuestas. Además de cuestionar la decisión empresarial, los operarios denunciaron que las primeras propuestas indemnizatorias presentadas por la firma no respetan los parámetros previstos por la Ley de Contrato de Trabajo. Esa situación dio origen a un conflicto gremial que ahora deberá resolverse en el ámbito administrativo y, eventualmente, en la Justicia laboral.

Las negociaciones entre la empresa y los representantes de los trabajadores continúan abiertas, aunque hasta el momento no hubo avances significativos. Los sindicatos reclaman el pago íntegro de las indemnizaciones correspondientes y garantías para que todos los empleados perciban lo que les corresponde por ley. Mientras tanto, el conflicto mantiene en incertidumbre a decenas de familias que dependían de la actividad de la planta y que ahora enfrentan un escenario de desempleo en un contexto económico complejo.

Más allá de las consecuencias laborales inmediatas, el cierre también repercute sobre toda la economía regional. La fábrica mantenía relaciones comerciales con proveedores de materias primas, empresas de transporte, talleres de mantenimiento y numerosos comercios de la zona que veían incrementada su actividad gracias al movimiento generado por los trabajadores. La interrupción de esas operaciones afecta a buena parte del entramado productivo de Albardón y profundiza la preocupación por el deterioro de la industria nacional.

El caso de Tía Maruca se suma a una serie de cierres, suspensiones y despidos registrados en distintos sectores industriales durante los últimos meses, reflejando las dificultades que atraviesan numerosas empresas ante la retracción del mercado interno. Mientras continúan las negociaciones por las indemnizaciones, el cierre de la planta sanjuanina vuelve a poner sobre la mesa el debate acerca del impacto que la caída del consumo tiene sobre la producción, el empleo y la supervivencia de industrias históricas que durante años fueron un motor del desarrollo económico regional.

Fuente: InfoGremiales

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