¿Un “mileísmo sin Milei”? El poder económico y la disputa por el modelo de país

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Mientras el Gobierno de Javier Milei atraviesa crecientes cuestionamientos por sus políticas económicas, los conflictos sociales y las denuncias de corrupción, los grandes grupos económicos parecen tener una mirada diferente. Para el llamado “círculo rojo”, el problema no es el Presidente, sino garantizar que el modelo económico que impulsa se vuelva permanente.

La apuesta de los sectores de poder no está puesta en la figura de Milei, sino en consolidar un profundo cambio de régimen económico que resulte irreversible. De allí surge una idea que comienza a instalarse en algunos ámbitos del poder: la posibilidad de un “mileísmo sin Milei”, es decir, la continuidad del programa económico con un dirigente más moderado, más previsible y políticamente más presentable.

Un modelo de economía de enclave

La orientación económica del Gobierno apunta hacia un esquema similar al de Perú: una economía basada en la explotación de recursos naturales, la apertura irrestricta al capital extranjero y la reducción del papel de la industria y los servicios como motores de desarrollo.

Se trata de un modelo que genera poca demanda de empleo, concentra la riqueza y profundiza las desigualdades territoriales y sociales.

En ese marco, la industria nacional y el sector de servicios vienen siendo golpeados por la apertura importadora, la caída del consumo y la falta de políticas de protección y estímulo.

Las “reformas pendientes”

Los sectores económicos concentrados reclaman avanzar sobre una serie de reformas que consideran fundamentales para consolidar este rumbo.

Entre ellas aparece la modificación de la legislación vinculada a la propiedad de la tierra, facilitando el acceso de grandes capitales extranjeros a zonas estratégicas del país: áreas mineras, territorios con recursos hídricos, regiones petroleras y espacios donde se encuentran las denominadas “tierras raras”, fundamentales para el desarrollo tecnológico global.

A esto se suma el impulso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que otorga beneficios extraordinarios al capital extranjero: estabilidad tributaria por décadas, ventajas aduaneras y la posibilidad de resolver conflictos en tribunales internacionales.

Las inversiones que no llegan

Paradójicamente, pese a las enormes concesiones realizadas al capital privado y al discurso oficial que prometía una “lluvia de inversiones”, los resultados distan de las expectativas.

Los indicadores muestran un escenario preocupante:

  • La formación bruta de capital fijo acumula varios trimestres de caída.
  • La inversión extranjera directa registra un fuerte retroceso.
  • La actividad industrial continúa en niveles deprimidos.
  • El empleo y el consumo siguen mostrando señales de deterioro.

La apertura económica, la desregulación y la flexibilización no han generado el boom inversor prometido.

La disputa de fondo

Más allá de los nombres propios y de las coyunturas políticas, el debate de fondo es qué modelo de desarrollo quiere la Argentina.

Por un lado, un esquema basado en la exportación de recursos naturales, la concentración económica y la dependencia del capital extranjero.

Por otro, un proyecto que apueste por la producción nacional, el empleo, la industria, el mercado interno y la soberanía sobre los recursos estratégicos.

En el mes de la Independencia, la discusión vuelve a poner sobre la mesa una pregunta central: ¿quiénes deciden el rumbo económico del país y al servicio de quiénes se construyen las políticas públicas?

Porque, como advierte Pablo Herrera, para determinados sectores del poder económico, la patria parece importar muy poco. Lo verdaderamente importante es que el modelo permanezca, con o sin Javier Milei.

Por Pablo Herrera – Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos

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