Educación pública: la única alumna de una escuela rural que creó un proyecto de hidroponía para transformar su comunidad

EDUCACION PUBLICA
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Andrea tiene 10 años y es la única estudiante de la escuela rural Pío Zárate, ubicada en el paraje Buena Vista, en el departamento Pocho, Córdoba. Junto a su maestra Fanny Correa desarrolló un proyecto de cultivo hidropónico que busca superar las dificultades del territorio y demuestra el valor de la educación pública en zonas alejadas.

La historia de Andrea, una niña de 10 años que asiste a una escuela rural cordobesa, se convirtió en un ejemplo del rol que cumple la educación pública en los territorios más alejados. La estudiante es actualmente la única alumna de la escuela Pío Zárate, ubicada en el paraje Buena Vista, en plena zona rural del departamento Pocho, a más de 120 kilómetros de la ciudad de Córdoba. Allí, junto a su docente Fanny Correa, lleva adelante una experiencia educativa basada en la innovación y la resolución de problemas reales de su comunidad.

Cada jornada escolar implica un esfuerzo que refleja la realidad de muchas familias rurales argentinas. Andrea recorre aproximadamente 15 kilómetros diarios para llegar a clases, en ocasiones en moto o a caballo, mientras que su maestra viaja cerca de 40 kilómetros desde Salsacate para garantizar la continuidad educativa. La escuela, pese a contar con una sola estudiante, mantiene abierta sus puertas como un espacio fundamental para la comunidad.

La institución tiene una larga historia dentro de la zona. Durante años recibió a generaciones de familias del lugar y funcionó como un punto de encuentro social además de educativo. Aunque actualmente la matrícula se redujo, la escuela continúa cumpliendo una función esencial: garantizar el derecho a la educación en territorios donde las distancias y las condiciones geográficas representan grandes desafíos.

El proyecto que desarrollaron Andrea y su maestra nació a partir de una problemática concreta del territorio. En la zona, las huertas tradicionales presentan dificultades debido a la presencia de animales como vizcachas, caballos y vacas, que pueden destruir los cultivos realizados directamente sobre la tierra. Frente a esa situación, decidieron buscar una alternativa adaptada al ambiente: la hidroponía.

La iniciativa denominada “Hydro Vista, semillas del futuro” propone desarrollar cultivos sin utilizar suelo tradicional, mediante un sistema donde las plantas reciben nutrientes a través del agua. De esta manera, la estudiante no solo aprende contenidos vinculados a ciencias naturales, sino que aplica conocimientos para resolver una necesidad concreta de su entorno.

El proyecto también representa una nueva forma de enseñanza basada en el enfoque STEAM, una metodología que integra ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática para abordar desafíos reales. Para la docente Fanny Correa, la clave fue observar las características del lugar y encontrar una solución desde la propia realidad de la comunidad.

El trabajo recibió un impulso económico cuando en diciembre de 2025 se otorgó un aporte de 5 millones de pesos destinado a acompañar la iniciativa. Ese apoyo permitió avanzar con la construcción del sistema hidropónico escolar y fortalecer una propuesta que combina aprendizaje, producción y compromiso social.

La experiencia de Andrea vuelve a poner en discusión la importancia de sostener las escuelas rurales como espacios de inclusión y desarrollo. Investigaciones sobre educación rural en Córdoba han señalado que estas instituciones muchas veces representan una de las principales presencias del Estado en comunidades alejadas y cumplen funciones que van más allá de la enseñanza tradicional.

Además del aprendizaje académico, la pequeña estudiante desarrolla habilidades vinculadas al pensamiento crítico, la creatividad y la autonomía. Su proyecto demuestra que una escuela pequeña no significa una educación limitada, sino que puede convertirse en un lugar donde surgen ideas innovadoras adaptadas a las necesidades locales.

La historia de Andrea y Fanny refleja una realidad presente en distintas regiones del país: docentes y estudiantes que sostienen la educación pública en contextos complejos, enfrentando distancias, dificultades económicas y desafíos ambientales. En esos lugares, la escuela se transforma en una herramienta de igualdad de oportunidades y de construcción comunitaria.

El proyecto de hidroponía de la escuela Pío Zárate no es solamente una propuesta productiva, sino también un símbolo del potencial que existe cuando la educación logra vincularse con las necesidades concretas de una comunidad. Andrea, con apenas 10 años, demuestra que la innovación también puede nacer en los lugares más pequeños y alejados.

Fuente: La Nueva Mañana

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