La soberanía no se declama, se construye

image
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

El miércoles pasado la Selección Argentina venció a Inglaterra y las imágenes de los jugadores levantando la bandera de las Islas Malvinas recorrieron el país. La emoción fue inmediata. El orgullo nacional volvió a hacerse presente y miles de argentinos y argentinas sintieron que esa bandera representaba una causa que sigue viva en nuestra memoria colectiva.

Pero esa emoción también nos invita a hacernos una pregunta incómoda: ¿la soberanía se defiende únicamente en los símbolos y los gestos patrióticos, o también en las decisiones concretas que definen el futuro de nuestro país?

La discusión cobra especial relevancia cuando observamos lo que sucede con sectores estratégicos para el desarrollo nacional. Uno de ellos es el energético. Allí aparece el caso de Núcleoeléctrica Argentina, la empresa estatal encargada de operar las centrales nucleares Atucha I, Atucha II, Embalse y el proyecto CAREM, una iniciativa de enorme valor tecnológico desarrollada íntegramente en nuestro país.

La energía nuclear representa más del 7% de la generación eléctrica argentina y constituye una herramienta fundamental para garantizar soberanía energética. Sin embargo, el debate actual no pasa solamente por la producción de energía, sino por el modelo de desarrollo que queremos construir como sociedad.

El proyecto CAREM es un ejemplo de ello. Se trata de un reactor modular de diseño y producción nacional que ubica a la Argentina entre un reducido grupo de países capaces de desarrollar tecnología nuclear de vanguardia. Durante años, científicos, ingenieros, técnicos y trabajadores especializados construyeron conocimientos y capacidades que hoy son reconocidos a nivel internacional.

Sin embargo, las decisiones adoptadas por el Gobierno Nacional amenazan con paralizar este desarrollo estratégico. La interrupción de proyectos de investigación y la posibilidad de avanzar en procesos de privatización parcial generan preocupación en amplios sectores vinculados a la ciencia, la tecnología y la producción nacional. La discusión excede lo económico: se trata de definir quién controla recursos fundamentales y qué lugar ocupa el conocimiento argentino en el futuro del país.

Al mismo tiempo, surgen interrogantes sobre el destino de recursos naturales estratégicos, como las reservas de uranio disponibles en territorio nacional. ¿Cuál es el mejor camino para aprovechar esos recursos? ¿Exportarlos como materia prima o utilizarlos para fortalecer una cadena productiva propia que genere valor agregado, empleo y desarrollo tecnológico?

Estas decisiones tienen consecuencias concretas en la vida cotidiana. La energía es un insumo esencial para hogares, industrias, comercios y servicios. Por eso, debatir quién la produce, cómo se administra y con qué objetivos no es una cuestión técnica reservada a especialistas: es una discusión profundamente política y social.

La soberanía implica la capacidad de una comunidad para decidir sobre sus recursos, planificar su desarrollo y construir herramientas que mejoren la calidad de vida de su pueblo. Implica también sostener políticas públicas que fortalezcan la producción nacional, impulsen la innovación tecnológica y generen trabajo de calidad.

Los sectores estratégicos requieren planificación, inversión y una mirada de largo plazo. No pueden quedar exclusivamente subordinados a la lógica de la rentabilidad inmediata. Allí es donde el Estado, junto con la participación democrática de la sociedad, tiene un papel fundamental que cumplir.

Por eso, cuando hablamos de soberanía, no hablamos únicamente de una bandera, un acto o una fecha patria. Hablamos de la energía que consumimos, de la ciencia que producimos, de la tecnología que desarrollamos y de la capacidad colectiva para construir un proyecto nacional con autonomía y futuro.

La pregunta sigue abierta: ¿vamos a limitar la defensa de la soberanía a los momentos de emoción colectiva o también vamos a asumir el desafío de defenderla cuando están en juego nuestros recursos estratégicos, nuestro conocimiento y nuestro desarrollo como país?

Por Gabriela Natch – Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos

Scroll al inicio