El Reino Unido anunció la prohibición total del acceso a las redes sociales para menores de 16 años. En Argentina deberíamos abrir el debate en forma urgente.
Bajo la consigna oficial “devolverles su niñez” sacándolos de las pantallas, la medida de restricción de menores a las redes, fue presentada este mes de junio por el primer ministro Keir Starmer, y busca establecer un antes y un después frente al impacto digital en las nuevas generaciones.
Entre las plataformas se encuentran las poderosas TikTok, Instagram, Snapchat, Facebook, X (ex Twitter) y YouTube. Las empresas que no den cumplimiento efectivo se enfrentarán a multas multimillonarias.
Antes que todo, se realizó una consulta pública masiva. El resultado fue que el 90% de los padres británicos apoyó la prohibición considerando que los riesgos de las redes superan por completo a sus beneficios.
Los argumentos
Principalmente, en ese país europeo se considera que están ante un fracaso de las tecnológicas por una crisis de salud mental. El gobierno indicó que las grandes empresas tecnológicas han tenido múltiples oportunidades para autorregularse y proteger a los menores, pero fracasaron. Las autoridades británicas vinculan el uso desmedido de algoritmos de recomendación y la exposición a contenidos virales con un aumento drástico en los problemas de ansiedad, infelicidad y depresión infantil.
También resolvieron que se debe realizar un bloqueo de funciones “adictivas” y peligrosas. A diferencia de otras leyes, el enfoque británico apunta a las herramientas de retención y diseño psicológico de las aplicaciones. La ley busca erradicar del público menor de 16 años características críticas como el scroll infinito, la reproducción automática, los mensajes efímeros y las transmisiones en vivo.
En tercer lugar, pero para nada menor que los anteriores, es la de realizar una protección contra el contacto de extraños y herramientas de inteligencia artificial. La regulación prohíbe expresamente que los menores interactúen con desconocidos tanto en redes como en plataformas de videojuegos en línea. Además, restringe severamente el acceso a herramientas emergentes, como los chatbots de inteligencia artificial que simulan relaciones románticas o afectivas. Éstos quedarán limitados exclusivamente para mayores de 18 años.
¿Por qué hablarlo en nuestro país?
Las razones principales detrás de la fuerte regulación que el mencionado país pondrá en práctica, se fundamentan en situaciones que nosotros también padecemos en menor o mayor medida.
En este sentido, la Sociedad Argentina de Pediatría, desde su subcomisión de Tics, indicaba ya en el año 2024 que “las redes sociales también pueden presentar riesgos tales como la exposición a contenidos inapropiados o molestos, a imágenes o comentarios agresivos, violentos y/o sexuales, a compartir información personal con extraños que derive en problemas de ciberacoso en todas sus modalidades”.
Asimismo, esta Sociedad en la misma oportunidad citaba informes internos de Meta, donde se indicaba que “Instagram ejerce un impacto negativo sobre la salud mental de los adolescentes, y los usuarios más jóvenes expresan habitualmente que estos hábitos reflejan una de las principales causas del aumento de la ansiedad, la depresión, los trastornos alimentarios y la percepción distorsionada de la imagen corporal”.
En Argentina existen otros organismos gubernamentales y no gubernamentales que también sostienen una posición crítica y de alerta frente al uso desregulado de las redes sociales por parte de los niños, niñas y adolescentes.
De una rápida consulta a los mismos, encontramos que hoy tenemos una combinación de acceso tecnológico casi universal y una falta de marcos regulatorios estrictos que ha consolidado problemáticas complejas como la condición de epidemia de las ciberapuestas y la ludopatía digital, el deterioro de la salud mental y la distorsión de la autoimagen, la violencia digital, la vulneración de la privacidad, el impacto en el desarrollo cognitivo y el rendimiento escolar.
En nuestra sociedad están dadas las condiciones para realizar un amplio debate, teniendo en cuenta la existencia de estas graves problemáticas, solo resta saber si desde los sectores gubernamentales están dispuestos a darlo.
Por Miguel Pavlovsky



