No existía el Estado ni la denominación de Argentina, pero ellos estaban: los pueblos preexistentes, los pueblos originarios!.
Años después, junto con los criollos, lucharon contra el coloniaje impuesto por España y fueron prisioneros, estaqueados y reducidos.
Entre 1711 y 1774 se sucedieron asaltos y enfrentamientos a diversas localidades bonaerenses de los cuales participaron pampas, aucas, tehuelches, etc. contra los españoles y, a veces, lucharon entre sí.
Durante las invasiones inglesas (1806/7), junto con los criollos, negros y pardos, enfrentaron y vencieron a los invasores. Luego, Inglaterra, desplegó su diplomacia y logró aliarse con España, obteniendo concesiones para operar en el puerto de Buenos Aires, en el tráfico de esclavos.
Con el puerto llegó el capitalismo y con ello se fue formando una elite profundamente individualista, ávida de poder, pro-británica, liberal e inescrupulosa en razón de su origen contrabandista.
Por otra parte, hijos de españoles, profesionales y empleados, que fueron atraídos por ideas europeas, comenzaron a reclamar por una vida democrática.
La Revolución de Mayo de 1810 se hizo aprovechando la abdicación de Fernando VII, a raíz de la invasión francesa.
En Buenos Aires se instaló la Primera Junta de Gobierno, cuyo Presidente fue Cornelio Saavedra.
En esta oportunidad los indígenas firmaron la Proclama de Mayo lo que demostró que existían relaciones pacíficas.
Esto permitió a los criollos gobernar autónomamente sin generar ruptura definitiva con España.
Antes de esto, Mariano Moreno, en su tesis doctoral, se centró en el servicio personal de los aborígenes, denunciando los malos tratos que recibían y procedió a defender a varios de ellos contra los patrones y, en sus alegatos, acusó a las autoridades políticas, sufriendo múltiples presiones.
Feliciano Chiclana expuso que la unidad con los indígenas era muy fuerte, señalándolos como amigos, compatriotas y hermanos.
En 1810 el territorio argentino era un tercio de lo que es hoy y fue creciendo producto del despojo territorial a los pueblos originarios.
El 1ro. de noviembre de 1811, se los definió por decreto “estos nuestros hermanos, que son ciertamente los hijos primogénitos de América” y extinguió el tributo que se les imponía desde la conquista española.
La Asamblea de 1813 abolió la mita, el yanaconazgo y todo servicio personal, declarando que los indígenas “son hombres libres e iguales a todos los demás ciudadanos”.
Una cosa son las declaraciones y otras la realidad.
Se fueron suscitando diversos problemas entre aborígenes y “propietarios” , quienes se enfrentaron por las tierras y el ganado.
Hace su aparición el Gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas quien emprendió en 1833 la Primera Conquista del Desierto. El objetivo era asegurar la frontera y recuperar territorios controlados por los indígenas.
Rosas combinó el uso de armas con intensas alianzas y negociaciones diplomáticas con diversos caciques.
Pero la avidez de las élites de Buenos Aires perjudicaron la paz, pergeñándose una campaña que desacreditaba todo lo referente a los pueblos originarios y que ocupó a funcionarios, intelectuales, periodistas y políticos unitarios.
Se los consideraba “salvajes irreductibles”, negaban todo tipo de vínculo político y reclamaban su exterminio como condición necesaria para ocupar sus territorios.
El 20 de agosto de 1839, un conjunto de 1100 ranqueles atacó la guarnición militar de Tapalqué produciendo pérdidas humanas y enormes destrozos.
El 13 de febrero de 1855, Azul -que había sido escenario de violentos enfrentamientos durante la expansión de la frontera-, es atacada por Juan Calfucurá el que, con unos 5000 guerreros mataron 300 pobladores, tomaron 150 cautivos y saquearon 30.000 cabezas de ganado.
El 30 y 31 de mayo de 1855, los caciques Calfucurá, Juan “el joven” Catriel y Chacul, esperaron en Sierra Chica al coronel Bartolomé Mitre, quien pretendía desarticular y castigar a las parcialidades indígenas que dominaban buena parte del sur bonaerense.
Mitre resultó derrotado y su caída fue tan severa que obligó a Buenos Aires a retroceder y retomar las negociaciones con Chacul en 1856.-
El 29 de octubre de 1855, se desata un combate en San Jacinto, cera de Loma Negra, en el partido de Olavarría.
El Estado de Buenos Aires manejado por los unitarios desde la caída del régimen rosista, estaba en tensa e inestable paz con la Confederación Argentina, cuyo Presidente era Justo José de Urquiza.
Calfucurá dominaba un extenso territorio pampeano, siendo la base de su poder el triángulo estratégico de Salinas Grandes (centro político militar), Carhué (zona de pastos para alimento) y Choele Choel (paso clave hacia Chile sobre el río Negro).
Calfucurá se constituyó en aliado de la Confederación.
En 1867, se dicta la ley 215 por la que se extendió la frontera a los ríos Negro y Neuquén.
La Campaña del Gran Chaco. En 1870, el Presidente Domingo Faustino Sarmiento, ordenó la guerra contra guaycurúes, matacos y otros pueblos originarios que habitaban e Chaco Central y Austral, territorio aproximado a 500.000 km2. Las tierras conquistadas a los indígenas fueron incorporadas a Salta, Santiago del Estero y Santa Fe y dieron origen a dos territorios nacionales: Chaco y Formosa.
Los aborígenes vencidos, sufrieron procesos de aculturación, desapoderamiento de sus tierras y trabajos forzados.
En diciembre de 1875, se produce la guerra del Malón Grande, conocido como “la invasión grande”, que fue una coalición unificada por caciques que incluyó a Manuel Nam Uncurá, Pincén, Baigorrita, Catriel, Reque Curá y Purrán.
Se movilizaron más de 5000 guerreros, arrasaron una superficie de 7000 km2 y golpearon duramente partidos clave como Azul, Tandil, Olavarría, Juárez, Tapalqué, Tres Arroyos y Gral. Alvear.
La arremetida de los indígenas obligó a Buenos Aires a idear una defensa y crearon la Zanja de Alsina, construida entre 1876/7, de casi 374 kms. de largo compuesta por fosas, terraplenes y fortines, en el oeste de la provincia de Buenos Aires y territorios aledaños para frenar los malones y evitar las muertes y el robo de ganado.
Este proyecto fue desestimado por Julio Argentino Roca quien optó por una gran ofensiva general que se denominó Campaña del Desierto. A sangre y fuego hicieron una matanza importante dejando en el camino miles de muertos y heridos y llevándose otros tantos prisioneros.
El 25 de mayo de 1879, llegaron a choele Choel y continuaron la “limpieza”.
Más tarde, el Comandante Prado, uno de los participantes dijo “Al ver después despilfarrada la tierra pública, comercializada en concesiones fabulosas de treinta y más leguas, daban ganas de maldecir la conquista lamentando que las tierras no se hallasen aún en manos de los caciques”.
El General Roca recibió 60.000 has. como botín de guerra. Hubo campos para otros generales y oficiales y para los estancieros que habían financiado la matanza.
El posterior reparto de las tierras saqueadas a los indígenas -que adjudicó millones de has. a unos pocos cientos de propietarios- consolidó el poder económico y la gravitación social de una élite cuyos apellidos aún averguenzan las localidades y las calles de los argentinos.
FINAL
Los propietarios actuales de esas tierras son los descendientes de aquellos que las arrebataron a sus legítimos dueños y hoy pretenden -con métodos más sofisticados pero con la misma intención-, continuar con la explotación de los trabajadores, a quienes consideran sus esclavos.
Ellos creen que tienen todos los derechos y ninguna obligación.
PERO LA TIENEN.
Principalmente es aquella por la que actuaron sus “ilustres mayores”.
Aún hoy se recuerda el genocidio en el que participaron:
TIENEN LAS MANOS MANCHADAS DE LA SANGRE DE LOS VERDADEROS DUEÑOS DE LA TIERRA!
Por Elena Marta Curone



