Especialistas argentinos e internacionales encendieron señales de alerta ante la posible formación de un “Súper Niño” durante los próximos meses. Científicos del CONICET y organismos meteorológicos internacionales advirtieron que el fenómeno podría provocar lluvias extremas, inundaciones históricas y graves impactos económicos y sociales en amplias regiones de Argentina y Sudamérica.
El posible regreso de un fenómeno climático extremo volvió a encender preocupación entre científicos, productores agropecuarios y autoridades de distintas provincias argentinas. Diversos modelos internacionales comenzaron a proyectar la consolidación de un evento de El Niño de gran intensidad para el segundo semestre de 2026, con características que podrían ubicarlo dentro de la categoría conocida popularmente como “Súper Niño”. Especialistas advierten que las consecuencias podrían incluir lluvias extraordinarias, desbordes de ríos, inundaciones masivas y fuertes alteraciones económicas y sociales.
Las primeras señales ya son visibles en el océano Pacífico ecuatorial. Según explicó el investigador principal del CONICET Juan José Neiff, actualmente existen anomalías térmicas de entre 0,5 y 2 grados por encima de los valores normales en la superficie del Pacífico, una situación que suele funcionar como indicador previo del desarrollo de eventos El Niño. “Creemos que puede ser un Súper Niño semejante a los que ya hemos tenido en 1982-83 o en 1997-98”, sostuvo el especialista.
Los antecedentes históricos son precisamente uno de los principales motivos de preocupación. El Súper Niño de 1997-1998 provocó una de las mayores catástrofes climáticas de las últimas décadas en Sudamérica. En Argentina, cerca del 35% del territorio correntino quedó anegado, hubo más de 32.000 evacuados y unas 290.000 personas resultaron afectadas por inundaciones y crecidas extraordinarias de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay. A nivel global, organismos internacionales estiman que aquel fenómeno dejó pérdidas económicas superiores a los 30.000 millones de dólares y cerca de 24.000 víctimas fatales.
Las ciudades construidas sobre llanuras aparecen entre las más vulnerables frente a un escenario de lluvias extremas y crecidas simultáneas. Especialistas mencionaron especialmente a Resistencia, Clorinda y Reconquista, donde los sistemas de defensas hídricas fueron diseñados tomando como referencia los niveles alcanzados precisamente durante las inundaciones de 1997-98. El problema es que, si el agua supera esos umbrales o coinciden lluvias intensas con crecidas de ríos, los sistemas de drenaje podrían colapsar rápidamente.
La preocupación no se limita únicamente a las inundaciones urbanas. Los expertos advierten que un Súper Niño podría afectar severamente a sectores productivos clave como la agricultura, la ganadería, la forestación y el turismo. Rutas anegadas, puentes dañados, problemas de abastecimiento y cortes de energía podrían paralizar durante semanas actividades económicas enteras en distintas regiones del país. “Las condiciones críticas son los sistemas humanos que no están adaptados”, resumió Neiff al analizar la vulnerabilidad de las infraestructuras construidas por las personas frente a fenómenos climáticos extremos.
Los modelos meteorológicos internacionales también comenzaron a elevar sus niveles de alerta. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó recientemente una probabilidad del 61% de desarrollo de un evento El Niño significativo durante los próximos meses y una posibilidad cercana al 25% de que alcance categoría de “Súper Niño”. El Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos (ECMWF) incluso proyecta anomalías térmicas oceánicas que podrían superar los 3 grados por encima de lo normal hacia septiembre.
Sin embargo, algunos especialistas locales llaman todavía a la prudencia. Informes de la Bolsa de Comercio de Rosario remarcaron que aún no puede determinarse con precisión la intensidad final que tendrá el fenómeno y señalaron que, por el momento, el escenario más probable para el invierno argentino continúa siendo de precipitaciones dentro de parámetros relativamente normales. La incertidumbre sigue siendo alta y los pronósticos podrían modificarse durante las próximas semanas a medida que se incorporen nuevos datos climáticos.
Más allá de las diferencias sobre la magnitud final del evento, existe consenso científico respecto a la necesidad de prepararse. Especialistas insisten en que gobiernos nacionales, provinciales y municipales deben revisar protocolos de emergencia, fortalecer sistemas de alerta temprana y garantizar infraestructura crítica frente a posibles inundaciones. También recomiendan que las familias cuenten con planes básicos de contingencia, especialmente en zonas históricamente vulnerables a crecidas y anegamientos. “Es muy conveniente alertar sin alarmar”, señalaron desde el ámbito científico.
El eventual desarrollo de un Súper Niño vuelve además a colocar en el centro del debate el impacto del cambio climático y la capacidad de adaptación de las sociedades modernas frente a fenómenos meteorológicos cada vez más extremos. Mientras los ecosistemas naturales suelen mostrar mecanismos de resiliencia acumulados durante siglos, los especialistas advierten que las infraestructuras humanas continúan siendo el eslabón más frágil ante eventos climáticos de gran escala.
Fuente: El Destape
