¿Apretón de manos o pulseada?

Trump y Xijing Ping
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Donald Trump emprenderá esta semana la primera visita de un presidente estadounidense a China en 8 años. En dos días de trabajo, intentará con Xi Jinping limar asperezas, llegar a acuerdos, pero también imponer sus intereses en una guerra comercial que tiene picos y mesetas.

El jueves mantendrán una reunión bilateral, y por la noche una cena de gala, y el viernes un almuerzo de trabajo para, finalmente, comparecer ante el mundo, que estará atento para descubrir señales y leer entre líneas. Las claves serán las caras, las sonrisas si las hay, los elogios o los reclamos, y la foto de unas manos estrechándose que podrían significar un acuerdo o una pulseada que se endurece.

Los temas principales serán variados, en torno a lo comercial y a lo geopolítico. Con Trump estarán 16 gerentes de gigantes tecnológicos, entre ellos Apple, Meta y Boeing. Pero la que más sorprende es la presencia de Elon Musk, porque ratifica un nuevo acercamiento en esta larga novela de encuentros y desencuentros entre ambos magnates.

En este aspecto, los temas a conversar entre los presidentes serán los acuerdos comerciales, una eventual cámara o grupo de inversiones conjunto, la apertura de Estados Unidos para recibir inversiones chinas y el espinoso tema de los aranceles comerciales. Como máximas aspiraciones de Estados Unidos, en la libreta de Trump figuran la eventual venta de 500 aviones de la Boeing a compañías aéreas chinas, y la compra de tierras raras de China, que son fundamentales para la industria tecnológica y militar.

China, por su parte, impondrá un tema que considera esencial en su relación con Estados Unidos: el de Taiwán. Para Pekín, la isla es una provincia rebelde, parte inalienable de su territorio y de su unidad nacional. Pero se gobierna por su cuenta desde 1949, luego de la Revolución de Mao y formación de la República Popular China. Hasta 1971, Taiwán representó a China en la ONU, pero ese año, la administración estadounidense de Richard Nixon cambió de postura y Pekín ocupó su lugar. Hoy, sigue siendo un tema central, y China espera que Washington cambie su retórica en torno a la «isla rebelde».

Y, por supuesto, el otro tema central en las conversaciones de alto nivel, será el de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Y, sobre todo, la situación del Estrecho de Ormuz, hoy controlado totalmente por Teherán. Trump espera que Xi Jinping pueda presionar al gobierno iraní para que abra el estrecho, por el que pasa el 25 por ciento de los hidrocarburos del comercio mundial. Por su parte, China tiene la capacidad de presionar a Irán para intentar eso, pero quizá no tenga la urgencia. Hoy por hoy, el gigante asiático está sufriendo esta crisis energética y el aumento del precio del petróleo, mucho menos que el resto de los países. Por un lado, porque ha diversificado lo suficiente sus fuentes de suministros, y, por otro lado, porque ha acumulado reservas que le bastarían para 7 meses de sus necesidades energéticas.

En cualquier caso, el mundo estará atento estos tres días, porque lo que salga de esta visita puede afectarnos a todos y todas. La comparecencia de los dos líderes frente a la prensa este viernes dirá qué se puede esperar, o dará indicios que deberán ser interpretados. Un exceso de sonrisas y elogios mutuos podría significar concesiones de Estados Unidos a China, y la confirmación del giro geoestratégico de este mundo, cada vez más multipolar. Por el contrario, gestos adustos y pocas sonrisas, podría augurar un agravamiento de la guerra comercial entre las dos potencias y la reanudación de la guerra con Irán. Cualquiera de los dos escenarios, marcará nuestra vida cotidiana en el futuro, tanto inmediato como mediato.

Por Mariano Saravia

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