Los ingresos tributarios volvieron a perder contra la suba de precios y ya acumulan nueve meses consecutivos de caída real. El Gobierno busca sostener el superávit con más ajuste mientras la actividad económica continúa debilitándose.
Los últimos datos difundidos por ARCA encendieron nuevas señales de alarma sobre el rumbo de la economía argentina. Aunque la recaudación tributaria mostró un incremento nominal durante abril, los ingresos del Estado crecieron por debajo de la inflación y volvieron a caer en términos reales. El fenómeno ya no aparece como un hecho aislado sino como una tendencia sostenida: la recaudación acumula nueve meses consecutivos de retroceso frente al aumento de precios.
El deterioro de los recursos fiscales expone una de las principales debilidades del actual modelo económico impulsado por el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo. Según los datos oficiales, durante el primer cuatrimestre del año la recaudación nacional aumentó un 24,5% interanual, pero la inflación proyectada para ese mismo período ronda el 32%. En términos concretos, el dinero que ingresa al Estado vale menos que hace un año y pierde capacidad para sostener gastos, obras y programas públicos.
Uno de los indicadores que más preocupa a economistas y analistas es la caída del IVA, un impuesto directamente relacionado con el consumo y la actividad económica. El IVA impositivo sufrió una baja real cercana al 8,5%, reflejando que el mercado interno continúa muy deprimido. A esto se suma la caída del IVA aduanero y la baja de importaciones, señales que muestran una economía con menor movimiento comercial e industrial.
La situación impacta también sobre las provincias y municipios, ya que gran parte de esos recursos forman parte de la coparticipación federal. La caída de ingresos por IVA y Ganancias afecta directamente las transferencias automáticas a las administraciones provinciales, profundizando tensiones políticas entre la Casa Rosada y los gobernadores. En paralelo, el Gobierno nacional mantiene fuertes recortes sobre subsidios, universidades y partidas sociales para intentar sostener el superávit fiscal como principal bandera económica.
En ese contexto, distintos economistas comenzaron a advertir que el plan económico podría haber ingresado en una dinámica de “círculo vicioso”. El ajuste reduce el consumo y la actividad, eso provoca menor recaudación y, a su vez, obliga al Gobierno a aplicar nuevos recortes para sostener el equilibrio fiscal. Consultoras privadas sostienen que el esquema actual se vuelve cada vez más difícil de sostener social y políticamente.
Mientras tanto, otros indicadores también muestran señales preocupantes. Las ventas minoristas pyme registraron una caída interanual del 3,2% en abril y acumulan más de un año en retroceso. Comercios, industrias y distintos sectores productivos vienen alertando sobre un freno persistente de la economía, con caída del consumo y reducción del poder adquisitivo.
La economista Marina Dal Poggetto advirtió recientemente que Argentina se volvió “cara en dólares” y señaló que el Gobierno enfrenta crecientes dificultades para mantener el equilibrio fiscal en una economía estancada. La especialista remarcó que el programa oficial depende cada vez más de profundizar recortes del gasto para compensar la pérdida de ingresos tributarios.
Pese a este escenario, desde el oficialismo insisten en que “el ancla fiscal no se negocia” y ratifican que continuarán con la política de ajuste. Sin embargo, la caída de la recaudación, el retroceso del consumo y el desgaste social empiezan a abrir interrogantes sobre cuánto tiempo podrá sostenerse el equilibrio fiscal sin una recuperación real de la actividad económica. En medio de la desaceleración productiva y la persistencia inflacionaria, el Gobierno enfrenta uno de los desafíos más complejos desde el inicio de la gestión.
Fuente: La nueva mañana



