La inflación se desacelera pero no alcanza: más de la mitad no cubre la canasta alimentaria

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Aunque los precios mostraron una leve desaceleración en abril, el dato contrasta con una realidad social crítica: más del 50% de las familias no logra cubrir la canasta básica alimentaria. La recuperación sigue sin llegar al bolsillo.

La inflación dio señales de desaceleración en abril, pero el alivio no se traduce en una mejora concreta para la mayoría de la población. Los datos muestran una paradoja cada vez más evidente: los precios crecen a menor ritmo, pero el deterioro social sigue profundizándose.

Según distintos relevamientos, más de la mitad de las familias argentinas no logra cubrir la canasta básica alimentaria, un indicador que refleja la gravedad de la situación. Este dato expone que el problema no es solo la inflación, sino también el nivel de ingresos y su pérdida de poder adquisitivo.

En términos macroeconómicos, la desaceleración inflacionaria es presentada como un logro por el Gobierno, que sostiene que el ajuste fiscal y la política monetaria están empezando a dar resultados. Sin embargo, ese ordenamiento tiene un costo social que se vuelve cada vez más visible.

El impacto se siente con fuerza en los sectores más vulnerables, donde los ingresos quedaron muy por detrás de los precios durante los últimos meses. Incluso con una inflación más baja, los niveles alcanzados previamente siguen condicionando el acceso a bienes básicos.

A esto se suma un mercado laboral debilitado, con alta informalidad y salarios que no logran recomponerse. En este contexto, muchas familias recurren a estrategias de supervivencia: reducir el consumo, endeudarse o depender de asistencia estatal o comunitaria.

El dato sobre la canasta alimentaria es especialmente preocupante porque marca un límite básico: la capacidad de alimentarse. Cuando más de la mitad de la población no alcanza ese umbral, el problema deja de ser coyuntural y pasa a ser estructural.

Economistas advierten que la desaceleración de la inflación, por sí sola, no garantiza una mejora en las condiciones de vida. Sin una recuperación de los ingresos, el consumo seguirá deprimido y la economía tendrá dificultades para reactivarse.

Así, la foto actual combina dos realidades en tensión: una macroeconomía que busca estabilizarse y una sociedad que todavía no ve los beneficios. La inflación puede bajar, pero si el bolsillo no se recupera, la crisis sigue estando donde siempre: en la mesa de las familias.

Fuente: Ambito

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