RÉQUIEM PARA JUAN DOMINGO PERÓN
La noche tiene el peso de una lágrima inmensa y el color de una pena que jamás conocimos.
Hemos quedado solos en medio de esta muerte, como niños perdidos Dios sabe en qué caminos.
La pena nos hermana; y al mirarnos los ojos vemos en otros ojos un dolor compartido.
Esta ha de ser la gloria que Dios brinda a los justos: merecer en la tierra las lágrimas del Pueblo.
¿Acaso no supimos que su muerte sería un tajo implacable partiendo en dos el Tiempo?
¿O quizás no creímos que Dios lo llevaría, así descarnado, como nos fue devuelto?
Aquí están, nuevamente, las antorchas de Octubre quemándose en el llanto de sus descamisados.
Y los héroes del Pueblo, mártires de su causa, vigías imperiosos de su claro mandato.
Si la muerte del padre fortalece a los hijos, no habrá maldad del mundo que pueda avasallarla.
¡Qué Dios nos lo demande si cedemos un paso; la Patria es la fatiga de una eterna batalla!
¡Duerma, mi General, en las manos del Cielo y en este amor unánime del Pueblo que lo llora!
Descanse para siempre después de tanta lucha, de exilios, de amarguras y pruebas dolorosas.
Porque fuimos sus fieles seremos sus custodios, unidos por la fuerza vital de su memoria.
Porque somos su Pueblo seremos su milicia, hasta que rompa el alba de la nueva victoria.
(Párrafos escritos por José María Castiñeira, cargados del sentimiento de dolor que provocó la muerte de Perón)
¡PRESENTES MI GENERAL… hasta que rompa el alba de una nueva Victoria![]()
Por Héctor Amichetti



