Por Mariano Saravia, Magister en Relaciones Internacionales.
Más que una victoria de los demócratas, lo que dejó el martes de elecciones de medio término en Estados Unidos, es una estruendosa derrota de Donald Trump. Y reafirmo esto, es una derrota no tanto del Partido Republicano, sino principalmente de Trump y su estilo de gobernar, a los gritos, con insultos, grotesco y ridículo, muy al estilo Milei. Con las mismas consecuencias allá que acá: inflación, una economía al borde de la recesión y un costo de vida altísimo que genera miseria y angustia en gran parte de la población.
Y con una característica más: la traición a su propia gente. Lo hizo Flavio Bolsonaro cuando después de perder la segunda vuelta contra Lula, huyó del Brasil, justamente a Estados Unidos. Flavio obtuvo casi 60 millones de votos, y el gran triunfo legislativo de la primera vuelta, lo colocaba como un líder opositor muy fuerte. Pero prefirió huir, ya sea por miedo a rendir cuentas en la Justicia o por comodidad, dejando en banda a sus votantes, a sus militantes, e incluso a sus dirigentes, que quedaron desorientados, sin liderazgo. Ni siquiera tuvo la delicadeza de avisarles que abandonaba el barco. Algo parecido acaba de hacer Trump, al reconocer la derrota de este martes, pero sin hacerse cargo. En declaraciones periodísticas, dijo sin tapujos: «Si yo hubiera estado en la boleta, ganábamos», desmereciendo la imagen, la militancia y el esfuerzo de su propia tropa. Aquí, en Argentina, infinidad de veces hemos visto al presidente Milei bastardear a su propios aliados o dirigentes. Así, es muy difícil construir nada.
La extrema derecha tiene mucho poder de destrucción, pero casi nulo poder de construcción, sobre todo a mediano y largo plazo.
Ahora, Trump tendrá que transitar sus últimos dos años en la Casa Blanca con las dos cámaras del Congreso en contra, y anunció que será «Míster Veto», es decir, que vetará todas las leyes que sancione el Congreso y que gobernará por decreto. Lo lógico sería que un presidente sin reelección en frente, se vuelva más moderado, más tendiente a los acuerdos y consensos. Pero tratándose de Trump, puede pasar todo lo contrario. Debilitado, sin futuro político, podríamos llegar a ver un Trump desbocado, sin filtros y, por eso, mucho más peligroso, tanto en política interna como en política externa.
Eso sí, quiera o no quiera, le guste o no, se reduce enormemente su capacidad de injerencia en asuntos internos de otros países, y eso nos beneficia principalmente a nosotros, porque estamos exactamente a un año de las elecciones presidenciales en Argentina. Estados Unidos siempre intervino en asuntos internos de otros países, desde sus inicios, y mucho más en el siglo XX y en lo que ellos consideran su «patio trasero». El recuerdo más nítido es aquello de «Braden o Perón», por el intervencionismo de Srpuille Braden, el embajador yanqui en Buenos Aires durante la década del ’40 del siglo XX. Pero como lo viene haciendo Trump, con el desparpajo que lo viene haciendo, nunca se había visto. El año pasado, después del triunfo peronista en la provincia de Buenos Aires, Trump amenazó directamente al pueblo argentino de que, si no ganaba Milei en las elecciones legislativas, no habría ayuda económica. También intervino directamente en los procesos electorales donde ganó la extrema derecha en Chile, Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia. También, por supuesto en Brasil, pero ahí perdió Bolsonaro, incluso con su ayuda. Pero ahora, un Trump en baja, no podría ayudar mucho a los libertarios argentinos. Más o menos como sucede con Milei en España, donde los líderes de la derecha le escapan, de la misma manera, una foto con Trump es «piantavotos». Y esa es una buena noticia para nuestra democracia.
Tampoco le funcionó a Trump el viejo truco de agitar el fantasma del comunismo. Por ridículo y, sobre todo, porque a la gente le preocupa el precio de los combustibles, de los alquileres, de los servicios públicos y de la comida. El 60 por ciento de los estadounidenses desaprueba la gestión del presidente y el 70 por ciento pide más controles y límites por parte del Congreso.
Tan contundente fue la derrota trumpista, que perdieron estados históricamente republicanos como Texas, Kansas, Iowa, Ohio, Georgia y Carolina del Sur.
- En Kansas, desde 1932 (casi 100 años atrás) un demócrata no llegaba al Senado.
- En Texas, donde desde 1988 no perdían los republicanos, y el estado base de SpaceX, una de las empresas de Elon Musk, que puso 500 millones de dólares para la campaña trumpista, ganó su banca al senado James Talarico, un joven de 37 años. Y por primera vez en la historia, una persona de ascendencia hispana será gobernadora del estado: Gina Hinojosa.
- En Georgia, que era republicano desde 2003, ganó Keisha Lauce Botton, y será la primera gobernadora afroamericana de la historia.
- En Nuevo México, la nueva gobernadora será Deb Haaland, la primera persona indígena en ser gobernadora de la historia del país. Ella es miembro del Pueblo de La Laguna.
- En Michigan, Abdul El Sayed es el primer musulmán en llegar al Senado en toda la historia de los Estados Unidos. Y Trump hizo campaña recordando el 11 de setiembre y llamándolo «yihaddista».
- En California también habrá por primera vez en la historia un gobernador elegido por el pueblo de ascendencia hispana. Xavier Becerra es hijo de campesinos mexicanos inmigrantes.
Son todas malas noticias para los proyectos políticos que se basan en el odio, el agravio, el miedo y la crueldad. Tanto en Estados Unidos, en Argentina o en el resto del mundo.



