La industria cannábica argentina reúne empresas, productores, investigadores y emprendimientos con capacidad para generar empleo, inversiones y exportaciones. Sin embargo, las dificultades para obtener licencias, la falta de procesamiento industrial y la implementación parcial del marco regulatorio limitan su crecimiento. Según estimaciones sectoriales, el mercado potencial podría alcanzar los US$1.697 millones anuales bajo un escenario que incluya la regulación de los usos medicinal y adulto, aunque esa cifra depende de cambios normativos y no representa ingresos actuales.
La industria del cannabis en Argentina busca consolidarse como una nueva actividad productiva, con posibilidades de generar puestos de trabajo, incorporar tecnología y diversificar las economías regionales. El sector abarca mucho más que el cultivo de la planta: incluye investigación genética, producción de semillas, viveros, elaboración de derivados medicinales, fabricación de equipamiento, servicios tecnológicos y potenciales aplicaciones industriales. Sin embargo, las capacidades desarrolladas durante los últimos años todavía no se traducen en una cadena productiva plenamente integrada. Las dificultades para acceder a licencias, procesar la materia prima y comercializar productos en nuevos mercados mantienen limitada la escala de numerosos emprendimientos. El escenario volvió a debatirse durante la Expo Cannabis 2026, realizada en La Rural, donde empresarios, productores e investigadores analizaron las oportunidades y los obstáculos que enfrenta la actividad.
En la actualidad, una parte importante de la actividad legal se concentra en el cannabis medicinal, la investigación científica y los servicios vinculados al cultivo. La Ley 27.350 estableció un marco para la investigación y el uso medicinal de la planta y sus derivados, mientras que el REPROCANN permite, bajo las condiciones correspondientes, registrar y autorizar determinadas prácticas de cultivo vinculadas con tratamientos médicos. Alrededor de ese circuito se desarrollaron asociaciones civiles, viveros, criaderos, comercios especializados y proveedores de insumos. No obstante, este entramado todavía enfrenta límites para expandirse hacia una estructura comercial de mayor escala. El uso adulto, por su parte, no cuenta con un régimen integral que habilite una cadena legal de producción y comercialización recreativa, una diferencia fundamental para comprender las posibilidades reales de crecimiento del mercado argentino.
La actividad también comenzó a organizarse empresarialmente. Según Luis Osler, presidente de la Cámara de la Industria del Cannabis y el Cáñamo (CAINCCA), la entidad reúne a 56 empresas que generan más de 2.000 empleos directos y vinculados, y proyecta incorporar al menos otras 20 firmas durante 2027. Se trata de cifras aportadas por la cámara y no de un relevamiento oficial de la totalidad del sector. Osler sostuvo que la industria continúa creciendo pese a las restricciones existentes y destacó el movimiento económico que generan los criaderos, la comercialización de variedades registradas y los proveedores que abastecen al circuito medicinal. Estas actividades constituyen una base productiva sobre la cual podrían desarrollarse nuevos negocios, aunque para alcanzar una expansión sostenida se necesitan mayores posibilidades de inversión, producción y acceso a mercados.
Uno de los principales desafíos consiste en conectar la investigación científica y la producción agrícola con las etapas industriales que permiten agregar valor. Según la información publicada por Ámbito, existen alrededor de 50 variedades registradas y más de 300 que, de acuerdo con CAINCCA, estarían en condiciones de habilitarse. Osler denunció que los registros permanecen prácticamente paralizados desde diciembre de 2023, una situación que, según el sector, dificulta la incorporación de nuevas variedades y la expansión de los emprendimientos. La genética vegetal resulta importante para mejorar la trazabilidad, adaptar los cultivos a diferentes condiciones y desarrollar características específicas para distintos usos. Sin embargo, los avances científicos necesitan acompañarse de procedimientos administrativos operativos, infraestructura adecuada y mecanismos que permitan convertir el conocimiento en productos comercializables.
Más allá de las aplicaciones medicinales, el cáñamo industrial abre oportunidades en sectores como la producción de alimentos, los textiles, los biomateriales para la construcción y la remediación de suelos contaminados. También podría contribuir a diversificar las economías regionales, especialmente en zonas con experiencia agrícola vinculada al tabaco y la yerba mate. Para concretar esas posibilidades no alcanza con cultivar la planta: se necesitan instalaciones para procesar la materia prima, tecnología, controles de calidad, financiamiento y canales de distribución. Durante la Expo Cannabis, los especialistas Rolando García Bernado y Nicolás Rodríguez plantearon la importancia de desarrollar cadenas productivas capaces de conectar a los pequeños productores con industrias de mayor escala. La acumulación de capital aparece como una condición relevante para avanzar hacia laboratorios y procesos industriales más complejos, sin dejar afuera a los emprendimientos de menor tamaño.
El marco regulatorio constituye otro de los principales puntos de conflicto. La Ley 27.669, sancionada en 2022 y reglamentada en 2023, creó las bases para desarrollar la cadena productiva del cannabis medicinal y el cáñamo industrial, además de establecer la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICCAME). Sin embargo, según los representantes empresariales consultados por Ámbito, la implementación continúa siendo parcial y no permite operar con normalidad en todos los segmentos previstos. Durante 2026 se establecieron nuevas disposiciones para actividades vinculadas al cáñamo hortícola, pero persisten cuestionamientos sobre el funcionamiento de otros mecanismos de licenciamiento. Osler afirmó que la incertidumbre jurídica y los trámites pendientes desalientan inversiones y mantienen proyectos paralizados. El dirigente sostuvo que el sector no reclama subsidios, sino reglas claras y la aplicación efectiva de una legislación que ya fue aprobada.
Las dificultades regulatorias también inciden en la competencia con otros países de la región, entre ellos Uruguay, Colombia y Paraguay, que desarrollaron diferentes modelos para sus industrias cannábicas. Argentina dispone de capacidades científicas, agrícolas y empresariales, pero necesita convertirlas en una oferta comercial competitiva. Para los especialistas citados por Ámbito, el desafío no se limita a ampliar las autorizaciones: también hace falta una política industrial que defina criterios de licenciamiento, ordene los distintos eslabones productivos y establezca un camino de crecimiento. Esa estrategia debería contemplar las diferencias entre pequeños productores, empresas en expansión y proyectos industriales que requieren grandes inversiones. Sin coordinación institucional, infraestructura y acceso al financiamiento, la existencia de recursos naturales y conocimientos técnicos no garantiza que el país pueda posicionarse en los mercados internacionales.
Las perspectivas económicas son significativas, aunque deben interpretarse como escenarios potenciales y no como resultados garantizados. El informe El Otro Blanqueo, citado por Ámbito, estimó que el mercado argentino podría alcanzar los US$1.697 millones anuales bajo un escenario que contemple la regulación de los usos medicinal y adulto. Dentro de esa proyección, el segmento medicinal podría representar US$834 millones y generar el equivalente a 62.000 empleos de tiempo completo. Estas cifras dependen de condiciones regulatorias y comerciales que todavía no están plenamente dadas, por lo que no describen el tamaño actual de la industria ni permiten asegurar que esos puestos de trabajo vayan a concretarse. El desafío es transformar las capacidades existentes en inversiones, producción, empleo y exportaciones, mediante una cadena de valor que combine investigación, industrialización y participación de pequeñas y medianas empresas.
Fuente: Ámbito Financiero