Épico, histórico y conmovedor

Lula
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Por Mariano Saravia, Magister en Relaciones Internacionales para el Diario de Carlos Paz

El triunfo de Lula en segunda vuelta fue épico, porque significó un remontada de más de 10 millones de votos en solo tres semanas, para ganar claramente por más de 4 millones de votos. Fue histórico, porque es la primera vez en la historia del Brasil en que un candidato que pierde en la primera vuelta, gana en la segunda, y es la primera vez que alguien llega a un cuarto mandato democrático. Y es conmovedor porque estamos hablando de una persona que mañana martes cumplirá 81 años. Pensá en tu padre, en tu abuelo, en algún conocido, de 81 años. Cualquier persona de 81 años se merece el reposo y disfrutar de su vejez. En cambio, Lula se cargó al hombro esta campaña y recorrió más kilómetros e hizo más actos que su rival, Flavio Bolsonaro, de 45 años. El sábado pasado, día del cierre de campaña, se desdobló para estar a la mañana en la playa de Copacabana, Río de Janeiro, y al rato en el centro de San Pablo.

Ahora bien, ¿de dónde salieron los 10 millones de votos que sumó en tres semanas Lula?

La primera vuelta electoral había dejado un escenario muy polarizado, con apenas 9 millones de votos de todos los candidatos menores, que no pasaron a segunda vuelta. Allí se podía apuntar, y también a los 33 millones de personas que se abstuvieron.

La abstención disminuyó en 3 millones de personas, que sumados a quienes habían votado por otros candidatos, daba un total de 12 millones de personas. Difícilmente 12, 10 millones votaron por Lula. O sea, que seguramente hubo también algunas personas que votaron en primera vuelta por Bolsonaro y que en la segunda vuelta lo hicieron por Lula. Y esto es lo más sorprendente. En más de 300 ciudades, Bolsonaro sacó menos votos que el 4 de octubre.

Basta de crueldad

Hubo tres hechos que pueden haber marcado una inflexión en el electorado.

El viernes, en el segundo debate entre los dos candidatos, hubo dos momentos fuertes. Uno, cuando Bolsonaro se cruzó con la madre de una niña de 5 años asesinada por un policía militar. Bolsonaro había defendido en el Senado a ese policía de gatillo fácil, muy al estilo con el que Bullrich, Macri y Milei defendieron al policía Luis Chocobar. La madre de la niña asesinada fu invitada por Lula y estaba sentada en primera fila. Llegado el momento de debatir sobre seguridad, Lula cuestionó a Bolsonaro por su defensa del asesino, y éste le habló directamente a la mujer llamándola por el nombre de su hija asesinada. Ella lo llamó mentiroso y los bolsonaristas presentes la hicieron callar. Todo esto generó un candente debate nacional.

En otro momento del debate, Bolsonaro llamó a Lula burlonamente «9 dedos», lo que originó el enojo del presidente que le endilgó no haber trabajado nunca, y, por el contrario, contó que perdió el meñique de su mano izquierda cuando a los 17 años trabajaba de noche en una metalúrgica. Dijo que se trataba de una burla al pueblo trabajador brasileño que sufre constantemente este tipo de accidentes por irresponsabilidad patronal, y que no se lo iba a permitir.

Al día siguiente, en el cierre de campaña bolsonarista en la playa de Leblón, barrio rico de Río de Janeiro, se vio a un hombre llevando con cadenas a otro hombre afrobrasileño, en una clara alusión a la esclavitud, que en Brasil recién fue abolida en 1889. Esto también chocó mucho a mucha gente. Además, ese mismo día, en Mato Grosso do Sul, un militante bolsonarista mató a tiros a un militante del Partido de los Trabajadores.

Todo esto marcó un límite para mucha gente que quizá aceptaba el insulto y el grito como formas de hacer política, pero que puso un límite a la crueldad del fascismo. La misma que en Argentina llevó este fin de semana a Milei a proponer «quemar en una hoguera a los periodistas». Lo distinto de esta campaña es que el fascismo quedó en evidencia con su verdadera cara de crueldad indiscriminada.

Salir del duelo

Pero además de dejar de lado los eufemismos y llamar a la crueldad crueldad y al fascismo fascismo, la otra parte de la remontada fue asumir la identidad y la historia.

Hubo un giro drástico después de la primera vuelta, poniendo énfasis en la militancia y en lo colectivo. Se recuperó la importancia de la calle y hubo muchas manifestaciones, todas multitudinarias. Y el PT no tuvo complejos en mostrar su esencia, su identidad, sus banderas rojas, pero tampoco tuvo complejos en mostrar su alianza de clases, con un vicepresidente como Geraldo Alkmin, un neoliberal que compitió contra Lula en 2006, hace 20 años.

En el terreno digital, también hubo un cambio drástico. Ante la guerra declarada por Meta y las demás empresas digitales, se opuso militancia. Si restringían o cerraban cuentas de Lula y del PT en Facebook, Instagram y otras redes, el lema fue: «Cada persona es un influencer». Se escuchó a pibes y pibas de 25 años o menos y se descentralizó la comunicación digital. Así, se consolidó el famoso “Ejército de Lula” de más de 8 millones de personas.

El resultado fue que Lula no sólo le ganó al clan Bolsonaro. No sólo le ganó a la extrema derecha brasileña e internacional. No sólo le ganó a la injerencia de Marco Rubio y de Donald Trump. Les ganó también a los tecnofeudalistas, a los tecnomagnates, que parecían todopoderosos.

El gran mensaje entonces para la Argentina es el siguiente: hay que salir del duelo, hay que salir del llanto eterno y de echarle la culpa siempre a los demás. No vamos a desconocer la fuerza de los grupos económicos, de la ultraderecha mundial, de las redes sociales con sus mentiras y manipulaciones, pero Brasil demostró que sí se puede.

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