Ganó Lula y por el momento los “tucanos” también. El destino Sudamericano de Brasil. Lo que viene y lo que nos gustaría que venga. Conducir es escuchar. Mandar es obedecer.
Ganó Lula Da Silva en Brasil. La edición de hoy -lunes 26 de octubre- se retrasó en su publicación porque como Editor responsable quise tomarme el tiempo para escribir estas líneas. Para estas horas, lo meramente informativo ya tuvo amplia difusión. Lo que queda es ser responsable con las opiniones.
El sábado, Abel Fernández escribió en su portal personal -también es uno de los editores de AgendAr- una glosa titulada “Qué no va a cambiar en Brasil”, donde se refería a que además de la demografía, la extensión, el complejo y matriz productiva o poder militar, lo que no iba a cambiar en Brasil es que quien ganase tendría que gobernar una sociedad dividida aproximadamente en dos mitades y con los mismos grupos industriales, agrarios, sindicatos, católicos, evangélicos, izquierdistas y “comezurdos” que ya estaban hace un año, el pasado viernes y seguramente seguirán estando después de los próximos carnavales.
Eso, entre otras cosas, es Brasil. Nosotros, Argentina, somos algo bastante parecido.
No le preste mucha atención a lo que dicen las redes y los medios. Tampoco le dé mucha pelota a estas palabras. La confusión es total.
Mire… En pocas horas, vi pasar por las pantallas desde el “irresponsable permiso” que los brasileños le habilitaron a la “extrema izquierda terrorista y corrupta” comandada por Lula, hasta los análisis que aseguran que se acaba de dar “el triunfo de la máscara lulista del sionismo globalista disolvente”.
A veces me dan ganas de tomar lo que consume esa gente para ver lo que se siente. Luego me doy cuenta que no van más allá del título rimbombante. Espasmos de la intoxicación con drogas o brebajes que no conocen. Para decir incoherencias es preferible mamarse con vino. No será de “ganadores” pero al menos te dejan volver a tu casa.
En fin…
En lo meramente informativo, Lula Da Silva obtuvo el 51,79% de los votos contra el 48,21% de Bolsonaro chico. Lula sacó 10 millones de votos más que en la primera vuelta, mientras que su rival tuvo los mismos votos que el pasado 5 de octubre, más los que habían juntado los aliados más cercanos de Augusto Cury. El “Manes brasilero” que salió tercero en el primer turno.
Como era de esperar, el bolsonarismo denuncia “fraude” y derivados. Cosa curiosa que a esta altura no se analice periodísticamente. Cada vez que una fuerza conservadora o ultraconservadora pierde una elección se habla de fraude. Si las gana, fue porque se trató del acto electoral más legítimo y transparente de la historia del “mundo mundial”.
De nuevo: en fin…
Lo que viene y lo que nos gustaría que venga
El discurso de Lula tras confirmarse la victoria estuvo bien. Le habló a su pueblo y no escondió las dificultades ni los anhelos.
Para nosotros lo central pasó por la expresión de la voluntad de que Brasil deje de ser un país “en desarrollo” para convertirse en “uno desarrollado” y que sea “un país central en las decisiones políticas, económicas y en la promoción de la paz”. Allí entran las grandes discusiones mundiales actuales en materia de tecnologías, ambiente, producción de alimentos, comercio, conflictos bélicos y un llamado al multilateralismo.
En otro pasaje, Lula manifestó que la campaña fue más desgastante que las usuales reuniones y negociaciones que mantiene en el G20 o en los BRICS, por el tipo de rival que enfrentó. En palabras argentinas, Bolsonaro sería un cipayo vendepatria, racista, xenófobo, tilingo y -para colmo- bruto.
No es para menos y lo compadecemos. Nosotros tenemos los nuestros también y están gobernando.
Sirva entonces de aviso y mea culpa. Antes de criticar a los brasileños debemos hacer nuestra parte.
Pero hay algo que sí debemos exigirle a Lula porque decanta de sus palabras y de su acción de gobierno: ya que quiere ser capitán de Latinoamérica, que capitanee la región como corresponde.
Sabemos que no es fácil. Lula -primero que nada- lidia con sus conflictos y tensiones internas, que se dan en el marco de el protagonismo internacional que posee el país. Eso está más que claro. Cualquier cosa que el resto del mundo pretenda hacer o deshacer en nuestra región, sabe que tiene que hablar con Brasil.
A los argentinos no nos agrada demasiado porque no nos gusta ser segundos de nadie. Peor será mejor aceptar la realidad de época lo antes posible porque nos costará pensarnos como pueblo hacia el porvenir.
Esto es importante porque la vida sigue. La gran mayoría de los lectores de estas líneas estaremos muertos para fines de siglo. Por lo tanto hay que trabajar para que los argentinos y habitantes de la Patria Grande del 2100 tengan un mundo digno donde vivir y seguir la pelea. Atenti con esto porque lo venimos haciendo bastante mal.
Lo que hay que exigirle a Lula es que nos mire y nos escuche a los demás países. Que Brasil lidere epocalmente la región no significa que los demás debamos ser furgones de cola o meros proveedores de lo que necesitan para estar mejor parados ante China, Estados Unidos o la Unión Europea.
Lula no deberá repetir su postura respecto de las elecciones venezolanas; tampoco deberá continuar con la dinámica de la relación energético-comercial con Bolivia y Paraguay; no debe ningunear a Colombia y Perú respecto de los conflictos en el alto Amazonas y las injerencias de la DEA y el Pentágono; como tampoco deberá seguir adelante con la propensión a condicionar nuestro mercado interno, nuestros complejos industriales, o el apoyo logístico al Reino Unido para sostener su invasión en nuestro Atlántico Sur.
Brasil -a través de Lula- debe abandonar esas posturas. Una cosa es ser líder y otra diferente es ser vigilante.
Sabemos de las relaciones históricas entre las burguesías paulistas, Gran Bretaña, y Estados Unidos. También sabemos de los vínculos de su oligarquía con los poderes europeos y su vocación por fortalecer negocios con China.
Eso se sabe. Nuestra oligarquía tampoco es mejor como para rasgarnos las vestiduras. Nuestra clase parasitaria rentística inmobiliario financiera menos todavía.
Pero, llegó la hora de conducir la región para Brasil.
O al menos eso expresan en todos los foros que pueden.
Que lo hagan entonces y con sentido popular.
No sea cuestión que se copien de los que pretenden conducir una Argentina popular –“AMBAcéntrica” como ellos mismos la definen- y desde la ciudad de Buenos Aires.
Vuelvo a citar a Fernández, que a su vez lo citó a Borges: Brasil se enfrenta a su “destino Sudamericano”.
Esperemos que lo hagan como corresponde.
No olviden que la manteca no es para los gatos.
Por Pablo Casals



