Jinetes de Pacotilla

gaucho brasilero
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Esta ilustración del brasileño Joao Mottini me recordó parte mi adolescencia en los años sesenta en Las Flores, un pueblo agrícola ganadero de la provincia de Buenos Aires.

Mi amigo Julio Roveta, cinco o seis años mayor que yo, trabajaba como contador o administrador en la estancia El Toro, donde vivía de lunes a viernes. El campo, propiedad del millonario Alfredo Fortabat, tenía 20.000 hectáreas en las que llegó a tener 18.000 cabezas de ganado y varios trabajadores rurales.

Una vez me invitó a una yerra, como se denomina el marcado del ganado con un hierro caliente para identificar al propietario, junto con la vacunación, desparasitación y castración de terneros, y la culminación de un monumental asado.

Aprendí a andar a caballo a los 13 o 14 años, y aproveché para darme el gusto.

Otro amigo, Darío Mendivil, tenía un campo mucho más pequeño, quizás 200 o 300 hectáreas, atendido por un peón llamado Gorosito. Me gustaba acompañarlo para ensillar y cabalgar.

Recuerdo un verano que fuimos con Omar Riquelme y Tito Trucco –todos compañeros desde la escuela primaria y secundaria– para ayudarlo en el arreo de vacas para su marcación desde el potrero de un campo cercano.

Anduvimos cinco o seis horas a caballo de un lado a otro para evitar que el ganado se dispersara. Éramos cuatro pueblerinos que por momentos nos sentíamos una mezcla de Martín Fierro y Tom Mix, bajo la escéptica mirada de Gorosito.

Al final de la jornada –nos habíamos despertado a las cinco de la mañana– regresamos al pueblo con la espalda, el traste y los muslos a la miseria.

Nada qué ver con el criollo de la estupenda ilustración de Joao Mottini.

Por Roberto Bardini

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