La exclusión de dirigentes sindicales de una reunión de referentes del Partido Justicialista profundizó las tensiones entre la conducción política y el movimiento obrero. Jorge Sola, uno de los cosecretarios generales de la CGT, reclamó una convocatoria amplia y cuestionó que las decisiones estratégicas para 2027 se discutan sin la participación directa de los trabajadores organizados. La interna vuelve a exponer una discusión histórica: quién conduce el peronismo y qué lugar ocupa el sindicalismo en la construcción de una alternativa nacional.
El peronismo volvió a mostrar sus diferencias internas en un momento en el que busca reorganizarse frente al Gobierno de Javier Milei y construir una alternativa electoral para 2027. La Confederación General del Trabajo (CGT) expresó su malestar después de quedar nuevamente afuera de una reunión de dirigentes del Partido Justicialista en la que se analizaron estrategias políticas y electorales. El encuentro se realizó el 22 de octubre y reunió a referentes partidarios, gobernadores y legisladores, pero no contó con representantes de la conducción sindical. La ausencia profundizó una disputa que excede la discusión sobre una invitación: pone en cuestión quiénes participan de las decisiones del movimiento y qué representación tienen los trabajadores en el armado de una propuesta política nacional.
Uno de los cuestionamientos más contundentes llegó de Jorge Sola, cosecretario general de la CGT y dirigente del Sindicato del Seguro. En declaraciones a Ámbito, sostuvo que el peronismo, entendido como movimiento político y social, no tiene propietarios ni representantes exclusivos. La frase “el peronismo no tiene dueños” sintetiza el reclamo sindical de participar en las decisiones y no quedar reducido a un papel secundario en la definición de candidaturas o programas de gobierno. Sola señaló que los dirigentes partidarios deben considerar especialmente a los trabajadores y a la CGT, a la que definió como una expresión central de la organización del movimiento obrero.
El malestar sindical no surgió de manera repentina. Según las informaciones publicadas, la CGT tampoco había sido convocada a una reunión anterior del peronismo realizada el 11 de agosto. La reiteración de esas ausencias alimentó la percepción de que el movimiento obrero podría quedar al margen de las negociaciones políticas que comienzan a delinear la estrategia para los próximos comicios. Para la dirigencia sindical, la discusión no consiste únicamente en obtener lugares en las listas legislativas, sino en participar de la elaboración de propuestas sobre salarios, empleo, producción, derechos laborales y protección social. La tensión refleja una diferencia de fondo acerca de cómo debe organizarse el peronismo y qué peso deben tener sus distintas expresiones.
La cumbre del 22 de octubre reunió a figuras relevantes del espacio, entre ellas Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, además de gobernadores y autoridades parlamentarias. Durante el encuentro se discutió la necesidad de coordinar posiciones y sostener las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) como mecanismo para definir candidaturas. Sin embargo, la ausencia de dirigentes de la CGT volvió a dejar expuesta la distancia entre la mesa política y una organización que históricamente reivindica su papel como columna vertebral del peronismo. La disputa también se desarrolla en un contexto de diferencias sobre el posicionamiento frente al Gobierno y sobre las responsabilidades de los distintos sectores en los resultados electorales recientes.
El dirigente sindical Gerardo Martínez, titular de la UOCRA y secretario de Relaciones Internacionales de la CGT, también había reclamado una convocatoria más amplia. Según informó Infobae, cuestionó que una reunión presentada como una cumbre del peronismo no incluyera a representantes sindicales, de la juventud y de otros sectores que forman parte del movimiento. Martínez sostuvo que el espacio necesita asumir responsabilidades por su situación política y generar instancias de diálogo directo. Sus declaraciones muestran que el malestar no se limita a una figura de la central obrera: existe una preocupación más extendida por el riesgo de que la reorganización partidaria se desarrolle sin una participación efectiva de todos los sectores que el peronismo pretende representar.
Sola, por su parte, planteó que el movimiento obrero debe participar en la conducción y en la elaboración de un proyecto de país, no simplemente ocupar un lugar formal en las reuniones. En sus declaraciones, reivindicó la historia, la militancia territorial, la estructura federal y la capacidad de representación de los sindicatos. También reclamó espacios de diálogo para revisar el contrato social argentino y discutir cómo la riqueza que produce el país puede traducirse en mejores salarios y derechos. El planteo busca desplazar la discusión desde la distribución de cargos hacia la definición de políticas concretas, en un escenario en el que el empleo, los ingresos y las condiciones laborales ocupan un lugar central en el debate público.
La interna también está atravesada por las distintas alternativas que comienzan a perfilarse para 2027. Dentro del sindicalismo existen sectores cercanos a Kicillof, otros que observan la posibilidad de una candidatura de Massa y dirigentes que respaldan otras construcciones políticas. Esa diversidad dificulta que la CGT actúe como un bloque homogéneo detrás de una única figura presidencial, pero no elimina su reclamo de participación institucional. A la vez, los dirigentes del PJ mantienen diferencias sobre el vínculo con el Gobierno, la estrategia parlamentaria y la forma de seleccionar candidaturas. El desafío consiste en encontrar un mecanismo que permita procesar esas divergencias sin convertirlas en una sucesión de exclusiones y reproches públicos.
La discusión deja una pregunta central para el futuro del peronismo: ¿puede construirse una alternativa nacional sin incorporar de manera efectiva a los trabajadores organizados? La CGT sostiene que su participación debe traducirse en capacidad de proponer, debatir y definir políticas, mientras que las reuniones partidarias recientes muestran que todavía existen diferencias sobre cómo integrar a los distintos sectores. En un escenario marcado por el ajuste económico y las disputas por la representación política, la relación entre el PJ y el movimiento obrero será uno de los factores que condicionen la reorganización opositora. La frase de Sola funciona como advertencia y como reclamo: el peronismo no puede presentarse como un movimiento amplio si una parte de sus organizaciones considera que las decisiones se toman sin escucharla.
Fuente: Ámbito



