El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió que el mundo ya no puede evitar superar el umbral de calentamiento de 1,5 °C sin un exceso temporal. Para regresar a ese límite hacia finales de siglo, las emisiones globales deberán caer un 18% para 2030 y un 45% para 2035, mientras las políticas actuales proyectan un calentamiento de hasta 2,8 °C.
La crisis climática vuelve a encender las alarmas internacionales. Un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que la humanidad perdió la posibilidad de evitar por completo que la temperatura media global supere los 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales. El documento, publicado el 21 de octubre de 2026 bajo el título Emissions Gap Report 2026: The Point of Return, sostiene que todavía es posible limitar la magnitud y la duración de ese exceso y regresar al objetivo hacia finales de siglo, pero advierte que el margen de maniobra se reduce rápidamente. La conclusión es contundente: décadas de compromisos insuficientes y demoras en la acción climática dejaron al planeta frente a un escenario cada vez más riesgoso.
El informe establece la magnitud del esfuerzo necesario para intentar revertir la tendencia. En comparación con los niveles de 2025, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deberían reducirse un 18% para 2030, un 45% para 2035 y un 69% para 2040. No se trata de metas aisladas, sino de una trayectoria que requiere recortes sostenidos durante los próximos años y una transformación profunda de los sistemas energéticos y productivos. La ONU advierte que, incluso en el escenario más favorable analizado, el calentamiento podría alcanzar entre 1,7 y 1,8 °C hacia mediados de siglo antes de volver a descender. Para regresar a 1,5 °C o menos en 2100, ese escenario contempla aproximadamente un 50% de probabilidades y exige también retirar grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera.
La distancia entre los objetivos científicos y las políticas nacionales sigue siendo uno de los principales problemas. Según el PNUMA, si los países cumplen íntegramente sus compromisos climáticos actuales, las emisiones se reducirían apenas entre un 5% y un 8% para 2030 y entre un 11% y un 15% para 2035, en comparación con 2025. Esas reducciones quedan muy por debajo de lo necesario para limitar el exceso de calentamiento. Si continúan las políticas vigentes, la temperatura media mundial podría aumentar 2,8 °C durante este siglo; si se cumplen los compromisos nacionales anunciados, la proyección desciende a 2,6 °C. Ambos escenarios superan ampliamente el objetivo del Acuerdo de París y anticipan consecuencias más severas para las sociedades, las economías y los ecosistemas.
La advertencia tiene consecuencias concretas. Cada fracción adicional de calentamiento incrementa el riesgo de olas de calor más intensas, sequías, inundaciones, incendios forestales, pérdidas de cosechas y daños sobre la infraestructura. Estos impactos no se distribuyen de manera uniforme: las poblaciones con menos recursos para prevenir, adaptarse y reconstruir suelen enfrentar mayores dificultades. La crisis climática también amenaza la disponibilidad de agua, la producción de alimentos y la estabilidad de comunidades que dependen de actividades sensibles a las condiciones meteorológicas. Aunque el informe no sostiene que todos los fenómenos extremos tengan una única causa, sí advierte que el calentamiento aumenta la probabilidad y la intensidad de numerosos impactos climáticos.
La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, reconoció que los gobiernos no realizaron a tiempo el esfuerzo necesario para mantener el calentamiento dentro del límite de 1,5 °C sin sobrepasarlo. Sin embargo, sostuvo que eso no significa que deba abandonarse el objetivo. La estrategia, explicó, consiste en limitar el exceso tanto como sea posible y regresar a temperaturas inferiores a ese umbral lo antes que se pueda. En la misma línea, el secretario general de la ONU, António Guterres, insistió en que superar temporalmente los 1,5 °C no equivale a renunciar a la acción climática. La advertencia institucional combina así un diagnóstico crítico sobre los retrasos acumulados con un llamado a acelerar las medidas de reducción de emisiones.
El papel de las principales economías emisoras ocupa un lugar central en la discusión. El informe señala que las proyecciones empeoraron respecto del año anterior, entre otros factores, por la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y por la revisión de las estimaciones históricas de emisiones. La política energética de las grandes potencias tiene efectos globales debido a su escala de consumo, producción y financiamiento. El especialista Bill Hare, de Climate Analytics, reclamó que los grandes productores de combustibles fósiles, entre ellos Estados Unidos y Arabia Saudita, dejen de lado las disputas políticas y actúen frente a la evidencia científica. El debate, por lo tanto, no se limita a compromisos diplomáticos: también involucra decisiones sobre petróleo, gas, carbón, subsidios, inversiones y transición energética.
Pese al panorama, el informe también identifica avances que podrían ampliarse. La expansión de la energía solar y eólica y las políticas climáticas aplicadas en distintos países ya contribuyeron a reducir emisiones en determinados sectores. Según el PNUMA, la capacidad mundial de generación eléctrica renovable creció con mayor rapidez de la prevista cuando se adoptó el Acuerdo de París. El problema es que ese crecimiento todavía no alcanza para compensar la persistencia de los combustibles fósiles y la insuficiencia de los compromisos gubernamentales. Acelerar la transición requiere ampliar las energías limpias, mejorar la eficiencia energética, reducir las emisiones de metano y acompañar los cambios con políticas públicas que permitan transformar la producción y el consumo sin trasladar desproporcionadamente los costos a los sectores más vulnerables.
El informe del PNUMA deja una conclusión difícil de ignorar: el tiempo perdido ya tiene consecuencias y la ventana para reducir los daños continúa estrechándose. La meta de 1,5 °C no puede sostenerse sin reducciones de emisiones mucho más rápidas y profundas que las previstas en los planes actuales. La próxima etapa de negociaciones climáticas internacionales deberá enfrentar una contradicción central: los gobiernos reconocen el riesgo, pero sus políticas todavía no se corresponden con la magnitud del desafío. El resultado dependerá de decisiones que se tomen en esta década, desde la matriz energética hasta el financiamiento de la transición. La advertencia de Naciones Unidas no anuncia que todo esté perdido; señala que evitar los peores escenarios exige actuar con urgencia, escala y continuidad.
Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Emissions Gap Report 2026: The Point of Return; Ámbito Financiero, 21 de octubre de 2026; Reuters.