La administración de Donald Trump ordenó retirar los productos de la empresa china de inteligencia artificial DeepSeek de los sistemas informáticos de las agencias civiles federales y prohibió nuevas contrataciones de sus servicios. Washington argumenta que existe un riesgo para la seguridad nacional por la posible exposición de información sensible. La decisión profundiza la disputa tecnológica entre las dos principales potencias y vuelve a poner en discusión el control de los datos y el desarrollo de la inteligencia artificial.
El Gobierno de Estados Unidos ordenó que las agencias civiles federales dejen de utilizar las herramientas de inteligencia artificial desarrolladas por DeepSeek, una compañía china que ganó protagonismo internacional por ofrecer modelos de alto rendimiento a costos relativamente bajos. La disposición, emitida por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y difundida públicamente el lunes 19 de octubre de 2026, establece que los organismos deben retirar de sus sistemas los productos de la empresa y también las soluciones de terceros desarrolladas utilizando su tecnología. La medida incluye, además, la prohibición de adquirir nuevos productos y servicios alcanzados por la orden.
La decisión se fundamenta en preocupaciones vinculadas con la seguridad informática y el posible acceso de autoridades chinas a información sensible procesada por los sistemas de DeepSeek. Según el documento oficial, los servidores de la compañía están ubicados en China y el marco legal de ese país podría permitir a sus autoridades requerir información a empresas privadas. Washington advierte que el uso de estas herramientas por parte de funcionarios o contratistas públicos podría exponer datos relacionados con organismos, personal y actividades del Estado. Se trata de riesgos invocados por el Gobierno estadounidense para justificar la exclusión; la orden, por sí sola, no demuestra que se haya producido una filtración concreta de información.
El alcance de la disposición va más allá de la aplicación de DeepSeek utilizada directamente por los empleados públicos. El texto también comprende productos de entidades afiliadas y servicios de terceros desarrollados mediante implementaciones de la tecnología de la compañía china. Esa amplitud podría obligar a los organismos a revisar no solo las aplicaciones que utilizan de manera visible, sino también los sistemas y servicios tecnológicos que incorporan modelos de DeepSeek. La medida se apoya en la Ley de Seguridad de las Cadenas de Suministro para las Adquisiciones Federales, aprobada en 2018, que permite excluir determinados productos y proveedores cuando las autoridades consideran que representan riesgos para los sistemas gubernamentales.
La restricción tiene un alcance específico: afecta a las agencias civiles del Gobierno federal estadounidense y a sus sistemas informáticos oficiales. No constituye una prohibición general para toda la población ni impide, por sí misma, que empresas privadas o particulares utilicen DeepSeek en sus propios dispositivos. Tampoco debe confundirse automáticamente con las restricciones aplicadas por organismos militares y de inteligencia, que tienen marcos y procedimientos propios. Sin embargo, el alcance de la orden sobre servicios de terceros introduce desafíos para identificar dónde se utiliza la tecnología y garantizar que no permanezca integrada en herramientas contratadas por la administración pública.
DeepSeek se convirtió en un competidor relevante de las empresas estadounidenses de inteligencia artificial después de presentar modelos que llamaron la atención por su desempeño y sus costos de desarrollo y operación. Su propuesta de modelos con pesos abiertos permitió que desarrolladores y organizaciones de distintos países pudieran descargarlos, adaptarlos e integrarlos en sus propias aplicaciones, según las condiciones de cada licencia. Esa disponibilidad contribuyó a ampliar la competencia en el mercado global de IA, dominado por compañías estadounidenses con modelos propietarios y servicios comerciales. La exclusión de DeepSeek de los sistemas federales podría reducir sus oportunidades de contratación pública en Estados Unidos y favorecer a otros proveedores habilitados para trabajar con el Gobierno.
La controversia también se inscribe en acusaciones estadounidenses sobre el origen de las capacidades de los modelos chinos. Funcionarios y empresas de Estados Unidos han señalado que DeepSeek habría utilizado técnicas de destilación para extraer capacidades de modelos desarrollados por compañías estadounidenses y aplicarlas a sus propios sistemas. La destilación es una técnica mediante la cual un modelo puede aprender a partir de las respuestas o comportamientos de otro; su uso no constituye automáticamente una infracción, aunque puede generar disputas cuando se cuestionan los métodos, las condiciones de acceso o el uso de información protegida. Las acusaciones de Washington forman parte del enfrentamiento tecnológico, mientras que Beijing rechaza lo que considera una politización de la competencia científica y comercial.
La reacción de China volvió a poner de manifiesto el conflicto entre las dos potencias. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Mao Ning, cuestionó las restricciones estadounidenses y afirmó que su país defenderá los derechos e intereses legítimos de sus empresas. Beijing sostiene que Washington amplía de manera excesiva el concepto de seguridad nacional para justificar medidas que limitan la competencia tecnológica. El Gobierno estadounidense, por su parte, presenta la protección de datos y de las cadenas de suministro como prioridades de seguridad. En ese escenario, las decisiones sobre inteligencia artificial se combinan con otras disputas vinculadas con chips avanzados, infraestructura digital y controles a la exportación de tecnología.
La prohibición de DeepSeek muestra que la inteligencia artificial dejó de ser solamente una cuestión de innovación comercial y se convirtió en un asunto estratégico para los Estados. Para Washington, la prioridad es impedir que herramientas consideradas riesgosas accedan a información gubernamental; para Beijing, las restricciones representan un obstáculo para la expansión internacional de sus empresas. La decisión también abre interrogantes sobre la competencia en el mercado de IA, la transparencia de los sistemas y los criterios que deben utilizar los gobiernos al elegir proveedores. Mientras continúa la disputa entre Estados Unidos y China, el caso DeepSeek expone la tensión entre seguridad, apertura tecnológica y competencia económica en una industria que gana peso en la administración pública y en la economía mundial.
Fuentes: Ámbito Financiero



