12 de octubre: ¿descubrimiento de América o una historia contada desde los ojos del colonizador?

Dia de La Raza
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La recuperación del nombre “Día de la Raza” reabre una discusión sobre la memoria histórica, la identidad latinoamericana y el reconocimiento de los pueblos originarios. En una editorial para el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Verónica San Martín invita a cuestionar los relatos heredados y a preguntarnos quiénes tienen el poder de nombrar nuestra historia.

Durante generaciones, millones de argentinos aprendieron en la escuela que el 12 de octubre se conmemoraba el “Día de la Raza” y que Cristóbal Colón había descubierto América. Pero hay una pregunta que pocas veces ocupó el centro de esa narración: ¿descubierto para quién? Cuando los europeos llegaron al continente, América ya estaba habitada por millones de personas que tenían sus propias lenguas, culturas, conocimientos, creencias y formas de organización social. No se trataba de un territorio vacío, sino de un continente diverso, con pueblos y civilizaciones que existían mucho antes de la llegada de los conquistadores.

La manera en que contamos ese episodio histórico nunca fue neutral. Durante siglos, la perspectiva europea ocupó el lugar central del relato, mientras que la experiencia de los pueblos originarios quedó relegada o directamente invisibilizada. La palabra “descubrimiento” presenta los hechos desde el punto de vista de quienes llegaron desde Europa, pero deja en segundo plano las consecuencias que la conquista tuvo para las comunidades que habitaban estas tierras: dominación, despojo, sometimiento y exterminio.

La propia idea de “raza” tuvo un papel fundamental en la construcción de jerarquías entre los pueblos. Históricamente, fue utilizada para justificar la supuesta superioridad de unos grupos humanos sobre otros y legitimar relaciones de poder, explotación y discriminación. Por eso, discutir cómo denominamos el 12 de octubre no es una cuestión meramente formal: implica revisar los conceptos con los que interpretamos nuestro pasado y reconocer las huellas que ese proceso dejó en nuestras sociedades.

En 2010, Argentina adoptó oficialmente la denominación Día del Respeto a la Diversidad Cultural, en un intento de desplazar el eje de la celebración hacia el reconocimiento de la pluralidad cultural y la reivindicación de los pueblos originarios. En distintos países de América Latina también se impulsaron denominaciones que ponen en primer plano la descolonización, la interculturalidad y la diversidad de identidades que conforman la región. Estas transformaciones expresaron una revisión de la memoria histórica y una búsqueda de relatos más amplios, capaces de incorporar las voces que durante mucho tiempo fueron silenciadas.

Sin embargo, el debate volvió a cobrar relevancia con la decisión del gobierno de Javier Milei de recuperar la denominación “Día de la Raza” para la fecha. La medida, presentada como una reivindicación de la herencia hispánica, reabre una discusión que excede el calendario oficial: ¿qué significa volver a una expresión históricamente cuestionada y qué mirada sobre el pasado se busca recuperar?

La discusión también tiene una dimensión científica. La genética moderna no respalda la existencia de distintas razas humanas como categorías biológicas claramente delimitadas. La humanidad pertenece a una misma especie, Homo sapiens, y las diferencias entre las poblaciones no justifican establecer jerarquías raciales. En ese sentido, recuperar el término “raza” para nombrar una conmemoración histórica requiere, como mínimo, preguntarse por las asociaciones y los sentidos que esa palabra arrastra.

Pero hay algo más profundo detrás de esta controversia: cambiar el nombre de una fecha no transforma, por sí solo, las condiciones materiales de una sociedad ni resuelve las desigualdades históricas. Sin embargo, las palabras importan porque organizan nuestra manera de comprender el mundo. Nombrar un acontecimiento como un descubrimiento, un encuentro o una conquista no produce el mismo significado. Cada expresión selecciona una perspectiva, destaca determinados protagonistas y puede dejar a otros fuera de escena.

Por eso, el 12 de octubre debería ser una oportunidad para mirar nuestra historia con mayor amplitud y honestidad. Reconocer la diversidad cultural de América Latina implica comprender que nuestra identidad no puede reducirse a una única herencia ni a una narración construida exclusivamente desde Europa. Los pueblos originarios no pertenecen solamente al pasado: son comunidades vivas, con derechos, culturas, lenguas y demandas que forman parte de nuestro presente.

La historia no es una pieza inmóvil ni un relato que deba repetirse sin preguntas. Revisarla significa escuchar otras voces, reconocer las consecuencias de la colonización y discutir las estructuras que todavía reproducen exclusión y desigualdad. La memoria colectiva se construye también a partir de aquello que una sociedad decide recordar, reivindicar o dejar en silencio.

En definitiva, las palabras con las que nombramos la historia también revelan desde dónde la miramos. Volver a poner en discusión el “Día de la Raza” no es un simple cambio de etiqueta: es preguntarnos qué pasado queremos reivindicar y qué sociedad queremos construir. Frente a los intentos de recuperar una mirada que coloca al colonizador en el centro del relato, el desafío sigue siendo reconocer la pluralidad de voces, culturas e identidades que hacen de América Latina un continente diverso.

Editorial basada en la reflexión de Verónica San Martín para el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.

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