La caída del consumo y las dificultades para sostener los costos golpean al comercio de ropa y a la industria textil argentina. Mientras numerosos negocios bajan sus persianas, la compraventa de prendas usadas gana terreno como alternativa para consumidores con menor poder adquisitivo.
El comercio de indumentaria atraviesa un escenario complejo en la Argentina, marcado por la retracción de las ventas, las dificultades para sostener los costos de funcionamiento y la incertidumbre de quienes buscan iniciar un emprendimiento. En las principales zonas comerciales, la caída del consumo impacta sobre los negocios tradicionales y obliga a revisar estrategias para mantenerse en actividad. En paralelo, la ropa usada se consolida como una opción para quienes necesitan vestirse con presupuestos más ajustados.
Los indicadores comerciales de la Ciudad de Buenos Aires permiten dimensionar el fenómeno. Según el relevamiento del Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA), entre mayo y agosto de 2026 se detectaron 1.388 locales vacíos en 48 ejes comerciales, equivalentes al 10,7% de los 12.916 establecimientos relevados. Un año antes, la proporción era del 8,5%, con 1.100 locales desocupados. La diferencia representa 288 locales vacíos más en doce meses y evidencia el deterioro de la actividad en las calles comerciales. <Cite refs={[“turn248193search0″,”turn248193search2”]}/>
El sector de indumentaria, textiles y calzado aparece entre los más afectados por esta tendencia. Del total de 291 comercios activos menos que se registraron en esos corredores respecto del año anterior, 196 correspondieron a ese rubro. Esto significa que la ropa y el calzado explicaron aproximadamente dos tercios de la caída neta de establecimientos comerciales abiertos. El dato muestra que las dificultades no se limitan a marcas específicas: alcanzan a una parte importante de la actividad minorista vinculada con la vestimenta. <Cite refs={[“turn248193search0”]}/>
La crisis también alcanza a la producción nacional. De acuerdo con informes sectoriales difundidos en octubre, la actividad textil registró una contracción significativa durante 2026, afectada por la debilidad de la demanda interna y la competencia de productos importados. La Federación de Industrias Textiles Argentinas informó una caída acumulada del 22,6% frente al mismo período de 2025. La menor utilización de la capacidad productiva y la pérdida de puestos de trabajo agregan presión sobre fabricantes, talleres y comercios que dependen de la venta de prendas de origen nacional. <Cite refs={[“turn558796search0″,”turn248193search0”]}/>
En este contexto, abrir un local de ropa se vuelve una apuesta cada vez más difícil. Alquileres, servicios, salarios, impuestos y reposición de mercadería conforman una estructura de gastos que debe sostenerse incluso cuando las ventas no alcanzan los niveles esperados. Para los emprendimientos nuevos, el desafío consiste en construir una clientela y mantener precios competitivos sin comprometer la rentabilidad. Para los comercios que ya están instalados, la reducción de márgenes puede obligar a liquidar stock, achicar espacios o directamente cerrar sus puertas.
Al mismo tiempo, el mercado de ropa usada gana visibilidad y amplía sus canales de comercialización. Ferias, locales especializados, plataformas digitales y emprendimientos de compraventa permiten que las prendas tengan una segunda vida y que los consumidores accedan a productos por valores inferiores a los de muchas prendas nuevas. Algunas empresas de moda circular también comenzaron a instalarse en centros comerciales, combinando la venta con la recepción de ropa que los clientes ya no utilizan. La expansión del sector responde tanto a razones económicas como al interés por reutilizar productos y reducir desperdicios. <Cite refs={[“turn558796search2″,”turn558796search6”]}/>
Sin embargo, el crecimiento de la ropa usada presenta diferencias que es importante distinguir. La reutilización de prendas mediante circuitos locales de compraventa no es lo mismo que el ingreso de grandes volúmenes de ropa usada importada. Este último fenómeno genera cuestionamientos de representantes de la industria textil y especialistas ambientales, que advierten sobre la competencia con la producción nacional, la calidad de algunas prendas y las dificultades para gestionar los residuos textiles. Por eso, el debate involucra tanto el poder de compra de los consumidores como la protección del empleo, la producción local y los criterios de sostenibilidad.
La situación deja planteado un desafío para el comercio y la industria argentina: cómo sostener la producción y el empleo en un mercado donde muchas familias priorizan el precio y reducen sus gastos. El cierre de locales, las dificultades para poner en marcha nuevos negocios y la expansión de alternativas de segunda mano son expresiones diferentes de una transformación del consumo. La evolución de los ingresos, las ventas y las condiciones de competencia será determinante para saber si el sector consigue estabilizarse o si continúa perdiendo establecimientos y capacidad productiva.
Fuente: Agencia Noticias Argentinas, IDECBA y reportes sectoriales de la industria textil.



