Menos ingresos y más deudas: crece la preocupación por la morosidad de las familias argentinas

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El deterioro del poder adquisitivo y las dificultades para cumplir con los compromisos financieros profundizan los problemas económicos de los hogares. Los informes sobre el sistema crediticio muestran un aumento sostenido de los atrasos en préstamos personales, tarjetas de crédito y financiamiento mediante billeteras virtuales.

La caída de los ingresos y el aumento de la morosidad se consolidan como dos de los principales problemas económicos que enfrentan las familias argentinas. En un escenario de mayores dificultades para cubrir los gastos cotidianos, cada vez más hogares encuentran obstáculos para cumplir con las cuotas de sus préstamos, pagar los resúmenes de las tarjetas de crédito y mantener al día sus compromisos financieros. La situación refleja las tensiones entre los ingresos disponibles y el costo de sostener el consumo.

Los datos relevados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), a partir de información del Banco Central de la República Argentina (BCRA), muestran que la irregularidad crediticia aumentó de manera consecutiva durante 19 meses hasta mayo de 2026. En ese período, la morosidad de las familias con entidades financieras bancarias pasó del 2,5% registrado en octubre de 2024 al 12,3%. El incremento evidencia el deterioro de la capacidad de pago de los hogares que recurrieron al crédito para afrontar sus necesidades.

El problema también se extiende a las empresas, aunque con una intensidad diferente. Según el mismo relevamiento, la proporción de préstamos irregulares del sector empresarial llegó al 3% en mayo de 2026, frente al 0,7% registrado en octubre de 2024. Al considerar conjuntamente a familias y empresas, la morosidad bancaria del sector privado alcanzó el 7,6%, un nivel que el informe identifica como máximo de las últimas dos décadas. La evolución preocupa tanto por sus efectos sobre los deudores como por sus consecuencias para la actividad económica.

Entre las herramientas de financiamiento más afectadas aparecen los préstamos personales y las tarjetas de crédito. El informe de CEPA señala que ambos instrumentos concentraron el 73% del saldo irregular de los créditos familiares en abril de 2026, último mes disponible para ese desglose. Los préstamos personales registraron una tasa de mora del 14,9%, mientras que el incumplimiento en las tarjetas alcanzó el 12,5%. Estos indicadores reflejan las dificultades de numerosos hogares para sostener obligaciones asumidas en un contexto de ingresos limitados.

Las billeteras virtuales y otros proveedores no bancarios de crédito también muestran un deterioro significativo. De acuerdo con el relevamiento, la morosidad de las familias con estas entidades trepó al 29,6% en mayo de 2026, luego de ubicarse en el 7,3% en noviembre de 2024. La expansión de estas formas de financiamiento permitió ampliar el acceso al crédito, pero el incremento de los atrasos plantea interrogantes sobre la capacidad de pago de quienes recurren a ellas para cubrir gastos corrientes o refinanciar obligaciones anteriores.

El aumento de la mora tiene consecuencias que van más allá de las deudas impagas. Cuando una persona acumula atrasos, puede perder el acceso a nuevas líneas de financiamiento o enfrentar condiciones más restrictivas para obtener préstamos. A su vez, la necesidad de destinar una porción creciente de los ingresos al pago de intereses y cuotas reduce el dinero disponible para alimentos, alquileres, servicios, transporte y otros gastos esenciales. El resultado puede ser una cadena de dificultades que compromete la economía familiar durante períodos prolongados.

El deterioro de los ingresos aparece como un factor central en el diagnóstico elaborado por CEPA. El informe cuestiona las expectativas de una recuperación rápida del crédito y sostiene que una mejora de las condiciones financieras, por sí sola, no alcanza para resolver las dificultades de los hogares si no se recupera su capacidad de compra. En este escenario, la evolución de los salarios, el empleo y los gastos cotidianos será determinante para evaluar si las familias pueden regularizar sus deudas o si la morosidad continúa creciendo.

El panorama expone una tensión relevante para la economía argentina: el crédito puede ayudar a cubrir necesidades inmediatas, pero pierde su función de sostén cuando los ingresos no alcanzan para afrontar las obligaciones asumidas. La persistencia de los atrasos amenaza con limitar el financiamiento disponible y profundizar las restricciones al consumo. Por eso, el seguimiento de la morosidad constituye un indicador clave para medir las dificultades económicas de los hogares y las posibilidades de una recuperación sostenida de la actividad.

Con ayuda de La Nueva Mañana

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