Editorial de Verónica San Martín | Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos
Un argentino fue reelecto para conducir el cooperativismo mundial durante los próximos cuatro años. Sin embargo, la noticia tuvo una presencia muy limitada en los grandes medios de comunicación. Esa ausencia de visibilidad abre una pregunta que va más allá de una elección institucional: ¿por qué un movimiento que reúne a millones de personas y tiene un papel concreto en la economía mundial sigue ocupando un lugar tan pequeño en la agenda pública?
A mediados de septiembre, en Panamá, más de 1.500 representantes de organizaciones cooperativas de distintos continentes participaron de la Conferencia Global y de las asambleas generales de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI). Bajo el lema “Construyendo puentes: contribuciones cooperativas para un mundo en paz”, el encuentro puso en discusión algunos de los grandes desafíos de nuestro tiempo: desarrollo sostenible, inclusión social, cambio climático y futuro del movimiento cooperativo.
En ese marco, Ariel Guarco, presidente de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar), fue reelecto al frente de la ACI para un tercer mandato consecutivo, correspondiente al período 2026-2030. Fue, además, el único candidato a la presidencia.
¿Qué es la Alianza Cooperativa Internacional?
Para comprender la dimensión de esta elección es necesario conocer qué representa la ACI. Se trata de la organización que representa al movimiento cooperativo a nivel mundial y que articula a organizaciones de diferentes países y regiones.
Una manera sencilla de dimensionar su importancia es pensarla como un ámbito de representación internacional del cooperativismo, comparable —por su alcance dentro del movimiento— con lo que representan otros grandes organismos multilaterales para los Estados.
El cooperativismo reúne a millones de personas alrededor del mundo y constituye una forma de organización económica y social basada en principios como la cooperación, la participación democrática y la búsqueda de beneficios colectivos.
Por eso, que un argentino ocupe nuevamente la máxima conducción de esta organización no constituye solamente un reconocimiento individual. También supone una presencia argentina en los espacios internacionales donde se debate el futuro de la economía y del desarrollo.
Una presencia argentina que va más allá de la presidencia
La representación argentina en Panamá no se limitó a la reelección de Ariel Guarco.
Durante el encuentro, representantes de nuestro país renovaron y asumieron responsabilidades en diferentes espacios regionales e internacionales vinculados al movimiento cooperativo.
Entre esas designaciones se encuentra la de Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop, quien fue designado vicepresidente de la Asociación Internacional de Bancos Cooperativos.
Esta participación muestra que el cooperativismo argentino no está aislado de los debates internacionales. Por el contrario, cuenta con dirigentes y organizaciones que participan activamente en ámbitos donde se discuten políticas, modelos de desarrollo y el papel que pueden desempeñar las empresas cooperativas frente a los grandes desafíos globales.
Llevar otras ideas a los espacios internacionales
La importancia de esta presencia también radica en la posibilidad de incorporar otras perspectivas al debate internacional.
La ACI participa en distintos espacios y lleva las posiciones y preocupaciones del movimiento cooperativo ante organismos internacionales, incluyendo su trabajo en ámbitos vinculados con las Naciones Unidas.
Entre los objetivos del movimiento aparece también la necesidad de promover políticas que reconozcan y fortalezcan el modelo cooperativo y su aporte al desarrollo económico y social.
Esto adquiere especial relevancia frente a desafíos como la desigualdad, el acceso a servicios, el trabajo, el desarrollo sostenible y el cambio climático.
El cooperativismo plantea, desde su propia experiencia, que existen formas diferentes de organizar la producción, el trabajo, el consumo y las finanzas. Y que esas alternativas pueden ocupar un lugar en la discusión sobre el futuro económico y social.
La paradoja de la falta de visibilidad
Pero hay una paradoja que merece ser señalada.
Un movimiento con presencia internacional, integrado por millones de personas y con organizaciones que participan activamente de la economía real, continúa teniendo una presencia limitada en la agenda de los grandes medios de comunicación.
La reelección de un argentino al frente del cooperativismo mundial debería haber generado, al menos, una discusión pública sobre qué representa ese movimiento y cuál es su aporte a la sociedad.
Sin embargo, la noticia pasó prácticamente inadvertida para buena parte de la prensa tradicional.
No se trata solamente de reclamar mayor cobertura para una elección institucional. El problema de fondo es otro: qué temas llegan a la conversación pública y cuáles quedan relegados.
Cuando una parte importante de la sociedad se organiza alrededor de cooperativas, mutuales, empresas recuperadas, organizaciones de la economía social y otras experiencias solidarias, resulta necesario que esas realidades también formen parte del debate sobre el modelo económico.
Una economía con las personas en el centro
El cooperativismo tiene algo para decir sobre la economía real.
Tiene algo para decir sobre el trabajo, sobre la producción, sobre el acceso a servicios y sobre la manera en que las comunidades pueden organizarse para resolver necesidades concretas.
También tiene algo para decir sobre el desarrollo. Frente a modelos que colocan la rentabilidad como único criterio, el cooperativismo propone incorporar otras dimensiones: participación, solidaridad, democracia económica y bienestar colectivo.
Por eso, la discusión sobre el cooperativismo no debería quedar restringida a sus propios espacios institucionales.
¿Qué lugar queremos que ocupen las personas en la economía? ¿Cómo producimos? ¿Cómo distribuimos? ¿Cómo generamos trabajo? ¿Cómo construimos desarrollo sostenible?
Son preguntas que atraviesan al conjunto de la sociedad.
Contar lo que otros no cuentan
La reelección de Ariel Guarco al frente de la ACI es, en ese sentido, una oportunidad para volver a poner al cooperativismo en el centro de la conversación.
No solamente por la importancia de que un argentino ocupe una posición de liderazgo internacional, sino porque detrás de esa representación existe un movimiento que sostiene experiencias concretas de organización económica y social en diferentes partes del mundo.
Si esa discusión no aparece con fuerza en los grandes medios, resulta todavía más necesario contarla.
Porque visibilizar al cooperativismo también significa visibilizar otras formas posibles de producir, trabajar y construir desarrollo.
Y en un mundo atravesado por desigualdades, crisis económicas, desafíos ambientales y transformaciones profundas del trabajo, discutir esas alternativas no es una cuestión secundaria. Es, también, discutir qué sociedad queremos construir.
Verónica San Martín | Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos



