El diputado chileno Javier Olivares Avendaño generó una fuerte reacción al afirmar que las Islas Malvinas “son inglesas” y compararlas con el Estrecho de Magallanes. La declaración vuelve a poner sobre la mesa una disputa histórica que atraviesa la relación entre Argentina, Chile y el Reino Unido.
Una frase pronunciada por un diputado chileno volvió a encender la sensibilidad argentina en torno a la cuestión Malvinas. Javier Olivares Avendaño sostuvo públicamente que “las Falklands son inglesas” y utilizó esa afirmación como comparación para defender la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes. La declaración rápidamente comenzó a circular en redes sociales y medios argentinos, donde fue recibida como una provocación en un tema que para la Argentina constituye una política de Estado.
La expresión no fue una simple referencia geográfica. Olivares estableció deliberadamente un paralelismo entre dos cuestiones territoriales históricas de enorme sensibilidad en el Cono Sur: la disputa argentina por las Islas Malvinas y la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes. Al decir que las Falklands son inglesas y que el Estrecho es chileno, el legislador planteó una comparación que inevitablemente generó rechazo en sectores argentinos, especialmente por tratarse de un representante institucional de un país vecino.
La posición argentina sobre las Malvinas es conocida: el país sostiene que las islas, ocupadas por el Reino Unido desde 1833, forman parte de su territorio y reclama el inicio de negociaciones diplomáticas para resolver la disputa de soberanía. La cuestión fue además atravesada por la guerra de 1982, conflicto que dejó una profunda huella en la sociedad argentina y convirtió a Malvinas en uno de los principales símbolos de la identidad nacional.
Del otro lado, el Reino Unido sostiene su administración sobre las islas y utiliza la denominación Falkland Islands. La disputa permanece abierta en el ámbito internacional y constituye uno de los principales conflictos de soberanía pendientes de América Latina. Por eso, que un legislador de otro país de la región adopte públicamente la posición británica y describa a las islas como “inglesas” resulta especialmente controvertido para la Argentina.
La segunda parte de la frase de Olivares es igualmente significativa. El diputado utilizó el Estrecho de Magallanes como término de comparación para sostener que, del mismo modo que —según su planteo— las Malvinas son británicas, el estrecho pertenece a Chile. La referencia remite a una larga historia de delimitación territorial entre Argentina y Chile y a la importancia estratégica del paso marítimo que conecta los océanos Atlántico y Pacífico.
El episodio también vuelve a mostrar cómo las cuestiones de soberanía pueden convertirse rápidamente en instrumentos de discusión política. Una declaración individual de un legislador no constituye por sí misma una modificación de la política exterior de Chile ni representa necesariamente la posición oficial del Estado chileno. Precisamente por eso, resulta importante diferenciar las palabras de Olivares de una eventual postura institucional del gobierno chileno respecto de la cuestión Malvinas.
Olivares Avendaño es un diputado chileno que llegó a la Cámara de Diputados para el período legislativo 2026-2030 y pertenece al Partido de la Gente. Antes de ingresar a la política tuvo una extensa trayectoria como periodista y conductor de televisión y radio, incluyendo trabajos desarrollados en Estados Unidos. Su perfil mediático contribuyó a que la declaración tuviera una rápida repercusión fuera del ámbito parlamentario.
La polémica, en definitiva, excede una frase aislada. Malvinas continúa siendo para Argentina una reivindicación de soberanía sostenida en el tiempo, mientras que cualquier referencia externa que legitime la posición británica suele generar una inmediata reacción política y social. En este caso, la controversia suma además una comparación con el Estrecho de Magallanes, introduciendo una cuestión territorial chilena en un debate que tiene una enorme carga histórica para ambos países. La frase de un diputado puede no modificar ninguna frontera, pero sí alcanza para reabrir viejas heridas y poner nuevamente a la soberanía en el centro de la discusión regional.
Fuente: Página 12



