Crisis en la pesca: más de 40 barcos están paralizados en Mar del Plata y crece la preocupación por el empleo

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El sector pesquero atraviesa un escenario crítico en Mar del Plata. Empresarios y trabajadores advierten que la pérdida de rentabilidad, el atraso del dólar y el aumento de los costos dejaron a una parte importante de la flota sin actividad. Hay más de 40 embarcaciones afectadas y crece la preocupación por el futuro de miles de puestos de trabajo.

La actividad pesquera atraviesa una situación de fuerte tensión en Mar del Plata, uno de los principales centros de la industria pesquera argentina. Desde el sector advierten que más de 40 barcos permanecen amarrados o paralizados, en un escenario marcado por la caída de la rentabilidad y por costos que, según empresarios y trabajadores, hacen cada vez más difícil sostener las operaciones. La situación amenaza con profundizar el impacto sobre una cadena productiva que incluye no solamente a los tripulantes, sino también a plantas procesadoras, talleres, proveedores y actividades vinculadas al puerto.

Uno de los principales factores señalados es el atraso del tipo de cambio. La pesca es una actividad que exporta buena parte de su producción, pero al mismo tiempo tiene una estructura de costos significativa en dólares y otros gastos que aumentaron durante los últimos meses. El resultado, según las advertencias del sector, es una ecuación económica cada vez más difícil de sostener para determinados segmentos de la flota.

El problema adquiere especial dimensión en Mar del Plata porque el puerto concentra una parte importante de la actividad pesquera nacional. La presencia de decenas de embarcaciones sin salir al mar refleja, para los trabajadores y empresarios, una crisis que ya no aparece solamente como una dificultad puntual de determinadas empresas, sino como un problema que puede extenderse a toda la cadena productiva. Fuentes locales describen una situación en la que los muelles permanecen cada vez más cargados de barcos que no encuentran condiciones económicas favorables para volver a operar.

De acuerdo con los datos difundidos por referentes del sector, más de 40 embarcaciones forman parte de la flota que atraviesa esta situación, mientras que al menos 22 ya se encontrarían directamente amarradas sin posibilidades de salir a pescar. La diferencia entre ambas cifras responde a que no todos los barcos afectados se encuentran necesariamente en la misma situación operativa. El dato central, sin embargo, es que una parte significativa de la flota costera permanece fuera de actividad.

La parálisis también genera preocupación por el impacto laboral. Cada barco moviliza una estructura de trabajadores y proveedores que depende directamente de que las embarcaciones puedan operar. Cuando una nave queda amarrada, el problema no termina en la tripulación: también repercute sobre las plantas de procesamiento, el transporte, los servicios portuarios, los talleres navales y numerosos comercios que dependen del movimiento generado por la actividad pesquera.

El escenario vuelve a poner sobre la mesa una discusión más amplia sobre el modelo económico y productivo. Para el sector, la actividad necesita condiciones que permitan recuperar competitividad y sostener las exportaciones sin que el costo termine recayendo sobre los trabajadores. El reclamo aparece además en un contexto en el que distintas ramas de la economía vinculadas al comercio exterior vienen planteando dificultades para sostener sus márgenes frente a una estructura de costos que consideran elevada.

En Mar del Plata, el problema adquiere además una dimensión social y territorial. La pesca forma parte de la identidad económica de la ciudad y sostiene una extensa red de actividades directa e indirectamente relacionadas con el puerto. Por eso, la acumulación de barcos amarrados no representa solamente una imagen de menor movimiento portuario: es también una señal de alarma para trabajadores, empresas y sectores comerciales que dependen de que la actividad vuelva a recuperar ritmo.

La crisis pesquera vuelve así a colocar en discusión una pregunta que excede al propio sector: qué políticas necesita la Argentina para sostener una industria exportadora sin destruir empleo ni dejar fuera de actividad a parte de su flota. Mientras los barcos permanecen amarrados y las empresas enfrentan una ecuación cada vez más compleja, trabajadores y empresarios esperan respuestas que permitan evitar que la crisis se profundice y termine trasladándose con mayor fuerza al empleo y a las economías locales.

Fuente: Página 12

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