Claudio Boada, presidente de la Unión de Usuarios y Consumidores: “El sobreendeudamiento es consecuencia de que no alcanza para comer”

Deudas Familiares
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

El titular de la entidad advirtió sobre el creciente endeudamiento de los hogares y explicó cómo la pérdida de poder adquisitivo lleva a muchas familias a financiar con tarjeta gastos básicos como alimentos, productos de limpieza e higiene.

El sobreendeudamiento de las familias se convirtió en una de las principales señales del deterioro de la economía de los hogares. Ya no se trata solamente de personas que recurren al crédito para realizar una compra extraordinaria o darse un gusto: cada vez más consumidores utilizan las tarjetas para poder afrontar gastos esenciales.

Así lo planteó Claudio Boada, presidente de la Unión de Usuarios y Consumidores de la República Argentina, quien puso el foco en la relación entre los ingresos de las familias, el aumento sostenido de los precios y la necesidad de recurrir al financiamiento para cubrir las necesidades cotidianas.

El sobreendeudamiento es la muestra de lo que pasa en las economías de cada casa”, sostuvo Boada al analizar la situación que atraviesan numerosos hogares.

Según explicó, el fenómeno que observa desde la organización de usuarios y consumidores no está vinculado principalmente con gastos extraordinarios. Por el contrario, muchas de las personas que llegan con problemas de endeudamiento utilizan el crédito para cubrir necesidades básicas.

“No es consecuencia de que saliste a comprarle ropa a todos los chicos, no es consecuencia de que te fuiste a turistear, no es consecuencia de que te compraste una motito”, señaló. Y resumió el problema con una definición contundente: “Es consecuencia de que no te alcanza para comer”.

Del supermercado a la tarjeta de crédito

Boada explicó que cuando habla de consumo de alimentos se refiere a las compras habituales de cualquier familia: el supermercado, el almacén de la esquina o el comercio del barrio.

En esos lugares, señaló, se concentran buena parte de los gastos vinculados con alimentos, productos de limpieza e higiene personal. A ellos se suman servicios esenciales como la electricidad y, para quienes cuentan con ese servicio, el gas.

En ese sentido, remarcó que acceder a estos bienes y servicios no constituye un lujo, sino que forma parte de las necesidades básicas de cualquier hogar.

El problema aparece cuando los ingresos no acompañan el incremento de esos gastos.

“Al no tener un sueldo acorde para financiar sus gastos necesarios todos los días, la financia con la tarjeta”, explicó Boada al describir el mecanismo mediante el cual muchas familias comienzan a acumular deuda.

El círculo del pago mínimo

El presidente de la Unión de Usuarios y Consumidores de la República Argentina también describió una dinámica que puede llevar rápidamente al sobreendeudamiento.

En una primera etapa, la tarjeta de crédito permite financiar las compras cotidianas que el salario ya no logra cubrir.

Luego, cuando llega el resumen, el ingreso disponible no alcanza para cancelar el total de la deuda y el consumidor comienza a pagar solamente el mínimo.

A partir de allí, explicó Boada, la deuda empieza a acumularse.

“En una segunda etapa la persona empieza a pagar solamente los mínimos porque no le alcanza, o sea, va acumulando deuda”, señaló.

El proceso puede profundizarse cuando los pagos mínimos aumentan progresivamente y una porción cada vez mayor de los ingresos queda comprometida para afrontar obligaciones anteriores.

“Cuando vos pagás solo el mínimo de una tarjeta, te van aumentando, aumentando, aumentando mes a mes”, explicó.

Una señal de la economía de los hogares

Para Boada, el sobreendeudamiento debe analizarse como un indicador de lo que ocurre dentro de las economías familiares.

La discusión, por lo tanto, no puede limitarse a cuánto deben los consumidores, sino también a por qué necesitan endeudarse.

Cuando el crédito se utiliza para financiar un viaje, una compra extraordinaria o un consumo planificado, cumple una función diferente a la que adquiere cuando se utiliza para comprar alimentos o productos indispensables para la vida cotidiana.

En este último caso, el endeudamiento aparece como una consecuencia de la insuficiencia de los ingresos.

Boada también vinculó esta situación con la evolución de los precios. Según señaló, aunque la inflación haya reducido su ritmo respecto de otros períodos, los aumentos continúan impactando sobre los presupuestos familiares, tanto en alimentos como en servicios y transporte.

El resultado es una presión constante sobre el bolsillo que obliga a muchas familias a recurrir al crédito para sostener consumos que antes podían afrontar con sus ingresos.

Cuando la tarjeta deja de ser una herramienta y se convierte en una necesidad

El planteo de Boada permite observar una transformación preocupante en los hábitos de consumo: la tarjeta de crédito deja de funcionar como una herramienta para organizar determinados gastos y comienza a utilizarse para completar un ingreso que resulta insuficiente.

La consecuencia es un círculo en el que cada mes se necesita más financiamiento para afrontar las mismas necesidades.

Menos poder adquisitivo, más utilización del crédito, mayores saldos pendientes y una creciente dificultad para cancelar las deudas.

Desde la perspectiva de los usuarios y consumidores, el desafío pasa entonces por mirar el fenómeno más allá de las cifras financieras.

Porque detrás de cada resumen de tarjeta hay una familia y detrás de cada deuda acumulada existe una decisión que muchas veces no surge del consumo excesivo, sino de una necesidad mucho más elemental:

llegar a fin de mes.

Scroll al inicio